Bienvenido a la jungla

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¿Qué pasaría si juntáramos en un solo juego toda la acción del cine de los noventa, un entorno paradisiaco y la mayor contundencia visual? Pues Ubisoft quiere respondernos a eso, con su nuevo Far Cry 3.

Hablar de Far Cry es hacerlo de un juego de acción en primera persona ambicioso y profundo. Uno de esos títulos que pretende aunar en un mismo lanzamiento libertad de acción y un desarrollo cañero y lleno de momentos espectaculares al más puro estilo de las películas de Stallone o Dolph Lundgren. Un equilibrio que no siempre resulta fácil de conseguir. En esta ocasión, Ubisoft intenta aprovechar la experiencia lograda en las dos primeras entregas para ofrecer la entrega definitiva. Al menos en esta generación de consolas…

Por lo que hemos visto hasta el momento, Far Cry 3 empezará dando caña. Sus primeros minutos serán ya de por sí un atropello de disparos, golpes y situaciones de vida o muerte que nos meterán en situación. Sin saber muy bien cómo, estaremos de nuevo en una isla tropical caribeña, abandonando los parajes africanos del anterior capítulo. Pero no viviremos lo que se dice unas vacaciones exóticas, ni mucho menos. En la isla (o archipiélago, no sabemos aún) de Far Cry 3 nos toparemos con un grupo de dementes (no se les puede llamar de otra manera) que estarán sembrando el caos y el desconcierto entre los lugareños. Acciones tan entretenidas como arrojar gente por un acantilado o disparar civiles serán su entretenimiento diario.

Así que, nuestro objetivo estará muy claro: hacerles frente y, de paso, sobrevivir para contarlo. Vamos, que no parece que Far Cry 3 nos vaya a sorprender con argumentos profundos ni historias llenas de suspense. Aquí la acción triunfará sobre todo lo demás. Así de sencillo.

Pero que nadie se confunda. Este concepto directo no será sinónimo de simplismo, ni mucho menos. De hecho la complejidad del juego será lo que le diferencia de sus anteriores entregas. Aunque la isla en la que nos moveremos será nuestro patio de recreo, todo lucirá “vivo” y lleno de matices. Es decir, que los enemigos, los entornos o los vehículos no estarán a nuestro alrededor esperando felizmente a que aparezcamos, sino que se comportaran de forma muy independiente. Esto creará una sensación de realismo e inmensidad que antes no habíamos experimentado en ningún Far Cry.

Y hablando de inmensidad, lo cierto es que los escenarios también serán más grandes que nunca (que ya es decir) y más variados. Estos servirán para camuflarnos, tender trampas a los enemigos o atacarlos de manera sigilosa. De hecho el sigilo cobrará protagonismo en esta secuela, sobre todo por un detalle importante: la inteligencia artificial de los enemigos se está cuidando sobremanera. Ubisoft quiere que todo funcione de maravilla y sea creíble, y al parecer lo está logrando.

Aunque esta sensación de libertad no lo será todo. Los juegos de acción actuales, empezando por el todopoderoso Call of Duty, también han influido en los desarrolladores, y eso se notará desde los primeros minutos de juego. En Far Cry 3 encontraremos escenas muy cinematográficas, momentos intensos -y obligados- que nos hagan sentir como en un film de Hollywood.

Por lo demás, volveremos a contar durante el desarrollo con un montón de armas y vehículos a nuestra disposición, y a conocer personajes de lo más variados. Empezando por el jefe de nuestros enemigos, un peligroso perturbado con unas ideas muy raritas de lo que significa la ética. No os desvelamos más para que lo descubráis vosotros mismos.

Primera impresión

Far Cry 3 se asoma en el horizonte como la mejor entrega de esta reputada serie. Volveremos a un entorno selvático, como en el original, pero para enfrentarnos esta vez a un peligroso grupo de locos. De nuevo el sigilo y la libertad de acción estarán presentes, lo mismo que los tiroteos y el uso de vehículos, pero también los pasajes cinematográficos cobrarán una mayor importancia. En definitiva, que estamos ante el que puede ser el juego soñado para los amantes de las emociones fuertes, la acción intensa y eso de disparar primero y preguntar después.

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