Impresiones de A Plague Tale: Innocence – Brutalidad y tensión en una historia de hermanos

Asobo Studio firma un juego al que no debemos perder la pista.

A Plague Tale Innocence Hugo y Amicia

A Plague Tale: Innocence tiene algo que resulta familiar, pero nunca deja de sentirse distinto. Puede que sea por su estructura, por las mecánicas que construyen el esqueleto de su gameplay o por la ambientación que le da sentido, el medievo europeo. Lo nuevo de Asobo Studio, publicado por Focus Home Interactive, entró en nuestros radares hace ya tiempo, con un apartado visual que apuntaba maneras y, sobre todo, por ese enorme despliegue de ratas por pantalla. Ver a 5.000 de estas criaturas en acción nos pilló a todos por sorpresa, pero no por lo que supone a nivel gráfico y técnico, sino por la brutalidad que supone su presencia.

Lo grotesco y el exceso en la muerte son dos conceptos que van de la mano de los dos hermanos que llevan el peso de la trama en A Plague Tale: Innocence, y son precisamente lo que más nos ha atraído en todo momento, junto con un guion que ha tardado en dejarse ver, pero que siempre ha tenido suficiente contundencia como para dejar huella incluso en aquellos primeros tráilers en los que ni siquiera sabíamos de qué iba la cosa. Pero esa idea de la muerte, insistimos, es la que más nos ha mantenido pegados a la pantalla por perspectiva desde la que se trata y por cómo siempre tiene capacidad de impactar, a pesar de que esté siempre presente.

Hemos podido jugar los primeros episodios de este videojuego en su versión para PC, y creednos cuando os decimos que no debéis quitarle el ojo.

Cuando la religión y la enfermedad te persiguen

La historia de A Plague Tale: Innocence nos lleva al siglo XIV en Francia y al seno de la familia De Rune. Después de un arranque en el que Asobo Studio aprovecha para presentar varias de sus mecánicas y también al personaje al que controlamos, Amicia De Rune, en lo que parece un idílico paseo por el campo, el juego no tarda demasiado en comenzar a demostrar el tono que tiene, jugando a la vez con los dos principales contrastes que hay en él. La vida y la muerte chocan constantemente, de la misma forma que la exuberancia y belleza de la naturaleza con la frialdad, la oscuridad e incluso la suciedad de la ciudad en una época que pasó a los anales de la historia por una de las epidemias más peligrosas que han azotado Europa, la peste bubónica.

A Plague Tale Innocence Hugo y Amicia 2

Ese contraste se percibe a los pocos minutos de empezar, con una muerte que no vamos a adelantar para no destripar nada (pero que nos dolió mucho más que otras posteriores, así somos) y que comienza a cambiar por completo el tono de toda la aventura. Amicia se ve forzada poco después a cuidar de Hugo, un hermano que es para ella un completo desconocido y que tiene una enfermedad realmente extraña, mientras huye del que ha sido su hogar por el ataque de la Inquisición, que arrasa con prácticamente todo lo que la rodea.

De la tranquilidad de un paseo por el campo a sesiones de infiltración y de huida. Los dos hermanos tienen que cooperar para seguir con vida mientras tratan de buscar algo con lo que intentar remediar o simplemente entender la enfermedad del pequeño Hugo, en una Francia que está comenzando a ser completamente destruida por una epidemia arrasadora.

«La vida y la muerte chocan constantemente, de la misma forma que la exuberancia y belleza de la naturaleza con la frialdad, la oscuridad e incluso la suciedad de la ciudad.»

Más vale maña que fuerza

Infiltración y persecución son las dos situaciones más frecuentes en este juego, o al menos en las primeras horas a las que hemos podido tener acceso. Hugo y Amicia no son luchadores y no tienen medios para combatir, salvo una honda de la hermana mayor, que se convierte en nuestro principal medio de interacción con el entorno, así que hay que hacer uso de la astucia para sobrevivir en todo momento, y más aún cuando un solo impacto implica morir. Las escapadas por callejones estrechos de las pequeñas aldeas francesas han sido una constante en esta toma de contacto que hemos tenido y, lejos de resultar tediosas, siempre han conseguido mantener un buen ritmo y tensión.

Ayuda en ese sentido el hecho de que no absolutamente todo sea huir, porque en estas horas también ha habido lugar para puzles e incluso combates contra jefes. Los enemigos armados, el sigilo, el cuidado de nuestro hermano pequeño, la confianza en él en los momentos más complicados y la búsqueda de la luz son los factores que se han ido hilvanando y entrelazando en todo momento durante nuestra partida, haciéndonos entender que la fórmula que hace especial a A Plague Tale: Innocence no es su manejo del ritmo en las persecuciones o su destreza en los momentos de combate, sino su capacidad para unir todas las piezas para no volverse monótono.

Todo esto, realmente, podría expresarse fácilmente, explicando cómo en realidad lo único que buscas al jugar es la forma de seguir adelante para, en nuestro caso, buscar a un médico para el infante que nos acompaña. En este recorrido comenzamos por huir de personas, pero acabamos conociendo a la auténtica amenaza real, más allá de la Inquisición: las ratas.

A Plague Tale Innocence Hugo y Amicia Ratas

Tardan algo en aparecer, pero es porque Asobo Studio se guarda el as para dejar que su llegada deje huella. Tras vencer a tu primer jefe, mucho después de acabar con tu primer enemigo en una secuencia que remarca la brutalidad de lo que acabas de hacer, cómo impacta en Amicia, estos roedores llegan para cosechar otra vida humana, y de la forma más dura posible. Alimentadas por la oscuridad (la luz las espanta y se convierte en tu principal ayuda), aparecen en cantidades y se llevan por delante cualquier ser que haya, incluso a ti, obligándote a ingeniártelas para saber cómo avanzar en salas infestadas de estos seres.

Es con la aparición de este nuevo enemigo cuando A Plague Tale: Innocence comienza a mostrar su verdadera naturaleza. Es una de las últimas piezas que encajan en el puzle de mecánicas de este juego, donde también hay sitio para un sistema de progresión y mejoras que no nos parece demasiado acertado. Pararte en un momento complicado a buscar recursos para mejorar la honda y hacer más daño, o mejorar tu capacidad de inventario, rompe bastante la dinámica y el ritmo del juego. Aunque tampoco podemos dejarnos atrás que, a pesar de todo el realismo que se quiere mostrar, el misticismo también hace acto de presencia para cambiar las cosas. El cómo lo hace y el cuándo lo hace nos lo reservamos.

Un relato que queremos seguir

A Plague Tale Innocence Amicia

Más que todo esto, uno de los puntos que nos ha sorprendido de la obra de Asobo Studio es su despliegue a nivel audiovisual. Dejando a un lado un doblaje que no funciona tan bien como nos gustaría, como también unas expresiones faciales que necesitan un poco más de pulimento; el conjunto de A Plague Tale: Innocence es brutal en todos los sentidos de la palabra. Puede resultar asqueroso cuando se lo propone, pero también hermoso. Sus juegos de luces, el uso de color y el tratamiento de los entornos te meten de lleno en su mundo, te hacen temer por la vida de Amicia y Hugo como si fueran la tuya y la de tu hermano. Cuando imaginábamos a la Francia de la época, la imaginábamos así.

La conjugación de sus mecánicas y, sobre todo, la propuesta central de todo, son lo que más ha hecho que mantengamos a A Plague Tale en nuestros radares y queramos seguirlo más de cerca todavía. No podemos negar que nos entrara por los ojos, pero tampoco que, cuando nos metimos en la piel de Amicia y vivimos la tensión de despistar a unos guardas, de combatir contra alguien que podía matarnos de un solo golpe, o de movernos entre miles de ratas buscando una forma de sobrevivir, descubrimos que queríamos saber qué ocurrirá con estos dos hermanos.

Por desgracia, tendremos que esperar un poco más. A Plague Tale: Innocence se estrena el 14 de mayo de 2019 en PlayStation 4, Xbox One y PC, así que seguiremos con el alma en vilo un poco más hasta que podamos saber cómo se perfila el camino que tienen por delante los De Rune.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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