Impresiones de Radical Heights – Battle Royale con extra de laca y neones

 

 

Boss Key Productions necesita resarcirse. El equipo liderado por Cliff Bleszinski, más conocido por CliffyB, debe levantar la cabeza tras el varapalo de LawBreakers y pegar en el mercado con algo que tenga gancho, que sea potente, que logre captar la atención de un público determinado (ese mismo que no supieron atraer con su Hero Shooter). 

Después de haber firmado gran parte de la trilogía original de Gears of War, o incluso de haber engendrado una de esas joyitas tan longevas como Jazz Jackrabbit, es completamente lógico que el estadounidense, ahora cabeza de estudio, haya puesto la maquinaria a trabajar al 200% para dar forma a Radical Heights. Esta es la apuesta de Boss Key después de no haber conseguido lo que pretendía con su primera y gran obra, algo que nos llega en un estado incluso anterior a lo prematuro, gestado en unos 5 meses de desarrollo y al que le quedan muchas aristas por cubrir; pero que posee lo suficiente como para convertirse en uno de los grandes dentro del recientemente renacido Battle Royale.

Sí, estábamos dispuestos a probarlo con mucho más pesimismo que optimismo, sobre todo viendo lo que estaba inundando las redes tras el anuncio oficial y el estreno del Early Access; pero no podemos negar que hay algo de “mojo”, que sus responsables han sabido analizar rápidamente lo que ha hecho grande a juegos como PlayerUnknown’s Battlegrounds y a Fortnite Battle Royale, desgranarlo, pulverizarlo y añadir un poco de su toque personal para darle un mayor atractivo. Aunque lo escondan tras luces de neón, colores chillones, peinados tan horteras como los monos que visten los personajes y el constante ruido y fervor de los espectadores del TV show al que te traslada el juego.

Con un toque muy ochentero, Radical Heights abraza el subgénero Battle Royale, aunque con un toque a medio camino entre la guasa y lo peliculero. Para empezar, todo forma parte de una especie de espectáculo de televisión repleto de cancioncillas, cánticos del público y un presentador que comenta cada nueva baja, cambio de área o novedad que llegue al campo de batalla.

La primera partida, ya de por sí, es una continua sorpresa. Para empezar, la sala de espera es un lugar donde saltar entre trampolines o intentar hacer cabriolas con las BMX que hay disponibles, único vehículo que puedes manejar durante la partida. Cuando esta empieza, además, no hay ni autobuses voladores ni paracaídas, tu combatiente se tira al campo de batalla a pecho descubierto, como un buen héroe de acción de los 80.

Cuando ya pisas tierra firme, ves que la fórmula Battle Royale está más que presente, pero también te das cuenta de que no sigue los mismos esquemas que el resto. Sí, el vencedor sigue siendo el último, o los dos últimos (si juegas por equipos), que queden en pie. Pero ni el camino se hace de la misma forma ni las mecánicas son tan clónicas como se podría pensar.

Y es que, para empezar, hay un sistema de cajeros y tiendas que te permite empezar con algo de armamento para no ir corriendo como un pollo sin cabeza. El camuflaje aquí es algo a descartar, sobre todo viendo los chillones ropajes de los personajes; por eso, la solución más acertada es precisamente la realizada por Boss Key, facilitar el acceso rápido a las armas.

A medida que vences a otros jugadores, dejan dinero y objetos que puedes recoger. Este dinero puedes gastarlo en los diferentes puestos para conseguir armamento de todo tipo, o bien guardarlo en un cajero para que, en otra partida, puedas sacarlo y hacer una compra de urgencia. Por supuesto, sigue estando la posibilidad de conseguir armas que encuentres por ahí, pero la búsqueda no se premia tanto como en otros títulos de corte similar, aquí el enfoque tiende más a estas compras.

¿Puede suponer una ventaja para aquellos que ahorren mucho? Es posible; pero también hay que tener en cuenta, como nos ha pasado más de una vez, que puede haber alguien esperando a que gastes ese dinero que has sacado y matarte justo al momento de recibir el arma. Podría parecer algo que desequilibrara la partida para aquellos con más tablas y dinero ahorrado; pero puede romperse por completo si te pillan desprevenido.

Otro punto a favor es el abandono del “cierre de zona”. En Radical Heights el campo de batalla no pasa de ser un lugar amplio a uno reducido, las áreas de combate se van alternando en la cuadrícula que subdivide a todo el mapeado. En cuestión de segundos puedes pasar de una zona válida a una que no lo es, obligándote a desplazarte a cualquier sector para seguir jugando. Es un matiz diferente y que, la verdad, le da una variedad más interesante.

En cuanto al funcionamiento del gunplay no vamos a profundizar demasiado por dos motivos: el primero, queda mucho por pulir; el segundo, lo visto, va mejor de lo esperado. Aunque sí tenemos que hacer mención de otra incorporación interesante, y es que hay pequeños minijuegos repartidos por cada escenario que te otorgan pequeñas recompensas. Jugarte caer en batalla por superarlos es cosa tuya, pero la sensación de cruzar la línea de meta en el mejor tiempo con tu bicicleta mientras te disparan es algo tremendamente satisfactorio.

Las bicicletas son otro fichaje más para la fórmula de Radical Heights. Aunque de momento parecen algo limitadas en cuanto a posibilidades, ayudan a desplazarse más rápido por todo el mapa y salir de algún que otro aprieto con cierta facilidad. Necesitan, eso sí, algo más de pulimento en cuanto a los controles, aunque este es algo que hace falta en prácticamente todo el juego.

De hecho, hay muchísimo por mejorar en este salto al battle royale de Boss Key Productions. Para empezar, la optimización del juego, y para terminar, prácticamente todo. Por supuesto, no podemos centrarnos en criticar este aspecto porque hablamos de algo realizado en menos de medio año, que puede funcionar sin venirse abajo en cuestión de segundos y que, para colmo, logra entretener bastante más de lo que parece. Creednos, vale la pena darle una oportunidad y, sobre todo, ver cómo evoluciona. Puede que esta vez CliffyB y los suyos logren dar en el blanco.

Radical Heights es un juego rodeado de prejuicios y al que su tempranísimo lanzamiento puede pasarle factura. Tiene varios problemas de optimización y funcionamiento que deben ser reparados cuanto antes para quitarse cualquier lastre y poder centrarse en lo realmente interesante, mejorar su jugabilidad.

Para los que lleven tiempo metidos en el mundillo de los Battle Royale, puede ser una sorpresa; para los que no los han probado nunca, el efecto es el doble. Trajes ajustados, colores chillones, ambientación totalmente televisiva y el afán de sobrevivir frente a cualquier amenaza. Un cóctel que parece la otra cara de la moneda con respecto a lo visto en LawBreakers y que demuestra que, si quieren, pueden buscar la forma de sacar punta a las bases de un subgénero que está calando en el público profundamente.

Ahora, solo les queda seguir siempre hacia adelante y mejorando. Si logran escuchar a la comunidad y construir algo sólido, puede que estemos ante un serio competidor frente a los titánicos PlayerUnknown’s Battlegrounds y Fortnite. El tiempo nos dirá, aunque de momento las partidas ya nos han demostrado que hay mucho potencial para divertirse con Radical Heights.
 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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