Velocidad por los cinco sentidos

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Después de un crowdfunding largo, de continuos contactos con la comunidad a la que se debe desde su base hasta su cima, Project CARS comienza a tomar forma realmente, dispuesto a su puesta en marcha. Simulación, velocidad y potencia gráfica se dan la mano para conformar algo más que un título de carreras: una experiencia ante un volante que, siendo ficticio, casi no lo parece.

Slightly Mad Studios es un claro ejemplo de aquel manido refrán que dice aquello de “quien la sigue, la consigue”. De escasos recursos y naturaleza modesta, este equipo de trabajadores apenas contaba con su experiencia en el desarrollo de juegos de conducción como el mal recibido Need For Speed: Shift y con muchas ganas de hacer algo muy grande. Por ello, en un ya lejano 2011, comenzaron con su crowdfunding en una época en la que no era tan conocido este tipo de financiación. A pesar de ello, lograron triunfar, conseguir los recursos económicos suficientes y ponerse manos a la obra.

Tres años después, y a falta de unos pocos meses para que se ponga a la venta, estos británicos siguen esforzándose por hacer de Project CARS algo más que un título de conducción. Por hacer una auténtica experiencia, donde la única diferencia con la realidad sea nuestra visualización del entorno a través de una pantalla.

Para ir calentando motores de cara al próximo año, vamos a hacer un repaso por las principales características de este trabajo. Así que repostad e id preparando quinta porque nos vamos enseguida. ¡Venga! ¿A qué esperáis?

Lo primero que hay que decir antes que nada, ya que es la base en la cual se sustenta este Project CARS, es que no estamos ante un juego de conducción al uso. Acostumbrados a los trabajos tipo arcade, aquellos que prueben este juego notarán una diferencia más que notable desde el principio: estamos ante un simulador. Esto se traduce en un software exigente, en el que nuestra labor a los mandos será sensiblemente más variada y complicada que presionar el gatillo del motor y direccionar nuestro vehículo.

Un simulador de conducción supone una auténtica prueba ante un coche, casi como si estuviéramos manejando uno real. Con sus salvedades, claro está. Pero en líneas generales, por concretar un poco más, esto implica que deberemos tener en cuenta el entorno en el que nos movemos, la temperatura del motor así como otros aspectos desde el mismo instante en el que nos ponemos el cinturón en un transporte real.

Todo lo comentado va encaminado hacia una misma dirección: una dificultad más elevada de lo normal. No sirve ir a la máxima velocidad y estamparnos contra una valla si nos place. Una actuación imprudente nos puede costar algo más que un par de segundos de diferencia con el competidor que se aprovecha de nuestro rebufo. La frontera constante de los chicos de Slightly Mad Studios es la de la simulación más realista, que tanto echarán de menos los más acérrimos seguidores de la velocidad y que tanto puede echar para atrás a los más noveles. Al menos, en primera instancia.

Salvando esta premisa inicial, casi de seguro que resultará atractivo a la mayor parte de jugadores, ya que han participado en su producción cientos de personas. No hablamos de trabajadores en sí, sino de aquellos que han ayudado en su financiación y han enviado su feedback a la firma, comentándoles lo que veían oportuno mejorar o incluir en las diversas etapas de las versiones alpha cada vez que las iban probando. Al haberse puesto en contacto tan constantemente con los jugadores, estos desarrolladores han tenido la oportunidad más que suficiente de pulir las esquinas más oscuras y sacar brillo a sus mejores bondades. No en vano decíamos que la comunidad de jugones ha ayudado a su elaboración no sólo a nivel económico, sino a la hora de darle forma.

Con la intención de que todos ellos disfruten, se ha trabajado duro para que estén disponibles hasta un total de 60 vehículos diferentes a repartir entre varios tipos como karts o Fórmula 1. No estamos ante el número más alto visto en el mercado, pero si ya de por sí son más que suficientes, hay que añadir que las raíces humildes del proyecto han imposibilitado ya no sólo incrementar esta cifra, sino el poder pagar algunas de las licencias oficiales. A pesar de ello, las recreaciones de todos están muy bien logradas, dando la impresión de tratarse de auténticas copias reales a las que les faltan meramente la etiqueta con el nombre de la marca original. Este caso se extrapola a los circuitos, que rondan los 40, superando, esta vez sí, con creces a otros grandes referentes del género. En ellos nos encontraremos con más de lo mismo: la mayoría de las pistas son reales, a las que se les han hecho pequeñas modificaciones para no costear las grandes marcas que ello supondrían. Algunas son inventadas, por lo que la imaginación también tiene su parcela en lo que a escenarios se refiere.

El realismo no se limita a lo jugable, apartado en el que ahondaremos aun más a continuación, sino que también en lo que tenemos ante nuestros ojos. A lo largo de nuestras competiciones, en los recintos en los que disputemos por la copa se podrá hacer de día y de noche, con auténticos ciclos en tiempo real. No hay mucho que decir al respecto, ya que los que tengan el carné lo sabrán de sobra: ponerse al volante cuando el sol se ha ido no suele ser especialmente agradable. La oscuridad se vuelve dueña y soberana de cada kilómetro de asfalto y se pueden poner las cosas feas en algunas curvas mal señalizadas o realmente pronunciadas. Además, tanto en el alba como en el anochecer, los destellos más intensos del astro rey pueden llegar a cegarnos, por lo que nuestra habilidad a los mandos será tan esencial como realista la situación que estamos viviendo.

Para mejorar la situación, la climatología no falta a la cita y también funciona en tiempo real. Estamos pues ante la posibilidad de precipitaciones que nos obliguen a activar el limpiaparabrisas, una visibilidad reducida y un mayor riesgo de derrapes y descontrol de la máquina. Si estamos circulando sobre alquitrán mojado, deberemos extremar las precauciones para hacer de nuestra carrera algo seguro. Esto afecta en la jugabilidad de lleno, ya que habrá que estar más pendiente de nuestro estilo a la hora de correr con lluvia, ya que estaremos ante una situación más peligrosa.

Como estaréis comprobando en todo momento, estamos ante un control exquisito, pero sobre todo riguroso y severo, que requiere de la concentración del jugador en todo momento. Las condiciones del entorno no serán las únicas que afectarán en nuestras partidas, ya que el manejo de un kart se diferencia palpablemente al de otro tipo de coches de carreras, por lo que deberemos practicar para ser los mejores en todas las modalidades sin excepción.

Aunque en un principio no estará disponible, más adelante podremos sumergirnos más de lleno en el juego todavía gracias a la implementación tanto de Oculus Rift en PC como de Project Morpheus en PlayStation 4. La realidad virtual es la guinda de un pastel ya de por si apetitoso, que nos hará creer que somos auténticos competidores. Si utilizamos estas gafas, nos situaremos en el cuerpo del conductor, viendo todo lo que sucede a nuestro alrededor en primera persona. Esto se traduce en que deberemos tener en cuenta pequeños útiles como los espejos retrovisores o el interior de la cabina para poder hacernos con la victoria.

Todos estos factores son determinantes a la hora de transmitir realismo, pero si vemos polígonos extraños y unos escenarios pobres, toda la magia transmitida por el mando se pierde por la vista. Agraciadamente, no es este el caso. A la persecución y búsqueda constante de unos gráficos fotorrealistas, se suma una tasa de 60 imágenes por segundo y una resolución de 1080p, por lo que estamos ante un auténtico motor capaz de mover todo lo que se ve. La presencia de numerosas cámaras (cabina, parte superior y trasera entre otros) también hará las delicias de los amantes de este género y permitirá que los gráficos reluzcan por sí solos.

IMPRESIONES: Project CARS quizás no haya tenido la repercusión mediática de la que han disfrutado otros grandes del género y no es de extrañar. Primero, por lo modesto de su origen y creación. Segundo, por la simulación por la que apuesta. Estamos en un momento del videojuego en el que los simuladores de conducción no son ni tan prolíficos ni tan queridos como antes, pero quizás este trabajo cambie en algún punto esta apreciación. Jugabilidad constantemente variable, diferentes premisas que cambian nuestra actitud ante el pad y escenarios repletos de realismo (que además afectan a nuestra conducción según su clima o franja horaria) es lo que nos encontraremos con este trabajo. A falta de probar el producto final, consideramos que no gustará a todos por su alto nivel de exigencia, pero que aquellos que les apasione la idea o crean oportuno darle una oportunidad probablemente no se arrepientan. Como conducir un coche con el pad. Así que precaución, conductor.

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