Érase una vez el espacio

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La ambición de Chris Roberts, creador del mítico Wing Commander, es casi tan vasta como el propio cosmos en lo que se refiere a Star Citizen. Un MMO espacial con libertad casi total es el anhelo. ¿Llevan sus buenas intenciones órbita de colisión con el planeta Decepción o va camino de brillar en el firmamento de los simuladores?

Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Un dicho que bien se podría aplicar a los juegos que triunfan en sus campañas de financiación por Kickstarter. Algo tendrá un proyecto cuando logra captar el interés de los que serán sus usuarios, pero cuando ese proyecto supera una recaudación de más de 35 millones de dólares es que realmente se está tocando una tecla. Hay una fórmula que cuanto menos es atractiva para los jugadores y hace que se ilusionen. Y desde luego también ayuda que detrás haya un nombre de peso.

Chris Roberts es un programador que tiene la culpa de muchas horas de vicio frente a la pantalla del PC. Su campo de acción ha sido la simulación de combates espaciales, y es que Roberts parece sentirse como pez en el agua en la carlinga de una nave que surque las estrellas. En sus dos series más famosas, Wing Commander y Privateer, nos lanzamos a otros mundos en mitad del vacío insondable para vivir aventuras en mitad del cosmos, coincidiendo además con un momento de auge de la temática espacial en el que ya fuera a través de simuladores, de juegos de estrategia o de los llamados “4X in space” íbamos conquistando la galaxia poco a poco.



Tras un periodo de inactividad en el que ha puesto sus miras en el cine, Roberts vuelve a la carga y viene con un plan debajo del brazo. Un plan que si cristaliza como es debido dará a los jugadores lo que su creador considera que puede ser la experiencia definitiva en lo que a juegos del espacio se refiere. Un título en el que podríamos embarcarnos a bordo de nuestra propia nave para llevar a cabo diversas carreras. Ya fuera como piratas espaciales, como traficantes, como soldado o como cada cual prefiera, ya que la idea del proyecto es que no haya limitaciones, tampoco de clases. Que cada cual haga lo que buenamente quiera hacer. Que sean auténticos ciudadanos de las estrellas.

El propósito de Star Citizen desde su gestación ha obedecido a las intenciones de su creador de no querer hacer “un juego de consolas”, sino de crear una clase de juego con una experiencia solo posible en los ordenadores personales. “Es algo que podrás enseñar a tus amigos que jueguen con consolas y hacer que les caiga la baba”, decía Roberts en su declaración de intenciones. Y eso vendría de la mano de un juego multijugador masivo online en un mundo persistente en el que cualquier aventura puede tener lugar. Un jugador puede llevar a cabo la actividad que quiera realizar y amasar riqueza para adquirir alguna de las muchas naves disponibles en el juego. Y algunas de ellas son enormes, lo suficiente como para poder albergar, a su vez, otras naves más pequeñas de otros aliados. Pero además, según afirmó su creador, cada parte móvil de estas naves estaría animada para dar mayor realismo y subir un nivel técnico hasta cotas astronómicas gracias al CryEngine 3.



Por el lado de las batallas, parece que estaremos un tanto apretaditos aún en la inmensidad del espacio. Star Citizen aspira a dar cobijo en sus disputas a entre 60 y 100 usuarios, que no es en absoluto moco de pavo. Pero no todo en Star Citizen será guerrear a golpe del haz de partículas que toque. El juego incluirá un completo sistema de economía con el que, como se ha comentado antes, podremos ir prosperando , además de estar abierto a las modificaciones y los objetos creados que la comunidad quiera aportar. Otra de las actividades que podrán llevarse a cabo será la de lanzarnos a explorar el espacio, pudiendo encontrar puntos de salto que nos permitan movernos más rápidamente por el espacio entre dos puntos concretos.

No obstante, si preferimos no jugar online y prescindir de la compañía de semejantes, Star Citizen incluirá un modo offline con una campaña en la que nos situaremos con nuestro vehículo estelar en la primera línea de la defensa contra los “bárbaros”, algo que Roberts define como una experiencia de juego más del estilo de Wing Commander, y que una vez completada nos dará vía libre para hacer lo que nos venga en gana.

A priori, el mayor enemigo de Star Citizen puede ser el propio Star Citizen, y sobre todo la sombra de la ambición del mismo Roberts. Sus intenciones son buenas, pero recientemente hemos sabido que el módulo de combate del juego, el primero que iba a estar disponible, va a sufrir un retraso debido a la finalización de alguno de sus componentes. Es una tarea titánica la que Roberts tiene en mente y que nos permitiría detalles como el poder movernos en gravedad cero fuera de nuestra nave o el poder contar con una tripulación de manera que cada uno ocupase un puesto diferente, es decir, un piloto, un artillero, etcétera. Todo esto supone lidiar con mil y un factores que pueden hacer que la calidad del producto acabe por resentirse.



Lo cierto es que sobre el papel, Star Citizen pinta muy bien y sobre todo muy interesante para los usuarios de PC, que además podrán usar Oculus Rift en sus viajes espaciales para saber qué se siente al estar ahí arriba. Podría ser la gran réplica a EVE Online, pero ahora mismo es una incógnita. Una que ofrece garantías, pero que también pide paciencia y, sobre todo, fe. No obstante, el proyecto está en buenas manos y el capital no es nada desdeñable. Esperemos tener pronto nuevos indicios jugables ya terminados para poder hacernos una idea de este ambicioso juego.

Impresiones: Todo lo que promete Chris Roberts en Star Citizen suena genial. Y desde luego sería casi como un sueño hecho realidad especialmente para los fans que empezaron a aficionarse a su PC con los juegos de temática espacial de los noventa. Insuflar nuevo aire a un género es algo que siempre es loable, y por ello deseamos que los plazos den una tregua a Roberts y su equipo y podamos ver resultados pronto.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:
 

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