Cara a cara con los infectados

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Probamos la nueva aventura de Naughty Dog en las oficinas de Sony y te contamos de primera mano cómo evoluciona el juego.

Viernes por la tarde en Madrid, arrecia el mal tiempo. Mientras cruzamos el céntrico Paseo de la Castellana la lluvia y el viento parecen presagiar el fin del mundo. Un marco casi perfecto para probar un juego como The Last of Us, donde la esperanza parece ser algo muy escaso.

Llegamos a las oficinas de Sony apenas pasadas las cinco y, sin esperas, nos ponen a probar una demo de su nueva aventura. Aún se trata de una versión sin pulir, pero ya muestra todo lo que puede dar de sí el futuro lanzamiento.

La demostración da comienzo en una ciudad en ruinas. Lo primero que a uno le viene a la cabeza puede ser Soy Leyenda o, marcando las distancias, el infravalorado Enslaved. Pero a diferencia de en estos casos, en The Last of Us todo tiene un carácter más dramático, como sacado de The Walking Dead. Todavía no sabemos por qué, pero nos da la impresión de que algo nos acecha. No tardaremos en confirmarlo.

Un enorme socavón en mitad de la calle nos impide avanzar. Es entonces cuando los tres personajes que protagonizan la aventura en ese momento tienen que buscar una ruta alternativa. Nosotros manejamos a Joel, mientras que la jovencita Ellie y otra superviviente se comportan con bastante naturalidad a nuestro lado de manera totalmente independiente.

Buscamos un camino a seguir y parece que hemos de pasar por un cochambroso edificio para poder continuar adelante. Este sin duda va a ser uno de las grandes virtudes de The Last of Us, su diseño de niveles. El juego (o al menos la demo a la que tuvimos acceso) parece bastante lineal, pero eso no quita para que lo camufle de maravilla. La exploración es absolutamente necesaria para descubrir por dónde hemos de avanzar.

También la cooperación, puesto que a los pocos minutos hemos de ayudar a nuestras compañeras a trepar por un muro. Después ellas nos devuelven el favor.

Una vez dentro del edificio, nos encontramos con la segunda característica del título: los infectados. No sabemos del todo qué o quiénes son estas criaturas, pero está claro que podrían pasar perfectamente por zombis. Se comportan de forma prácticamente animal y acechan en lugares concretos de los escenarios.

 

 

En nuestro recorrido los encontramos de dos tipos. Los primeros, prácticamente humanos, eran más fáciles de eliminar, pudiendo atacarlos por la espalda y dejarlos inconscientes. O también terminar con ellos de un tiro en la cabeza. Los segundos, en cambio, presentaban una mutación en la cara (como una costra, para entendernos) que los hacía más duros.

En cualquier caso, en The Last of Us las armas parecen la opción menos recomendable. Estos infectados parecen pulular en grupo, y el más mínimo ruido o luz llama su atención. Por eso parece mucho más sensato avanzar de forma sigilosa. Por los escenarios encontramos botellas y otros objetos con los que podemos distraerlos. Los arrojamos lo más lejos posible y mientras husmean a ver qué ha ocurrido, avanzamos.

En este primer acercamiento al juego tanto los enemigos como nuestras compañeras se comportaban de forma muy convincente. El juego transmite realismo, y es por eso por lo que en todo momento nos encontramos en tensión. Incluso sin ser una aventura de terror como tal.

Por el camino encontramos todo tipo de útiles objetos: baterías para la linterna, botiquines, botellas, cinta adhesiva, etc. Con ellos podemos crear distintos ítems, como por ejemplo cócteles explosivos. Algo bastante oportuno, ya sea para distraer a los enemigos o directamente para dejarlos achicharrados.

También hay balas para la pistola e incluso para escopeta, pero se cuentan con los dedos de una mano. La primera vez que tenemos que avanzar por las entrañas del edificio (lleno este de infectados) lo intentamos por las malas. Claro error. The Last of Us no está pensado para ser un shooter. No tenemos ni munición ni resistencia suficientes como para hacer frente a todos los malos.

En lugar de eso preferimos permanecer en silencio. Apretando uno de los gatillos podemos además “escuchar” y así entrever dónde están situados los enemigos. Una vez estudiados sus movimientos, nos ponemos en marcha agachados y sin ser vistos. Gracias a la oscuridad pasamos desapercibidos hasta llegar a una zona segura.

Durante el juego también hay puzles, aunque todos los que vimos parecían consistir en interactuar con elementos de los escenarios. Justo al final de la demo, ya en el exterior del nivel, tenemos que saltar por encima de un camión. Para poder lograrlo primero tenemos que entrar en otro edificio, acabar con los dos enemigos que hay allí y arrastrar un mueble hasta el exterior. Es solo un ejemplo.

No tardan en aparecer más enemigos, esta vez alarmados por el ruido que hemos hecho al abrir un cierre. Ahí justo termina la demo, dejándonos con la miel en los labios.

Primera impresión. Salimos de las oficinas de Sony bastante satisfechos. The Last of Us no es el primer juego tipo “Soy Leyenda” con el que nos encontramos, pero sí una gran superproducción con una jugabilidad muy pulida. Es evidente el esfuerzo que los autores de Uncharted están haciendo para crear una experiencia realmente emocionante y divertida.

Fuera la lluvia continúa. 

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Película: Soy Leyenda de Francis Lawrence

Serie: The Walking Dead de Fran Darabont

Documental: La Tierra sin Humanos de David de Vries

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