El protector de los cielos

La última gran epopeya de Wii se acerca cada vez más. Link protagonizará una aventura épica con la que pretende revolucionar la saga Zelda. Acción, aventuras, fantasía y un control que aprovechará al máximo Wii Motion Plus.

Con Nintendo 3DS intentando hacerse un hueco en el mercado, y WiiU asomando por el horizonte, da la impresión de que los días de Wii tocan a su fin. Pero eso no quiere decir que la veterana consola no nos tenga aún alguna que otra alegría preparada. Y entre ellas se encuentra el nuevo Zelda Skyward Sword, un ambicioso título que todos sus seguidores esperan con ilusión.

El renacer de la magia
Decimos ambicioso, porque Link protagonizará una aventura muy distinta a todas las vistas anteriormente. Bueno, en algunos aspectos, claro, en otros seguiremos estando ante un Zelda en toda regla. Pero será mejor empezar por el principio: su argumento. Skyward Sword comenzará en el reino de Skyloft, un lugar celestial situado entre las nubes, donde los días pasarán con más paz que emociones fuertes. Al menos así será hasta que un día el bueno de Link encuentre algo que cambie su destino: la Skyward Sword. Con este espada, el personaje podrá descender de su mundo conocido para descubrir otro lugar más interesante, aunque lleno de peligros. ¿Adivináis cómo se llamará? Eso es, Hyrule. Un reino gobernado por la oscuridad cuyo futuro pasará por nuestras manos.

Y nunca mejor dicho. Porque Skyward Sword tendrá en su control una de sus mayores innovaciones. El juego hará uso obligado del periférico Wii Motion Plus, con el cual pretende crear una experiencia de los más envolvente. Para hacernos una idea, durante la aventura, el mando de la consola será un reflejo constante de la espada de Link. ¿Conseguirá al fin Nintendo la precisión no lograda en otros juegos? Así lo pretenden los desarrolladores, quienes no han dudado en asegurar que su intención es “crear un título que marque un antes y un después, y sirva de inspiración a muchos otros”. Lo dicho, un proyecto no poco ambicioso.

Gracias a este control, se dará un nuevo concepto a los combates. No solo podremos pegar en todas las direcciones inimaginables a los enemigos, sino también realizar ataques especiales y, en definitiva, tener un control absoluto sobre los movimientos de Link. Además, esto permitirá que para vencer a muchos jefes finales tengamos que llevar a cabo golpes específicos, logrando así una experiencia más compleja y exigente.

Pero su manejo no será la única revolución conceptual que traerá consigo el juego. Skyward Sword también quiere, según sus propios desarrolladores, cambiar el estilo de los escenarios de la saga. ¿Cómo? Pues sustituyendo las ya clásicas mazmorras por lugares con más posibilidades y menos pasillos. Es decir, abandonando la ya conocida mecánica de ir superando habitaciones y puzles, para crear zonas más amplias, conectadas y abiertas. Para ello, Link estará más en forma que nunca. Será más rápido, hábil y espabilado que en entregas anteriores, aunque también se cansará. Vamos, que el título ganará en posibilidades. Lo mismo que los diálogos, que ahora nos dejarán responder varias cosas distintas durante los mismos. No parece que esto vaya a influir mucho en la aventura, eso sí, por lo que se obtendrá una variedad más estética que argumental.

El deseado equilibrio entre la esencia de la saga más pura y las novedades se reflejará sin ir más lejos en los protagonistas. Por ejemplo Zelda estará presente en la aventura, sí, pero no ya como princesa, sino como una amiga de Link de la infancia, con al que tendrá una emotiva relación. Igualmente también conoceremos muchos otros personajes nuevos, como un pájaro que será nuestro más fiel compañero.

Con todos estos alicientes, está claro que Skyward Sword es el Zelda más esperado en mucho tiempo, y una cita imprescindible para los usuarios de Wii. En primer lugar, por los cinco largos años que han pasado desde el último, y en segundo por lo prometedor que resulta. ¿Conseguirán todas las ideas que Nintendo ha propuesto para el juego encajar correctamente? De ser así no nos cabe la menor duda de que estaremos ante algo grande. Saldremos de dudas el próximo 18 de noviembre.

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