La isla de los secretos

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Jonathan Blow es un tipo atípico dentro de la industria del videojuego. Dentro de la escena independiente quizás desentone menos, pero desde el momento en que se puso a trabajar rodeado de los grandes llamó mucho la atención. Se dio a conocer en 2008 con el estupendo Braid, y a punto está ya de completar el desarrollo de The Witness, su segunda obra.

Antes de entrar a valorar cualquier cuestión interna del juego, lo primero que hay que destacar de él es su extenso ciclo de producción. No es habitual que uno de corte indie esté seis años en desarrollo. De hecho no lo es ni si quiera para los comerciales ni las grandes compañías. Sin embargo este lleva esperando llegar al mercado desde que se anunció en 2009.

La fiebre indie que iniciaron Braid y a un puñado de buenos juegos más fue aprovechada por el desarrollador para anunciar que estaba inmerso en un nuevo juego fechado para dos años después. Sin embargo han tenido que pasar otros cuatro más para que vea la luz. Fue anunciado inicialmente para Xbox 360 y PlayStation 3, pero a medida que su desarrollo se iba expandiendo y la relación con Microsoft se enfríaba, Jonathan se acercaba más a Sony. Finalmente, vio la posibilidad de lanzarlo en la nueva consola japonesa y ha centrado sus esfuerzos en optimizarlo para el sistema y para PC, olvidándose de los de Redmond.



Si el anterior conseguía estrujar la mente del jugador para resolver los puzles, este promete no ser muy diferente. The Witness es un videojuego bastante experimental que mediante una cámara en primera persona sitúa al jugador en una isla salvaje. Blow ha reconocido en numerosas ocasiones que Myst, el clásico de los '90 para PC, le marcó mucho durante su juventud, y es por eso que se nota una enorme influencia de aquel. Es más, dice que ha tratado de hacer lo que le hubiera gustado que fuera Myst, cambiando lo que él creía que se podía hacer de otra manera.

Una cosa de esas que no le gustan es lo que suelen llamar el "pixel hunting", que traducido literalmente sería la caza del píxel, y que hace referencia a esas situaciones, habituales en las aventuras gráficas, en las que el jugador se encuentra ante un escenario en el que no sabe qué es interactivo y qué no, así que se dedica a hacer clic por toda la pantalla hasta que al final encuentra aquello que era accionable.

Para luchar contra ello, lo primero que ideó fue un mundo abierto en el que en cada rincón haya algo que hacer y que fuera intuitivo. La clave de la isla de The Witness es la densidad, ya que tampoco será excesivamente grande, en unos minutos se puede llegar de una punta a la otra. Esta densidad deseada fue también una de las causas del cambio de generación.

Más de 600 puzles poblarán la isla haciendo una aventura bastante dispersa en cuanto a su desarrollo. Si el jugador da con uno que no es capaz de resolver, puede dejarlo e ir a por otro en cualquier momento. Todos ellos tienen dos elementos en común. El primero es que todos tienen forma de laberinto. Según dice su creador, quiso simplificarlos al máximo y se le ocurrió la idea de hacerlos con esa forma. Después quiso saber cuántas cosas podía hacer con ellos y experimentó.



El segundo elemento es que van acompañados de un panel explicatorio, y siempre se escribieron estas líneas antes que pensar en el puzle en sí. Hay puzles más simples y más complejos, y por eso unos llevan paneles con una línea o dos, y otros tienen hasta dos párrafos de explicación.

The Witness será un juego desafiante. Jonathan Blow sabe que no es para todos los jugadores, que habrá un número de ellos que se echen para atrás ante los puzles, pero dice que no le tiene miedo. Según sus estimaciones, completarlo puede llevar hasta "80 horas, o 100 en algunos casos". Esto será por una parte debido a la gran cantidad de pruebas, y en otra a ciertos puzles que según él "solo conseguirán resolver un 1% de los jugadores".

Este juego es el anti-Nintendo, ha llegado a decir. "Nintendo tiene que poner una pequeña hada que te sigue y te dice todo lo que tienes que hacer todo el tiempo. Esto es justo lo contrario. Es más como el original The legend of Zelda, que no te dice nada".

A los que ya han probado su juego les ha pedido que no expliquen las mecánicas ni cómo se resuelve ningun acertijo, así que no han trascendido demasiado. Al igual que tampoco se sabe mucho de su historia, si es que llega a tenerla. Tan solo ha dado algunos apuntes: "The Witness tratará sobre esa transición que ocurre en tu cabeza desde que estás confuso hasta que comprendes la situación". No obstante, ya queda menos para poder probarlo y descubrir todo lo que tiene para ofrecer esta colorida y enigmática isla.

Rubén García.

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IMPRESIONES: The Witness es una propuesta mucho más ambiciosa por parte de Jonathan Blow que Braid. Puede quedar en un experimento o puede ser de nuevo un referente en su género, pero si los enigmas que plantea son tan buenos como los que deja caer su creador cuando habla del juego, seguramente no defraudará. Sus seis años de desarrollo aseguran un título cuidado al detalle.

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

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