Épica Titánica

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"Este es mi Titán, hay otros muchos, pero éste es el mío, mi Titán es mi mejor amigo y es mi vida, tengo que dominarlo igual que me domino a mí mismo, sin mí, mi Titán no sirve, sin mi Titán yo tampoco sirvo, tengo que acertar con mi Titán, tengo que disparar a dar al enemigo que quiere matarme, tengo que darle antes que me de a mí, lo haré, esto que digo, lo juro ante Dios, mi Titán y yo somos los defensores de mi patria, dominamos a nuestros enemigos y salvamos nuestras propias vidas, así sea, hasta que no haya enemigos o haya paz. Aquí mi Titán, aquí mi pistola una da tiros, la otra consuela. "

Estamos convencidos de que si Kubrick viviera ahora en esta época en la que tenemos fascinación por las mechas gigantes, los habría incluido seguro en La Chaqueta Metálica. 

Tras estos momentos de humor (o lo que sea), vamos a meternos en harina. Este fin de semana (bueno y esta semana también), en AlfaBetaJuega nos sumamos al campo de batalla al que seguro estuvo enganchando todo poseedor de una Xbox One y muchos usuarios de PC: la beta del esperadísimo Titanfall.

Y después de horas y horas de matanza tanto a pie de piloto como montados en el Titán podemos daros un avance más profundo y empezar a confirmar algo: muy diferente tendría que ser la versión final del juego para que no estemos ante uno de los títulos del año, pues está cumpliendo sobremanera todas las altísimas expectativas que teníamos con él.

Por si no pudisteis probarlo o decidisteis pasar unos años en un monasterio tibetano y ahora volvéis con ganas de jugar a la consola, os explicamos pormenorizadamente.

Titanfall es la primera obra de un estudio de reciente formación, Respawn, y ya desde su presentación inicial acaparó todos los premios posibles y todo el mundo comenzó a seguirle la pista. Pese a ser un estudio nuevo, Respawn nace del núcleo duro de Infinity Ward, los creadores de Call of Duty e impulsores de la saga Modern Warfare, por lo que algo saben de lo que es crear experiencias multijugador (que es de lo que va exclusivamente Titanfall).

Titanfall consiste en batallas en línea de dos equipos de 6 jugadores humanos por bando más un buen puñado de bots que van cayendo constantemente en el campo de batalla. La particularidad del juego (una de muchas, vaya) es que los jugadores humanos son pilotos y tenemos la capacidad de, cada cierto tiempo, llamar a nuestro Titán, un mecha gigante con una enorme capacidad destructiva.

El desarrollo de una partida normal, en un modo clásico como duelo por equipos, es la siguiente: nos lanzamos desde una nave al campo de batalla. En ese momento vamos corriendo por todo el escenario en busca del equipo rival mientras esperamos a que nuestro Titán se termine de construir (unos dos minutos, aunque depende).

Nos liamos a tiros contra el equipo rival que nos dará puntos (más si matamos pilotos, menos si matamos bots) y nos irá restando tiempo en la fabricación del Titán por cada muerte.

Una vez construido nuestro Titán, podemos invocarlo y nos vendrá caído del cielo (o si nos matan en el momento en el que se ha construido el Titán, podemos salir directamente lanzados con el Titán al campo de batalla).

Una vez en el Titán, nuestra capacidad de destrucción es enorme y seremos altamente peligrosos para los enemigos de a pie, pero tendremos que andar con mucha cautela puesto que el equipo rival también puede invocar Titanes y los enfrentamientos entre ellos son como un choque de trenes.

La lucha sigue hasta que uno de los equipos alcanza una puntuación determinada y se declara victorioso para uno de los bandos. Y aún así, aquí la partida tampoco ha terminado pues toca el momento de la evacuación.

En la evacuación contaremos con una única vida y nuestro objetivo será bien distinto dependiendo de si somos los machacas o han apaleado a nuestro equipo. Si hemos perdido, tendremos que ir corriendo como alma que lleva el diablo, hasta un punto de extracción, esperar a una nave que va a llegar y huir de la guerra. Si no nos matan, ni nos destrozan la nave de huida, ganaremos bastantes puntos de experiencia que nos vendrán de rechupete para subir de nivel.

Si somos el equipo que gana, ya os podéis imaginar: vamos de cacería hasta exterminar al equipo rival. El momento de la evacuación es el broche de oro a unas partidas ya de por sí completas y variadas y le da un toque de verismo y de tensión a las batallas que le va muy bien.

Como podéis ver, el desarrollo de las partidas es bastante variado en situaciones y momentos y es todavía más variado puesto que los pilotos cuentan con diferentes clases (que son muy pero que muy diferentes entre sí) y también contamos con diferentes tipos de Titanes: aunque en la beta solo estaba Atlas, este modelo ya tenía un montón de variedades dependiendo del armamento que cargara y de las habilidades especiales que le seleccionáramos.

Y es que dentro de las clases de pilotos, por ejemplo, en la beta pudimos experimentar hasta con tres combinaciones muy diferenciadas (a parte de poder hacernos alguna que otra custom).

Para que os hagáis a la idea, cambia radicalmente si llevamos una metralleta, que nos permitirá un combate a media, larga distancia, a que si cargamos con la escopeta, que nos obligará a jugar en corto y ser muy pero que muy ágiles haciendo parkour (sí, se puede hacer parkour, otra de las grandes señas de identidad del juego); o si llevamos la clase asesino, que carga una pistola de apuntado automático la mar de curiosa, pero que tarda mucho en cargar (por lo que en los enfrentamientos frontales siempre perderemos, pero seremos brutales si pillamos a los enemigos desprevenidos).

Cada clase, insistimos, nos obliga a jugar de maneras distintas, pero con todas ellas deberemos aclimatarnos a la genial propuesta del parkour de Titanfall. Y es que, en Titanfall, escondernos en una posición o guardar la cobertura durante demasiado tiempo va a suponer nuestro suicidio asistido  puesto que las batallas se desarrollan a varios niveles de altura, hay muchas formas de acceder a la misma zona por diferentes vías y métodos y, por supuesto, la potencia de fuego es variable pues depende de si hay Titanes en juego o no.

De esta manera, Titanfall es una oda a las batallas frenéticas y épicas, pero en todo momento sabemos exactamente lo que estamos haciendo puesto que el número de jugadores por equipo es el idóneo. Además, la inclusión de bots ha sido una idea brillante, pues nos ayuda a estar siempre conectados a la partida matando enemigos y va a ser la forma de que los no experimentados con los shooter multijugador le cojan cariño al género pues siempre vamos a terminar matando gente al final de un encuentro (cosa que no siempre pasa si no llevamos horas con títulos de esta índole).

Este juego compensado también se traduce en que hasta siendo pilotos podemos enfrentarnos a un Titán sin necesidad de pilotar uno. Y es que los pilotos llevan armas antititanes y podemos ser un gran apoyo ante un Titán aliado. Pero no solo: ya que podemos saltar sobre el Titán para hacer un ataque Rodeo e infligir mucho daño al mecha. Por supuesto, el mecha tiene habilidades especiales para repeler este ataque y si no las tiene, el piloto puede bajar del Titán y asestarnos un tiro, pero ya se expone él a morir y además pierde un tiempo muy valioso de destrucción con el mecha.

De momento lo dejamos aquí y ya nos extenderemos más aún y haremos los juicios de valor pertinentes cuando toque el análisis de Titanfall. Pero yo que vosotros iría ahorrando de cara a marzo.

Impresiones: Con la punta del iceberg que se ha podido probar en la beta ya podemos aventurar que Titanfall va a ser uno de los juegos del año pues su espectacularidad, accesibilidad y enorme variedad a la hora de afrontar las batallas y modos no tiene parangón. No hay nada ni remotamente parecido a Titanfall y la sensación a los mandos tanto de nuestro piloto como nuestra mecha, es una de esas experiencias jugones que hay que vivir. Las expectativas son altas y de momento, Titanfall las está cumpliendo escrupulosamente.

Néstor García
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No te quedes solo en el juego

  • Una película: Pacific Rim, de Guillermo del Toro
  • Una manga-anime: Ghost in the Shell, de Masamune Shirow

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