La reconquista del mundo

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Nos las prometíamos muy felices la primera vez, pero los alienígenas han resultado ser más duros de lo pelar de lo que pensábamos. La humanidad pasa sus peores horas en XCOM 2, todo lo contrario que los los jugadores, que nos podemos ir frotando las manos porque nos espera una nueva y emocionante batalla.

Julian Gollop, tienes el cielo ganado. Si no hubieses nacido habría que inventarte para que pudieras mostrarnos cómo se hace un videojuego de estrategia táctica. Tenías que legar al mundo obras maestras como Rebelstar, Laser Squad o X-COM, sí, el del guión en medio, porque es justo y necesario. Son juegos de otra pasta, que da igual que aparecieran en sistemas de 8 o de 16 bits. Si el buen licor es el que sabe envejecer, los buenos juegos son los que en plena era de Internet, de los móviles de múltiples núcleos y de pantallas de resoluciones demenciales aún nos despiertan las mismas emociones que el primer día. Y aún así, los tiempos cambian y muchos de los éxitos de ayer claman por una segunda juventud en el mundo de hoy. No muchos remakes cumplen con su propósito, pero por suerte para nosotros, XCOM: Enemy Unknown no solo fue una brillante puesta al día, sino que dió pie a su propia leyenda por segunda vez.

XCOM no era un calco de aquel UFO: Enemy Unknown que conocimos por estos lares, y ni falta que hacía. No cuando uno puede simplemente jugar al original. Lo que hizo XCOM fue tomar su mitología y presentar su propia historia, una más enfocada a la narración de una trama y con un sentido mucho más cinematográfico que su predecesor. Fue, en pocas palabras, un videojuego de invasiones alienígenas para el siglo XXI. Y cuando pensábamos que el listón estaba demasiado alto, su expansión XCOM: Enemy Within nos dió más. Ahora, la invasión vuelve a presentarse en el horizonte y no tenemos ningunas ganas de que venga en son de paz. Queremos que la vuelva a liar bien liada, y todo apunta a que así va a ser.



Veinte años han pasado desde el primer contacto con los alienígenas, y la verdad, como hemos podido ver ya en los tráilers y materiales promocionales, no nos ha ido muy bien. Con gente que viaja de planeta en planeta para buscar bronca uno no se puede confiar, y lo cierto y verdad es que las primeras secuencias y la misión introductoria de XCOM 2 le pone a uno los vellos como tornillos de rosca chapa, especialmente si disfrutó de su predecesor como un sectoide abduciendo ganado. XCOM 2 va muy en serio, y ya queda bien claro desde su mismo inicio que, a pesar de que el juego pueda resultar algo más colorido y con más detalle gráfico que su anterior entrega, no quita para que su tono sea más crudo y sombrío. Es en esos primeros momentos en los que uno piensa “¡Tate, la que hay liada!” cuando el juego empieza a marcar terreno e incluso a llega a abrumar un poco. Entonces llega un viejo conocido para tomarnos de la mano: su mecánica táctica.

XCOM 2 nos introduce en un mundo nuevo con más posibilidades y una mayor profundidad, pero defender la Tierra será como montar en bicicleta, que nunca se olvida. Esto es gracias a que el eje central de su jugabilidad seguirá siendo el mismo. Tendremos que volver a tomar el comando de la unidad de combate extraterrestre, equipar a los muchachos (y señoritas, claro) y realizar las investigaciones pertinentes para resurgir de las cenizas y derrotar a los invasores de una vez y, a ser posible, para siempre. Pero ojo, que los alienígenas tampoco son mancos, y al mismo tiempo que nuestra campaña avanza, también lo harán ellos por su cuenta tomando ciertas medidas para contrarrestar la insurrección, en lo que el juego llama Eventos Oscuros. Las misiones que llevaremos a cabo contemplarán algunas que precisamente pondrán freno a estos eventos y, especialmente a sus consecuencias, pero lo más importante es que retrasarán el plan maestro de los invasores, algo denominado Proyecto Avatar con lo que tendremos que ir con mucho ojo. De este modo, nos volveremos a ver inmersos en tareas de rescate, o en misiones en las que deberemos eliminar a todos los objetivos, por citar solo un par.

No obstante, tenemos más variedad de acción en XCOM 2. Y es que los nuevos tiempos obligan a nuevas medidas. Sin ir más lejos, el sigilo cobra un gran papel en esta secuela donde no en vano son los humanos los que se están levantando en armas. Esto posibilita que empecemos las misiones inadvertidos por la fuerzas enemigos, y que tengamos la oportunidad de golpear primero tendiendo una emboscada siempre y cuando no nos dejamos ver. En este punto el pirateo informático tendrá una importancia capital en el juego, y como tal se implementa en una nueva mecánica en la que nuestros soldados, concretamente los de la nueva clase Técnico, pueden usar un pequeño dron denominado GREMLIN para piratear los sistemas enemigos y, por ejemplo, desconectar torretas de vigilancia, aunque esta habilidad se tendrá que usar también en tareas más delicadas. Aumentar estas dotes para el hackeo tiene premio, porque con cada intrusión informática viene aparejada una de dos recompensas opcionales con un posible inconveniente en caso de que no tengamos éxito. Eso sí, para ganarnos este extra hemos de ser excelsos en nuestro hackeo, así hay que dar rienda suelta a los cerebritos del pelotón para que desarrollen esta cualidad.



Como es habitual, la base XCOM necesita de mantenimiento y expansión, lo que implica construir nuevas instalaciones, una marca de la casa entre otras muchas. Pero una vez más, dentro de esta familiaridad, XCOM 2 vuelve a hacer el tirabuzón y nos cambia el paso para mostrarnos que la base ya no es fija, sino que está situada dentro del Avenger, una nave rescatada del X-COM original donde jugaba un papel fundamental para la conclusión del juego, y que esta vez será nuestra sede móvil para llevarnos a cualquier rincón del globo donde se necesite de nuestros servicios. Allí, en cada una de ellas, será donde pasemos el tiempo haciendo avanzar los progresos locales para cumplir con las tareas designadas, en lo que hace tres años era mantener la vigilancia desde el puesto de control. En las circunstancias que envuelven el juego, no tiene mucho sentido establecer una de red de satélites, pero esto no quiere decir que no podamos hacer amigos por todo el mundo, y que a su vez nos ofrezcan misiones y recursos de suma importancia.

Las primeras sensaciones que uno tiene al jugar al XCOM 2 es que todo vuelve, pero vuelve mejorado. Que vuelve el despliegue táctico que tantas horas nos tuvo enganchados desde 2012, pero lo hace con más elementos a tener en cuenta. Seguimos contando de inicio con nuestras tropas de Asalto, Apoyo (ahora Especialistas), Pesados (ahora Granaderos) y Tiradores, con los avances de Ingeniería y Laboratorios para construir mejor equipo, y sin embargo, lejos de ser una repetición, todo encaja en su sitio para antojarse más como una evolución. Aumenta también el grado de personalización, que ahora nos permite hasta dar un trasfondo y una biografía a cada uno de nuestros soldados para que no sean solo un nombre y una bandera sino que tengan una personalidad propia. Y cómo no, aumentan las fuerzas enemigas, que no se han quedado cruzadas de brazos en veinte años. Lo más curioso de todo es que, al mismo tiempo, los fieles seguidores de la serie desde sus propios inicios en los noventa van a reconocer algunos de estos nuevos elementos.

En suma, si XCOM era un gran ejemplo de cómo hacer un remake, XCOM 2 se presenta como un gran ejemplo de cómo hacer una secuela. Lo que no está roto no hay que tocarlo, pero siempre se puede ampliar y mejorar, y aunque XCOM 2 no lo tiene fácil en este aspecto, el primer contacto con esta nueva hornada de extraterrestres es tan cautivador como para abducirle a uno hasta altas horas de la mañana y repitiendo el mantra de los contactados por esta serie de juegos de estrategia: “Venga, otro turno más”.

Juan Elías Fernández

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Impresiones: Lo mejor que se puede decir de una segunda parte es que transmita las mismas sensaciones que su antecesor en su primera toma de contacto. XCOM 2 las repite e incluso amplifica al presentarnos un juego más complejo, con más variables y una mecánica que, si bien bebe de las mismas fuentes, también nos obliga a cambiar el chip y llevar su paso. 2K y Firaxis no vienen en son de paz con este juego, y eso son muy buenas noticias.

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