Así es el easter egg que inspiró Ready Player One

Ernest Cline ha logrado hacerse un hueco entre una inmensa comunidad de lectores gracias a su novela cumbre. En agosto de 2011, librerías de diferentes países comenzaron a acoger en sus estanterías a un libro llamado Ready Player One, una historia de ficción que unía la cultura de los 70-80 con los videojuegos en un futuro distópico. En resumidas cuentas, un cóctel perfecto para captar a los jugones y a los nostálgicos.

Sin entrar mucho en detalles sobre esta obra, que este mismo 2018 podremos ver en cines bajo la dirección de Steven Spielberg, la historia nos desplaza al año 2044 y tiene como protagonista al Wade Owen Watts, un joven que vive en una caravana con su tía. El futuro poco alentador que nos presenta Cline en esta pieza de ficción nos muestra un mundo sumergido en una enorme depresión que ha llevado a la humanidad al filo de la pobreza, malviviendo día a día y con una única fuga de la realidad que les rodea, OASIS.

Este es el nombre de un sistema de realidad virtual que hace las veces de videojuego y de simulador social. En él, toda la población pasa incontables horas realizando su trabajo, estudiando y, prácticamente, viviendo la vida que no pueden vivir fuera. Pero el choque entre la horrible realidad y este mundo virtual no es lo que construye la trama, sino la búsqueda de los huevos de pascua escondidos por el creador de algo que, en el fondo, no es más que un videojuego, James Halliday.

Tras su fallecimiento, revela que ha escondido una serie de secretos y que, quien los descubra y revele todos, logrará hacerse con el total control de OASIS o, lo que es lo mismo, del mundo entero. Evidentemente, comienza una cacería digital en la que entra una gigantesca corporación que quiere privatizarlo todo, dando pie también a un choque social y ético que está ahí, como trasfondo entre referencias ochenteras y frikadas varias.

Hay mucho más por mencionar sobre esta obra, pero lo interesante, que es el concepto del easter egg, o huevo de pascua, es lo que realmente queremos resaltar. Ernest Cline no tuvo una visión que le llevara a pensar en este concepto como núcleo de su historia, no solo en sentido figurativo, sino literal; fue el videojuego de Atari, Adventure, el que sirvió para encender esa chispa.

El título, diseñado y programado en las entreñas de una Atari que había sido vendida a Warner con tal de conseguir el dinero suficiente para entrar en el mercado de los videojuegos a mediados de los 70, cuenta con un secreto pensado solo para que uno de sus responsables pudiera dejar su impronta en él. Por aquel entonces, los programadores eran algo que permanecía en el anonimato, sus nombres no figuraban en unos créditos finales ni nada por el estilo.

Sin embargo, a Warren Robinett esta idea no le convencía nada. La situación vivida tras la compra de Warner, con un trato totalmente despectivo por parte de superiores. Ningún reconocimiento, ninguna licencia de la que sacar partido al formar parte de ella. Su labor se ceñía a picar código y hacer que esos píxeles se movieran y fueran algo divertido. 

En este clima de tensión, Robinett comenzó a trabajar en Adventure, un juego de aventuras tremendamente simple en el que los jugadores manejaban a un héroe que parte en busca de un Cáliz Encantado robado por un malvado hechicero. De vista aérea, la mecánica consistía en desplazarse a través de diferentes castillos para recoger unas llaves con las que acceder a salas secretas y huir de las fauces de los dragones que las custodian. Algo simple, nunca visto antes y que encantó al público de por aquel entonces.

La idea de su creador era sencilla, ya que no podía aparecer de forma legal, introduciría un pequeño secreto que dejara su firma en el juego. Aprovechando un fallo en las colisiones al acumular una cantidad determinada de objetos en uno de los castillos, el personaje podía atravesar una pared y acceder a una habitación oculta donde aparecía el mensaje «Creado por Warren Robinett». Sorprendentemente, nadie dio con este mensaje escondido, nadie salvo un joven de 15 años que vivía en Salt Lake City.

Tras su hallazgo, escribió y envió una carta a Atari para revelar lo que había descubierto. Una misiva que Robinett guarda a día de hoy y que sirvió para identificar uno de los primeros huevos de pascua de la historia. Precisamente el que hizo que Ernest Cline construyera toda la historia de Ready Player One.

De hecho, los que participan en la búsqueda de ese mundo ficticio llamado OASIS deben reunir llaves con las que abrir unas puertas escondidas y superar los retos de unos guardianes, algo tremendamente similar a la propuesta del Adventure que salió a la venta para Atari 2600. Las referencias van mucho más allá, apareciendo y siendo citado de forma literal durante el transcurso de la trama y, posiblemente, cuando vayamos al cine este año nos toparemos también con algún tipo de referencia a este mítico easter egg.

Un pequeño secreto con el que intentar gozar de un reconocimiento que le fue negado. Las ventas de este clásico fueron excepcionales, vendiendo más de un millón de copias por aquel entonces y suponiendo un total de más de 10 millones de dólares para Atari y, aunque finalmente se ofrecieron royalties a Robinett, tener el privilegio de crear uno de los huevos de pascua más famosos e importantes de la historia es un logro que ni él ni muchos podremos olvidar.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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