Crítica Blade Runner 2049: ¡Ya la hemos visto!

El viernes 6 de octubre se estrena en las carteleras españolas el largometraje Blade Runner 2049, la nueva cinta de ciencia ficción del director Denis Villeneuve, responsable de películas como La Llegada y Prisioneros. En esta ocasión, el cineasta canadiense se atreve con la secuela de Blade Runner, cinta de culto de  Ridley Scott (Alien: Covenant) de 1982 que fracasó en taquilla en su paso por los cines, pero que con los años se ha convertido en un claro referente del cine de ciencia ficción.

Este thriller futurista cuenta en su reparto con Ryan Gosling (La La Land: La Ciudad de las Estrellas), Harrison Ford (Star Wars: El Despertar de la Fuerza), Ana de Armas (Juego de Armas), Jared Leto (Escuadrón Suicida), Sylvia Hoeks (La Mejor Oferta), Robin Wright (Wonder Woman), Mackenzie Davis (Marte), Carla Juri (Brimstone), Lennie James (The Walking Dead), Dave Bautista (Guardianes de la Galaxia Vol. 2), Barkhad Abdi (Agente Contrainteligente), David Dastmalchian (The Flash), Hiam Abbass (Exodus: Dioses y Reyes) y Edward James Olmos (Battlestar Galactica), entre otros.

Han pasado 30 años desde los acontecimientos ocurridos en Blade Runner. Estamos en el año 2049, y el oficial K (Ryan Gosling) es un nuevo blade runner, encargado de cazar replicantes para el Departamento de Policía de Los Ángeles. Sin embargo, en una misión descubrirá un secreto que ha estado enterrado durante mucho tiempo y que tiene el potencial de llevar a la sociedad a un auténtico caos. De esta manera, su investigación le conducirá a la búsqueda del legendario Rick Deckard (Harrison Ford), un antiguo blade runner que se encuentra en paradero desconocido, puesto que lleva desaparecido 30 años.

Este es el argumento de la nueva superproducción de Sony Pictures, donde Denis Villeneuve se atreve a revisionar con Blade Runner 2049 uno de los tótems del cine de ciencia ficción. Manteniendo la estética y ahondando en esta sociedad decadente y aglomerada en megaciudades, donde la gente no ha visto un árbol en décadas, o bien no saben ni lo que es eso.

De esta forma, el cineasta canadiense se reinvindica como uno de los directores más potentes y con mayor horizonte del panorama actual, dado que su trabajo en La Llegada y en Blade Runner 2049 le respaldan en un ascenso meteórico. Eso sí, esta secuela del clásico de Ridley Scott está impregnada de su estilo cinematográfico, por lo que se encuentra presente su tempo tranquilo y su visión descarnada y ruda de la ciencia ficción, mostrando un futuro más realista y crudo, alejado del visionario habitual.

Por su parte, de la cinta original hereda su ritmo lento, sus personajes opacos y un estilo visual apabullante, apoyados en un diseño de producción digno de optar a la estatuilla en la próxima gala de los Oscars. De esta manera, el apartado visual es el mayor baluarte de esta tardía secuela, con una luz y con una paleta de colores que sobrecoge.

Respecto al reparto de Blade Runner 2049, nos encontramos ante un plano Ryan Gosling, que solo destaca por parecer un autómata; y un Harrison Ford que tarda en salir, y cuando lo hace parece que apareció por ahí a cobrar el cheque, dado que su carrera parece haber encallado en un bucle temporal en el que está recuperando sus personajes de hace tres décadas, pero su vuelta la realiza sin ganas y no aportando nada relevante.

Sin embargo, son los personajes secundarios los que toman el mando y demuestran su valía, empezando por un Jared Leto frío y maquiavélico, dando una mejor imagen que la mostrada en Escuadrón Suicida con su fallido Joker. A su vez, son las actrices las que más sorprenden, con una Ana de Armas que se abre hueco en Hollywood y una Robin Wright que sigue demostrando que mantiene su buen nivel y que puede hacer cualquier papel que se proponga. Sin embargo, la que más se luce es Sylvia Hoeks, una actriz holandesa semidesconocida que se luce en el papel de la hermética y demoledora Luv.

En resumen, Denis Villeneuve toma el testigo de Ridley Scott con eficiencia y firmeza, desplegando un poderío visual y una puesta en escena que apabullan al espectador.

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