Crítica de Ninja Turtles: Fuera de las Sombras: ¡Ya la hemos visto!

Crítica de Ninja Turtles: Fuera de las Sombras: ¡Ya la hemos visto!

Las Teenage Mutant Ninja Turtles, o Tortugas Ninja, nacieron en 1984, en un cómic independiente propiedad de Mirage Studios que parodiaba y homenajeaba la obra de Frank Miller. Tuvo un éxito inmediato, y no tardó en convertirse en un éxito de ventas que ha generado toda una franquicia con series animadas, videojuegos, y películas. Sin embargos, no podemos entender cómo en este último formato han dado un salto tan torpe estos cuatro hermanos con caparazón.

Y es que, después de la destrucción de Ninja Turtles (2014) por parte de la crítica, y por todo aquel que tuviera dos dedos de frente, pensábamos que Paramount y Nickelodeon no se lanzarían a desarrollar la secuela de un despropósito que hacía que la cinta homónima de 1990 pareciera un clásico. Pero nos equivocamos, y dos años después se estrena Ninja Turtles: Fuera de las Sombras. Y esto es un aviso para los cinéfilos: no es una película.

O al menos no lo parece, asemejándose más a un larguísimo y tedioso anuncio de juguetes de 112 minutos, en el cual podemos ver a las Tortugas Ninja luchando contra enemigos que no se podrían justificar argumentalmente ni aunque la película durara un lustro, y junto a personajes tan planos como la pizza que tanto ama Michelangelo. Pero vayamos por partes, dijo Despedazador. Perdón, “Shredder”.

En primer lugar, si te enfrentas a Ninja Turtles: Fuera de las Sombras, comprobarás la simplicidad de su argumento, lo cual no tiene que ser necesariamente negativo para una película. De hecho, los conceptos sencillos suelen ser los que más éxito tienen entre el público medio. El problema surge cuando este argumento intenta alcanzar una relevancia que no puede tener. De esta manera, aparecen explicaciones estúpidamente rápidas y conclusiones aparentemente obvias por parte de todos los personajes, para que no tengamos que pararnos en exceso a la hora de entender las motivaciones de héroes y villanos, porque al fin y al cabo sólo hemos venido a ver los fuegos artificiales. Creámonos que Donatello le lee la mente al guionista sin que realmente pueda haber llegado a sus conclusiones argumentales de ninguna manera, por qué no.

Esta fallida trascendencia, que quizá se salva en cierta medida durante la subtrama de la cinta, está agravada por sus personajes, y los actores que tienen detrás. Dejando de lado por un momento a los protagonistas, analicemos el reparto. Megan Fox como April O’Neil, en el papel de la reportera menos expresiva que nunca se ha visto en el cine, que más bien parece una siniestra y vergonzosa justificación para que el padre lleve a su hijo a ver esta película. Will Arnett como Vernon Fernwick, el secundario cómico por excelencia que, por alguna razón, es esencial en el desarrollo de la trama. Y Stephen Amell como Casey Jones, que parece gritar: “sí, en realidad soy Green Arrow y únicamente vas a ver eso en mi papel, sólo que con una máscara de hockey”. Con este plantel, la pizza está destinada a caer boca abajo.

¿Tiene salvación esta cinta? No, pero se le puede sacar algo bueno. Y es que hace gala de los mejores efectos visuales que hemos visto en mucho tiempo, sólo equiparables a los de cintas como Warcraft: El Origen, muestra de que el cine de animación puede dejar de pertenecer a Pixar y Dreamworks, pero únicamente cuando el resto de compañías aprendan que las películas no sólo se consumen con los ojos, sino también con lo que hay detrás de ellos. De esta manera, tenemos unas Tortugas Ninja impresionantes, con una fluidez de movimiento y expresiones de lo más realista, que, unidos a los macabros y cómicos Bebop y Rocksteady, esos villanos que todos amamos odiar, hace de Ninja Turtles: Fuera de las Sombras u despliegue visual sin precedentes al que debes agarrarte si quieres salir cuerdo de la sala de cine. ¡Kowabunga!

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