Crítica Death Note: ¡Ya la hemos visto!

El viernes 25 de agosto se estrena en Netflix el largometraje Death Note, uno de los productos más esperados de la plataforma, que adapta a la pequeña pantalla uno de los manganimes más queridos por crítica y público. La película basada en los personajes creados por Tsugumi Ohba Takeshi Obata estará disponible en la plataforma a partir de este mismo viernes.

La película está dirigida por Adam Wingard, conocido por centrar su carrera como director en el género de terror, donde sus títulos más destacados son Tú Eres el Siguiente y la reciente Blair Witch. Los guionistas Charley Parlapanides, Vlas Parlapanides y Jeremy Slater son los responsables de firmar el libreto que convierte en largometraje para televisión a la famosa serie de anime (basado en el manga de mismo título) que fue estrenado hace una década. 

En el reparto de Death Note destacan Nat Wolff (Ciudades de Papel),  Willem Dafoe (La Gran Muralla),  Margaret Qualley (Dos Buenos Tipos),  Shea Whigham (Kong: La Isla Calavera),  Lakeith Stanfield (Straight Outta Compton), Michael Shamus Wiles (Sons of Anarchy),  Matthew Kevin Anderson (El Inspector Gourmet), Jessica McLeod (Haters Back Off),  Paul Nakauchi (Urgencias), Chris Britton (Silent Hill),  David S. Jung (Mind the Gap), Tony Ali (El Beso de la Muerte) y Ash Lee (Menendez: Blood Brothers), entre otros.

Cuenta la historia de Light Turner (Nat Wolff), un estudiante modelo obsesionado con acabar el crimen, que un día se encuentra un misterioso diario: la Death Note. Se trata de una libreta sobrenatural que permite asesinar a cualquier persona cuyo nombre sea escrito en sus páginas mientras se imagina su rostro. Tras probar el diario y comprobar su potencial, Light conocerá a Ryuk (Willem Dafoe), un shinigami (dios de la muerte del folclore japonés), y adoptará el nombre de Kira para actuar de manera anónima como justiciero. Pero sus asesinatos serán repudiados, iniciándose una investigación por la policía internacional y el misterioso detective L (Lakeith Stanfield). 

Death Note es uno de los manganimes más aclamados, por lo que la adaptación de Hollywood era irremediable, solo faltaba saber cuándo y cómo lo harían. Así, ha resultado ser Netflix el encargado de transformar en película un anime corto (37 episodios) pero intenso, que disecciona la mentalidad humana mientras vemos como un estudiante de matrícula de honor se convierte en un dios de la muerte y un sociópata sin escrúpulos. Pero también se centra en mostrar una investigación por encontrar una explicación a los asesinatos y una carrera por ver quien detendrá primero a su rival, si Light o L como el investigador principal de los asesinatos perpetrados por Kira.

Una obra maestra que palidece ante el resultado de este largometraje que no es ni la sombra del anime, que se sitúa a años luz de la calidad y potencial que ofreció el material original, y que encalla en innumerables errores que lastran una idea interesante, pero fatalmente aprovechada. Bien es sabido que a la hora de realizar un remake no hay que copiar plano por plano a la obra original, porque no suele salir bien y cabrea a los fans, sino que hay que mostrar algo diferente, pero que respete el material primigenio, a la vez que muestra algo que merezca la pena ver de nuevo.

Pues bien, la película Death Note se toma diferentes y demasiadas libertades artísticas, que distorsionan el material original, y todas estas decisiones son siempre a peor. Es verdad que aún siendo una serie de corta duración, es imposible condensar 37 episodios en dos horas, debiendo quedarse con lo mejor; pero ya que resumes, al menos intenta que lo que muestres merezca la pena. Es más, al menos mantén la coherencia y valores intrínsecos en la historia, no te quedes solo en una libreta mortal; sino que debes ahondar más en la mentalidad de los personajes, no te quedes en la superficie.

Pero más allá de eso, resulta palpable que nada en Death Note funciona, siendo una cinta solo apta para aquellos que no tengan ni idea de lo que va el anime original, porque como tengan un poco de conocimiento de la historia, este largometraje les producirá un serio dolor de cabeza. Lo primero son los errores en el casting, en el que todos fallan a excepción de Willem Dafoe poniendo la voz como Ryuk, y el joven actor Lakeith Stanfield, que con muchos aciertos y pocos fallos, es el único que ha sabido plasmar la esencia de su personaje, L en su caso. 

Sin embargo el resto del reparto es digno de olvido, empezando por un Nat Wolff desorientado, que no muestra ni una sola de las facetas que pertenecen a Light Yagami en el manganime. Que, para colmo, chilla como un auténtico crío la primera vez que ve al shinigami, en una escena patética y por la que ya es imposible respetarle en esta versión (por no hablar de sus mechas). Además, el policía James Turner, padre de Light, y Watari también dejan mucho que desear, pero nada en comparación con el protagonista, que no destaca para bien en ni un solo plano.

Pero el colmo del despropósito es el personaje de Mia Sutton, encarnado por Margaret Qualley, que desvirtúa no solo la historia, sino que se apropia de un papel inexistente en el manganime y que erosiona la relación de Light y Ryuk que tan bien funciona en la serie. Así, Mia se convierte en [SPOILER] Kira junto con Light [SPOILER], dejando al shinigami como un simple tutor, que le explica al protagonista cómo usar la Death Note, indicándole reglas o acciones de la libreta que Light descubre a lo largo de los capítulos, o bien inventándose reglas para acelerar el metraje.

Así las cosas, el largometraje Death Note deja de ser una serie interesante en la que estamos ansiosos por ver qué movimientos realizan los protagonistas en su particular partida de ajedrez, y quién será el que dé el paso en falso para que acabe el otro con él; viendo un producto simplificado y absurdo, con muertes rocambolescas al más puro estilo de Destino Final, que cambia y desperdicia el material original, donde cada cambio siempre es a peor, volviendo a evidenciar lo mal que se le da a Hollywood plasmar la riqueza de los animes japoneses.

En resumen, Death Note decepcionará a los fans, porque abandona la esencia del manganime y nos muestra una historia distorsionada, que innova donde no debe y que cuenta con un protagonista que no te crees en ningún momento y que está penosamente ejemplificado por un Nat Wolff al que el papel le viene muy grande. Mientras que los neófitos en el material original a lo mejor la encuentran interesante, quienes conozcan la obra de la que procede, sentirán una desagradable sensación de que Netflix ha convertido uno de sus animes favoritos en una nueva secuela mala de Destino Final.

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