Crítica El renacido (The Revenant): ¡Ya la hemos visto!

Crítica El renacido (The Revenant): ¡Ya la hemos visto!

Estamos en 1820, en una expedición de recolección de pieles en el norte de Estados Unidos, donde la naturaleza y los nativos son nuestros constantes enemigos. Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) es un experto trampero que, junto a su hijo Hawk, guía la expedición, pero un incidente con un enorme oso grizzly le dejará muy malherido, obligando al mermado grupo a tomar una difícil decisión.

Esta es la simple pero profunda premisa de El renacido (The Revenant), la nueva propuesta del oscarizado cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, que un año más se sitúa como favorito en los premios Oscar con esta cinta, habiéndose alzado con 12 nominaciones en total para la gala que tendrá lugar el próximo 28 de febrero. Muchas expectativas están puestas en esta cinta protagonizada por Leonardo DiCaprio y Tom Hardy, pero, ¿las merece? Es más que probable, pero veamos las razones.

En cuanto da comienzo El renacido, queda claro lo que supondrán los siguientes 156 minutos de metraje: un desfile de preciosismo naturalista en el que las montañas y el paisaje salvaje norteamericano son los protagonistas, ante lo que no podemos sino dejarnos envolver por la brisa, el frío y los sonidos del bosque. Pero enseguida nos topamos con la interferencia humana, papel que en este caso interpretan Hugh Glass, John Fitzgerald y el resto de la expedición que recolecta pieles para el ejército estadounidense. Este será un contraste constante a lo largo de la película, en la cual la naturaleza será una gran enemiga gran parte del tiempo, pero una esporádica aliada en momentos más intensos.

Establecida esta duplicidad, no podemos sino dedicarnos al protagonista absoluto de la cinta, interpretado por Leonardo DiCaprio. En El renacido, el actor que tantos años ha estado esperando el máximo galardón de Hollywood interpreta a un trampero atormentado por las decisiones pasadas, cuyo único vínculo con la cordura es su hijo mestizo Hawk. Sin embargo, este vínculo será intercambiado por la necesidad de sobrevivir y la sed de venganza, lo cual saca a relucir un personaje que, sin mediar palabra, consigue transmitirnos su enorme sufrimiento y nos deja ver, paso a paso, su evolución hacia la consecución de sus metas. Sin duda, se trata de uno de los papeles más difíciles a los que puede enfrentarse un actor por esta escasez de diálogo, pero DiCaprio pasa la prueba con un sobresaliente, que bien le podría valer por fin el preciado Oscar. Y lo mismo se puede decir del Fitzgerald de Tom Hardy, que  en un papel simple es capaz de brillar como el más odioso villano de la cinematografía reciente, conformando un dúo de equilibrio excelente.

Otro de los aspectos que destacan enormemente de El renacido es cómo está perpetrada, bajo la sobria pero ultrarrealista fotografía de Emmanuel Lubezki, que nos permite ver cada uno de los detalles que conforman la cinta sin poner un filtro ante nuestro ojos. Y esta realidad se traduce también en crudeza, porque estamos ante una de las cintas más duras del plantel que conforman los Oscar este año, con un recorrido de sangre y violencia que, si escaso, es muy intenso y nada apto para estómagos sensibles.

Y aquí llega el problema de El renacido, que, si bien no empaña el resultado final, puede espantar a parte de su público. Y es que, entre tanta intensidad gráfica, se trata de una película de marchas muy pausadas, en la cual los planos de transición en los que se nos permite respirar y observar la naturaleza montañosa se pueden antojar excesivos, especialmente en una trama que cuenta con tantos momentos de intensidad máxima y que busca transmitir tantísimas emociones. Emociones que pueden diluirse precisamente porque el espectador tiene demasiado tiempo para pensar. A esto pueden contribuir, también positivamente, varias fracturas que se realizan en la cuarta pared, donde la cámara parece sufrir las mismas inclemencias que los protagonistas, despertándonos así de nuestra suspensión de la incredulidad.

En conclusión, El renacido es un película que cumple absolutamente con todas las expectativas, permite disfrutar de una inmensa calidad actoral en el terreno de lo poco convencional, y lleva consigo una trama sencilla pero de una profundidad inabarcable. Sin embargo, requiere de un esfuerzo por parte del espectador, no tanto intelectual como emocional, para mantenerse dentro del universo ofrecido por Iñárritu durante sus más de dos horas y media, un “inconveniente” que no es más que una mera mota de polvo en un desierto de bondades fílmicas.

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