Crítica Hitman: Agente 47, ¡ya la hemos visto!

Crítica Hitman: Agente 47, ¡ya la hemos visto!

La saga Hitman fue creada en 2000 por Eidos Interactive, y desde entonces ha creado a su alrededor toda una leyenda sobre el Agente 47, un asesino parte de una élite modificada genéticamente para matar de manera más eficaz. El 8 de diciembre esta saga de videojuegos recibe su nueva entrega, dando el salto a la nueva generación, y tan grande es su relevancia que ya ha recibido su segunda adaptación cinematográfica, esta vez de manos del director debutante Aleksander Bach y bajo el título Hitman: Agente 47.

Rupert Friend (Homeland) se pone en la piel del Agente 47, un superasesino cuyos objetivos parecen ser Katia (Hannah Ware) y John (Zachary Quinto), pero pronto descubriremos que no todo es lo que parece, y los enemigos se ocultan a cada paso en un mundo en que la ingeniería genética se ha vuelto un arma muy peligrosa.

De esta base parte Hitman: Agente 47, que se desinfla rápidamente en sus explicaciones sobre cómo son creados los Agentes, en un argumento que más que una montaña rusa es una locura de clichés del cine de acción, convirtiendo esta cinta en un cóctel de varias películas tan dispares como Terminator o X-Men. Así, lo que parece ser una adaptación de un videojuego se queda en una película que utiliza un videojuego como excusa.

Sin embargo, y aunque las comparaciones siempre son odiosas, ésta es una película más cercana al personaje de Hitman que hemos visto en los videojuegos por sus modos de actuar, especialmente en sus variadas y creativas maneras de matar utilizando su entorno a su favor. Asimismo, vemos por fin un Agente 47 que se disfraza con los uniformes de sus enemigos y camina como si de una máquina se tratara, como el que vemos en los últimos juegos de la saga.

Por desgracia, hasta ahí llegan las bondades de esta cinta plagada de personajes planos y con los que nos resulta muy complicado establecer vínculos emocionales. No ayudan tampoco las muletillas del cine de acción, incluyendo frases pastelosas que no cuadran con el personaje de Hitman. Las incongruencias morales de las que hace gala el tema que defiende la cinta contribuyen a evitar que el espectador consiga acercarse a dichos personajes, y nunca se le olvide del todo que está viendo una película. Un excesivo uso de la cámara lenta en las escenas de acción, y momentos que pretenden humanizar al dúo protagonista pero sólo parecen acercarles al género de comedia, terminan de crear una cinta que da la impresión de no creer en sí misma, y que resulta irrelevante antes y después de los títulos de crédito.

En conclusión, Hitman: Agente 47 se trata de una adaptación de un videojuego que resulta eficaz para un espectador muy poco exigente que busque acción sin grandes personajes ni interés en un argumento con mucho fondo. Asimismo, se agradecen ciertas referencias a los videojuegos (como las sempiternas Silverballers gemelas de 47 o la escena de la ducha, patito de goma incluido), pero hemos echado mucho de menos el trabajo de Square Enix al ver esta cinta. Y por cierto, ¿tan difícil es afeitarle la cabeza a un actor?

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