Crítica Kingsman: Servicio Secreto: ¡Ya la hemos visto!

El próximo viernes 27 de febrero se estrena en las carteleras españolas la película Kingsman: Servicio Secreto, una adaptación a al gran pantalla del cómic de Mark Millar, al que curiosamente se le ocurrió la idea mientras debatía con el director de la cinta que las películas de espías se habían vuelto demasiado serias. Así pues, dicho y hecho, Millar escribió un cómic fresco y rompedor repleto de espías y mucho humor, mientras que Matthew Vaughn decidía no rodar X-Men: Días del futuro pasado con tal de que otro no se le adelantase, y así poder adaptar él al cine el cómic Kinsgman: Secret Service. ¿Acertó en su decisión el director de X-Men: Primera generación?

Totalmente, puesto que Kingsman: Servicio Secreto son de esas películas con las que sales del cine con una sonrisa, después de haber disfrutado de dos horas de acción, desfase, violencia y mucha, mucha ironía y buen humor. El cineasta Matthew Vaughn consigue plasmar en la gran pantalla un homenaje a las películas clásicas de James Bond, pero sin llegar a la parodia como en el caso de Austin Powers. La trama gira de forma constante y nos atrapa desde sus espectaculares títulos de crédito iniciales.

Por supuesto, buena culpa del éxito de Kingsman viene de un reparto bien escogido y mejor interpretado, con un joven Taron Egerton que demuestra tablas y carisma para ser una futura estrella del cine de acción. Junto a esto, tenemos a un Mark Hamill que vuelve a hacerse un hueco en el cine comercial, y que veremos en diciembre en Star Wars Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, pero que queda algo desaprovechado en su rol secundario de profesor universitario. Pero nada en la película funcionaría bien si no fuera por la solvencia y el rigor que aporta Colin Firth como un reputado espía inglés, pero que sabe repartir estopa a base de bien.

Pero mención especial merece Samuel L. Jackson y su villano fuera de los arquetipos habituales. El veterano actor da una nueva vuelta de tuerca y se inventa un personaje que resulta ser un excéntrico multimillonario con ideales distorsionados y un sentido de la justicia divina que pone los pelos de punta, pero que también demuestra los peligros de la sociedad moderna actual y el avance real de la tecnología. Sin embargo, el detalle más aplaudido de su labor es que nos presenta a un villano con marcado ceceo, pero que lejos de resultar paródico o absurdo, le da más matices y nos presenta un personaje aún más inquietante y original.

De esta forma, la cinta funciona ágilmente como reinterpretación del género de espías, que últimamente se había vuelto demasiado serio, oscuro y realista. Así, tenemos una cinta que sabe exprimir las virtudes del género y refundirlas con todas las posibilidades técnicas de un género con imaginación ilimitada, diferentes formas de llevarlo a cabo y siempre con el mismo objetivo: salvar al mundo.

A esto hay que sumarle la capacidad de sorprender a un espectador que ya cree haberlo visto todo, con una historia plausible (lo cual inquieta) y muy bien ejecutada, que da margen a crear una nueva franquicia a su alrededor. Por supuesto, los momentos divertidos están asegurados, así como espectaculares escenas de acción y lucha. Ante esto último, es de obligado cumplimiento destacar la escena de la iglesia al ritmo de Free Bird de Lynyrd Skynyrd, que no se puede describir, hay que verla y disfrutarla.

En resumen, nos encontramos ante una nueva franquicia que sabe exprimir lo mejor del universo de James Bond y darle todo el humor que le hace falta a la saga de Daniel Craig. A sus espectaculares escenas de acción y lucha, se suma su excelente, refrescante y sorprendente humor; así como las interpretaciones de todo el reparto, en especial, Colin Firth y Samuel L. Jackson están impagables y siguen sorprendiéndonos con sus nuevos registros. Definitivamente, una de las mayores (y mejores) sorpresas de este año.

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