Crítica Point Break (Sin Límites): ¡Ya la hemos visto!

Crítica Point Break (Sin Límites): ¡Ya la hemos visto!

Johnny Utah es un multideportista extremo que pierde a uno de sus más queridos amigos mientras graba una de sus maniobras de motocross en montaña, tras lo cual dedica su vida a proteger la de otros, entrando en el FBI, donde descubrirá una serie de atracos a gran escala relacionados con los deportes extremos.

Esta es la premisa de Point Break, la película driigida por Ericson Core que toma el espíritu de aquella película de culto de 1991 que aquí se tituló Le Llaman Bodhi. Esto implica que actores como Edgar Ramírez (Bodhi) y Luke Bracey (Utah), intérpretes relativamente desconocidos para el gran público, se tengan que poner a la sombra de nombres como Patrick Swayze y Keanu Reeves, aunque aquella original sólo tenga el nombre para responder por su éxito, pues como película tiene grandes puntos flacos.

¿Las malas noticias? Esta suerte de remake es aún peor en muchos aspectos, empezando por los personajes. Calificarlos de “planos” sería quedarse corto, pues parecen recién sacados de un molde de personajes en el cual encontramos, entre otros, el protagonista rebelde que finalmente resulta ser la mayor arma del poder establecido, el villano que realmente no lo es, y la guinda del pastel: el policía inepto y obeso en el agente Pappas, que se queda a la altura del betún en la mera comparación con su homónimo de 1991, interpretado por Gary Busey. El lado positivo es que este Johnny Utah nos deja ver sus emociones, algo que no hacía Keanu Reeves

Como puedes comprobar, la comparación hace que Point Break sufra en grandes cantidades, de manera que la analizaremos como una película independiente. Más allá de esos personajes con los que no conseguimos alcanzar empatía alguna (exceptuando los momentos que homenajean a la original), el metraje de esta cinta se basa en interminables escenas en las cuales los protagonistas practican deportes de riesgo, sin mayor justificación. Snowboarding, salto base, surfing con olas de 30 metros, escalada libre, todos los deportes extremos tienen cabida en Point Break, en planos que, todo hay que decirlo, saben capturar a la perfección la intensidad de la acción y la belleza de los paisajes de todo el mundo. Esto sin duda es una de las grandes bazas, si es que tiene alguna más, de la película, que ha sido rodada en localizaciones de todo el mundo, como Austria, Italia, Suiza, Francia, México, Venezuela, India o Berlín.

El problema es que, para ver escenas de deportes de riesgo ya tenemos los anuncios de bebidas energéticas y videoclips, y es más que probable que con el presupuesto que se ha gastado en realizar esos viajes se podría haber contratado actores que le dieran algo de renombre a este remake. O a un guionista que no hubiera ido tan lejos a la hora de emular los diálogos espirituales de Patrick Swayze, que ahora plagan los momentos de la película en los que no vemos a Bodhi y Utah practicando deportes extremos.

¿Eres un fanático de los deportes extremos y no te importa lo que los personajes tengan que decir? Entonces Point Break es tu película ideal. En caso contrario, no es más que una recopilación de metraje con múltiples agujeros de guión que intenta conseguir éxito a partir de una película policiaca de culto de los noventa. “Vaya con Dios”.

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