Disney y la moda de adaptar sus clásicos a la acción real

A estas alturas de la película, nunca mejor dicho, es más que evidente el problema imperante en la industria cinematográfica actual. Aunque se trata de un problema general, coincidiremos en que Hollywood, la cuna del cine norteamericano más exitoso, es la que se lleva la palma. En los últimos años hemos asistido a un desfile sin fin de secuelas, precuelas, remakes, reboots, spin-offs y adaptaciones de todo tipo. Cientos, miles de trabajos que están a años luz de cualquier atisbo de la originalidad que antes sí se le exigía al cine. Sin embargo, y aunque no es exactamente una novedad, está erigiéndose una nueva moda en el panorama actual que viene de la mano de una de las más grandes productoras de todos los tiempos, Disney. Una moda que nos ha recordado el reciente estreno de El libro de la selva.

Esta nueva forma de hacer cine no es otra que la acción real o live-action, consistente en convertir los clásicos de animación que dieron fama a la compañía en películas rodadas con actores y actrices de carne y hueso. Básicamente, estaríamos hablando de un remake en el que lo único que cambiaría sería la técnica de filmación. Esto es precisamente lo que podemos ver en el nuevo film de Mowgli. ¿Y a qué obedece esto? Al mismo agotamiento de ideas por parte de productores, guionistas y demás responsables del sector que, con los años, han provocado que, por ejemplo, Terminator tenga ya hasta tres secuelas y una precuela o que Avatar, estrenada en 2009, tenga anunciadas varias partes más desde prácticamente el día de su estreno, a pesar de que haya sido ahora cuando finalmente se han confirmado.

Sin embargo, hoy vamos a centrarnos en la nueva tendencia que la productora de Mickey Mouse ha introducido en el mercado paulatinamente hasta que, en los próximos tiempos, las pantallas de medio mundo está inundadas de películas como la mencionada versión de acción real El libro de la selva. Una reedición del clásico de 1967 realizada sin correr demasiados riesgos, apoyándose plenamente en la historia que todos conocemos. Curiosamente, y contrariamente a lo que el término “acción real” pretende referirse, la cinta dirigida por Jon Favreau está confeccionada mediante altísimas dosis de CGI o efectos digitales, que predominan en una película que, precisamente, pretende actualizar un clásico de animación. Curiosa paradoja que una película de acción real esté realizada con un nivel de animación digital igual o incluso más laborioso que el de la original. Eso sí, no puede negarse que la calidad de cada uno de los animales que vemos en pantalla roza la excelencia, aún teniendo en cuenta la mayor facilidad de integración en un entorno igualmente digital, en comparación con con otros trabajos que deben superponer la animación en localizaciones reales, como sí ocurre en, por ejemplo, en el live-action de Alicia en el país de las maravillas, que después comentaremos.

Con todo, El libro de la selva ha arrasado en la taquilla española en su primer fin de semana en cartelera, convirtiéndose en el mejor estreno del año. De este modo, parece que este tipo de propuestas siguen atrayendo al público a las salas, algo que desde luego Disney ya está considerando alargar de cara al futuro, pues ha anunciado la secuela de la película, que ya está en pre-producción y que volverá a contar con el mismo director y protagonista. No obstante, y pese a que esta tendencia está en auge ahora mismo, no es algo que la productora se haya sacado de la manga de repente, sino que viene de lejos. Además, podemos ejemplificarlo con algunos títulos muy cercanos a la película del niño criado entre animales. En el año 1998, la propia Disney filmó La historia de Mowgli, una adaptación oficial en acción real que, salvo por el presupuesto, se parece mucho a la estrenada en 2016. Y cuatro años antes, en 1994, era el turno de El libro de la selva: La aventura continúa, que se desarrollaba por los mismos derroteros. Como dato adicional, y para evidenciar el deseo de rentabilizar los clásicos de la productora, en 2003 se lanzó El libro de la selva 2, una secuela, esta vez animada, de la original.

Pero debemos analizar este asunto de forma más amplia, así que nos alejamos de la selva y echamos la vista atrás, donde también encontramos magníficos ejemplos de live-action. 101 dálmatas, de 1996, y 102 dálmatas, del año 2000, son buena prueba de que esta tendencia no es algo nuevo, pues también repiten lo visto en la original de 1961 pero con seres humanos y perros con vida propia. Sin embargo, cabe señalar que la acción real es algo que Disney ha comenzado a plantearse muy en serio a partir de 2010, con el estreno de Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, momento en que a los productores se les reencendió la bombilla. A partir de ahí, asistiríamos a casi un estreno por año, algo que irá acrecentándose con el tiempo, como ahora veremos. En 2014 Maléfica, que sí se atrevió a aportar otro punto de vista al que conocimos en La bella durmiente; en 2015 Cenicienta, que va más sobre seguro; y en 2016, aparte de la mencionada al comienzo, nos esperan Alicia a través del espejo, la secuela de la cinta de 2010, y Peter y el dragón.

Después, a partir de 2017, Disney pondrá a nuestra disposición un auténtico festival de películas de acción real inspiradas, en mayor o menor medida, en los clásicos que le hicieron ser la compañía que es hoy, una empresa que incluso se permitió el lujo de adquirir los estudios Pixar. Así, en 2017 nos llegará una las más esperadas, La bella y la bestia, de la que han existido más versiones pero no siempre con el apoyo de Disney. Estará protagonizada por Emma Watson y también participarán actores de la talla de Emma Thompson, Ewan McGregor, Ian McKellen o Kevin Kline, con lo que podemos deducir que, este tipo de propuestas, empiezan a atraer a gente muy conocida en la industria. También el año próximo se estrenará, Maléfica 2, un trilpe hit combo de remake, secuela y live-action, como la antes mencionada segunda parte de Alicia en el país de las maravillas; dos muestras de hasta dónde DIsney puede estirar el chicle mientras el público siga respaldándolo.

Más adelante, en los siguientes años, llegarán a los cines los films de acción real de Peter Pan y La sirenita, con Chlöe Moretz como protagonista. También Dumbo, que dirigirá el gran Tim Burton; Cruella, la precuela de 101 dálmatas que se centrará en la villana de la historia y que encarnará Emma Stone; y Príncipe encantador, un spin-off del monarca que sacó a bailar la Cenicienta. Igualmente se encuentran, en proceso de pre-producción, Robin Hood, Pinocho, Winnie The Pooh y Genies, la precuela de Alddin centrada en el genio al que puso voz Robin WIlliams. Pero eso no es todo, pues también veremos desde nuestra butaca Merlín el Encantador y Rosa Roja, otro spin-off rodado en acción real en el que seguiremos a la hermana de la mismísima Blancanieves.

Como has podido comprobar, las posibilidades son infinitas y Disney se asegurará de sacarles todo el rendimiento posible. Ahora la moda es la acción real, pero quién sabe qué nos deparará el futuro. Quizás, por qué no, una de estas reediciones de los clásicos más estimados de la compañía tenga tal batacazo en taquilla que la tendencia se vaya al traste. Mientras tanto, ocurrirá lo que ya llevamos viendo varios años con el cine de superhéroes: la gente acude a las salas y las productoras ponen en marcha la máquina de fabricar en serie. Al fin y al cabo, como diría Don Vito Corleone, “esto no es personal, solo son negocios”.

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