Re-Imaginando Super Mario Bros.: La película

En la actualidad la industria del videojuego se prepara para recibir adaptaciones cinematográficas de algunos de los títulos que más nos han impresionado en los últimos tiempos. Uncharted, Assassin’s Creed o The Last Of Us recibirán su particular versión en la gran pantalla, algo que preocupa sobremanera si echamos la vista atrás y vemos ciertos referentes en este aspecto. Posiblemente, el más estrepitoso nos llegara hace más de dos décadas, concretamente en el año 1993, cuando los cines proyectaban la película de Super Mario Bros. Resultaba un proyecto de lo más ambicioso y apetecible para el mundo jugón, pero el resultado ofrecido por Hollywood Pictures fue una de las obras más nefastas que hayamos podido presenciar en la gran pantalla.

Su historia poco o nada tenía que ver con los videojuegos de la franquicia de Nintendo. Nos encontramos con dos protagonistas fontaneros con la misión de salvar a una princesa. Hasta ahí todo estaba yendo bastante bien, pero fue una mera ilusión. Incluso anteriormente más de uno se repetía una pregunta que retumbaba en la cabeza de los fans del videojuego: ¡¿Dónde diablos está el bigote de Luigi?! Poco más tarde descubrimos que Koopa y su ejército viven en una realidad paralela de la que tratan de escapar, conformando un universo de lo más inverosímil, ciberpunk,  que apenas tiene guiños a lo que nos mostró la saga por aquel entonces. Tras este resultado, desde AlfaBetaJuega nos hemos visto obligados a ofrecer una visión más digna de un videojuego de la talla de Super Mario Bros., por lo que vamos a re-imaginar su película. Pero que la original no lo vamos a hacer, ¿no?

En primer lugar, dejando de lado la ausencia del bigote del pobre Luigi y de la relación familiar con Mario, que en la película es inexistente (según nos cuentan, Mario acogió a Luigi y lo cuidó como a un hermano), tenemos que destacar que la idea inicial no era del todo mala. Humanizar el videojuego a través de una pareja de fontaneros de lo más mundanos parecía una gran apuesta, más aún cuando descubrimos que para ir tras la princesa Daisy tenían que cruzar un portal interdimensional. Aquí es donde comienza a fallar el desarrollo de la película; tal vez se cierto que en 1993 no se disponía de las capacidades tecnológicas para desarrollar los efectos especiales que vemos hoy en día, pero no hubiera estado de más que al cruzar ese portal interdimensional nos adentráramos en un espacio más acorde al videojuego, con una estética cartoon, similar a lo que ocurre en Los Simpson, cuando Homer atraviesa el portal tras el armario del salón pero al revés. 

Esto hubiera ofrecido una variedad de escenarios y situaciones de lo más divertidas con tan solo darle un toque más adecuado al videojuego. Podríamos haber visto un ejército de reptiles y goombas que no rozaran el ridículo, especialmente estos últimos, cuya reinterpretación fue una absoluta pesadilla para todos los que lo recuerden.

A Koopa como un auténtico saurio que diera un miedo terrorífico y creara muchos más problemas que disparar de un lado para otro con un arma de fuego. Otro de los aspectos que necesitarían un gran giro es la importancia de los hongos en la historia, ya que en esta película es prácticamente testimonial, convirtiéndose en el rey destronado (padre de Daisy), que ayuda a nuestros fontaneros a través de sus variadas membranas, para evitar misiles, disparos y demás obstáculos hasta conseguir vencer a Koopa.

Un absoluto despropósito que podría haberse solventado con este estilo más desenfadado y deshumanizado, que hubiera ayudado a potenciar los poderes de Mario del mismo modo que en el videojuego. Además, su adicción por este alimento se podría haber introducido de manera muy sencilla al inicio de la película, cuando aún vivían en el mundo real. 

Por lo tanto, ese toque humorístico y espectacular se pierde entre tanta versión realista, a pesar de disponer de un universo paralelo con miles de posibilidades. Lo que sin duda se pierde es el componente sonoro que podría habernos ayudado a introducirnos más en el universo de Super Mario. En este aspecto recibimos una ración anecdótica al inicio, con la sintonía principal del juego, algo que podría haber tenido continuidad a lo largo del film, con el crecimiento de Mario al tomar las setas, al pegar botes (aunque fuera con las botas especiales de las que hacen gala en esta adaptación) o los momentos trepidantes con la sintonía de los diferentes castillos que visitamos. 

Lo que no convenció en absoluto fue la aparición de Toad como uno de los goombas espantosos, aunque ayudara a la princesa y a nuestros fontaneros y, especialmente, la interpretación de Yoshi como un tiranosaurus rex, algo que conseguía que perdiera completamente la seriedad de lo que se nos estaba mostrando. Volvemos a destacar que en la década de los noventa no era tan fácil como ahora el poder recrear este tipo de elementos, pero restarle realidad al universo paralelo podría habernos ofrecido una imagen de Toad y Yoshi más acertada de lo que recibimos finalmente.

Incluso la fortaleza de Koopa resulta irrisoria con las dificultades que nos presentaba la última pantalla del videojuego, con lo que el final épico que cabría esperar se queda en un quiero y no puedo resuelto con un enfrentamiento que nos deja indiferentes. Aquí hubiera quedado estupendo un guiño a la experiencia plataformera, con una persecución frenética en la que Mario esquivara cientos de obstáculos mientras trata de alcanzar al saurio y rescatar a Daisy, acompañado de su hermano. 

Así las cosas, la propuesta comenzaba a flaquear desde el momento en el que se trató la película como una historia realista y ciberpunk en la que dos fontaneros se juegan el tipo por una bella dama en una realidad paralela sin hacer uso de habilidades especiales. A partir de ese momento el desarrollo de la película cae por su propio peso, con diálogos inverosímiles que no aportan absolutamente nada y ni siquiera sirven de guiño a determinados aspectos del videojuego.

Una reinvención de la película en estos momentos podría aportarnos un resultado de lo más futurista, con una propuesta similar en la que Mario pudiera utilizar las potentes armas que se aprecian en los videojuegos, como bazookas con los enormes misiles con gesto de malas pulgas que aparecen en el camino o diferentes artilugios que hicieran las veces de las bolas de fuego que disponemos al recoger las flores especiales. Todo ello junto a un castillo imponente en el que en su interior aguardaran peligros conocidos, con una trama que nos muestre las vivencias de nuestra princesa con su malvado raptor y la aparición de los aliados en el periplo de los hermanos Mario y Luigi para infiltrarse en la fortaleza sería fantástico, aunque simplemente sirviera para hacernos olvidar lo que nuestra retinas no pueden borrar desde 1993. Siempre nos quedará imaginar para dignificar la imagen de nuestros simpáticos héroes. 

Juan Montes

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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