A una radio estadounidense le preocupa que los juegos conviertan a los niños en nazis

Hace unos días, la NPR (National Public Radio) estadounidense publicaba un artículo titulado “Right-Wing Hate Groups Are Recruiting Video Gamers” (“Grupos ultraderechistas que fomentan el odio están reclutando a gamers”) que lejos de servir para informar de algo real y que pudiera conllevar una cierta veracidad, sólo sirve para fomentar, una vez más, la mala prensa de los videojuegos.

En este artículo trataba de conectarse, de una forma un tanto peregrina, el mundo de los videojuegos al auge de la extrema derecha en Estados Unidos, usando como un argumento válido (entre otros) que el padre de un joven gamer adolescente forofo de Counter-Strike: Global Offensive se extrañó al ver propaganda neo-Nazi que su hijo había impreso.

Esta idea tan alarmista, en realidad, no lo es tanto, al menos desde un punto de vista racional. Es decir, que un adolescente sea o no sea neo-Nazi o tenga más afinidad con un pensamiento político ultraderechista no tiene por qué estar relacionado con jugar a un shooter. Afirmar que un videojuego puede cambiar la ideología de miles o millones de personas es un acto completamente irresponsable, más cuando no hay datos fiables y suficientes que avalen tal teoría.

Evidentemente, no hay que olvidar que en el mundo de los videojuegos existe, efectivamente, existen comunidades con una fuerte carga ideológica radicalizada, en la que se premia más la intolerancia que las conversaciones bien argumentadas y constructivas. No es un problema tener opiniones diferentes, pero sí lo es no saber respetar y resolver esas diferencias de una forma respetuosa, educada y civilizada, incluso si hay que aceptar que nuestras posturas son “irreconciliables”.

No se trata de negar que, en ciertos sectores, la industria del videojuego puede ser, efectivamente, un lugar en el que fluyan ciertos puntos de vista que tiendan a un modo de sentir más radical, pero no más que lo que sucede en la propia vida de cada uno. Asociar videojuegos con política ultraderechista es, simple y llanamente, un error.

NPR además, y según apunta exquisitamente Kotaku en su artículo, no ha ofrecido lo que toda gestión periodística que se precie ha de ofrecer: fuentes de peso y pruebas irrefutables. Podría ser cierto que determinados videojuegos estén siendo manipulados para reclutar menores o adultos susceptibles y radicalizarlos ideológicamente hacia la ultraderecha, pero, de momento, esto no puede comprobarse o demostrarse empíricamente.

Con esto no se implica que el artículo de NPR esté completamente equivocado, o que no pueda informar de cosas que están pasando en el mundo de los videojuegos, pero tanto el contenido como la forma de hacerlo están errados. Aludir a un sentimiento sensacionalista como “los videojuegos crean Nazis” sin tener un buen armazón de ejemplos verificables y unos argumentos sólidos que apoyen esa tesis, es más una labor de difamación del medio que de información al espectador.

Esperemos, por el bien de la industria y por el bien de nuestra cordura mental, que este tipo de publicaciones dejen de lanzar acusaciones y mala prensa contra un sector como el del entretenimiento digital, más concretamente, contra el de los videojuegos. Todo en exceso es malo, hasta algo tan inocuo como el agua, y no por eso dejamos de beberla o creemos que nos hará daño si no existe un fundamento de peso que nos haga pensar lo contrario.

Y con esto es igual. Que existen grupos radicales dentro de la comunidad gamer: SÍ. Que probablemente ciertos juegos o sus comunidades cuenten con simpatizantes de las teorías neo-nazis: SÍ. Que esto implique que los videojuegos “creen a Nazis” o seduzcan a chavales para que vivan por y para la ultraderecha: NO. Hemos de ser más críticos con la información que nos rodea y, como medios, evitar, en la medida de lo posible, alarmar y generar mala prensa respecto a un sector de la realidad. Es lo justo, y es lo fundamentalmente necesario.

Mario Arias

Recolector incansable de contenedores de corazón y piezas de la Trifuerza, emisario de la Diosas en la Tierra de Hyrule y adorador de la Luz de la Espada Maestra. Me defino como Nintendero de corazón y Tolkiano de-mente. Studio Ghibli es mi religión.

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