Alex Kidd nació como un juego de Dragon Ball, no como enemigo de Mario

Todo aquel que tuvo, ha tenido o tiene una Master System, la consola doméstica de 8 bits firmada por SEGA, seguramente recordará el videojuego Alex Kidd in Miracle World. Era un título que empezó saliendo a la venta en formato cartucho, pero que a partir de 1990 venía integrado en la memoria de la consola, teniendo así siempre algo a lo que jugar incluso si el consumidor no podía costearse adquirir algún otro videojuego con la compra de la plataforma. 

El objetivo con el que el personajillo Alex Kidd llegó al mundo era competir con cierto fontanero bigotudo que estaba acaparando todas las miradas. Nintendo, con NES, estaba golpeando con una fuerza descomunal en el mercado. Había logrado que el público viera a las consolas como un juguete electrónico en lugar de como un complicado aparato informático y, además, había pegado más fuerte todavía gracias a Super Mario Bros., un plataformas que aún a día de hoy sigue siendo un referente. 

Sin embargo, esta historia no termina de ser del todo cierta. Resulta que Alex Kidd in Miracle World es un producto que nació como huida hacia adelante. Sus desarrolladores empezaron haciendo algo con una franquicia brutalmente popular. La idea original tras la aventura de Alex Kidd era desarrollar un videojuego basado en Dragon Ball, el más que conocido manganime firmado por Akira Toriyama.

Ese pequeño héroe que acabaría protagonizando un total de 6 juegos distintos, que iba por ahí lanzando puñetazos y jugándose la vida al piedra, papel o tijeras pudo no haber nacido nunca y, en su lugar, pudimos haber visto a Goku correteando y peleando por lo que acabaría siendo Miracle World.

Era el típico rumor de pasillo, o más bien de foro, que llevaba sonando décadas en las redes; pero ahora se ha corroborado su veracidad por completo. Se pensaba, incluso se decía, que lo que había tras el nacimiento de Alex Kidd in Miracle World era un problema de licencias que llevó a sus creadores a seguir con lo que tenían, modificar lo necesario y conformar un videojuego con el que salir al mercado. Y lo cierto es que era totalmente cierto.

El propio creador de Alex Kidd, Kotaro Hayashida, lo ha revelado hace poco en la publicación «Untold History of Japanese Game Developers», la misma que reveló al mundo la cinta de un Michael Jackson haciendo beatbox para la BSO de Sonic 3. Según el nipón, SEGA había movido toda la maquinaria para realizar un videojuego de Dragon Ball. De hecho, tal y como afirma, «el proyecto comenzó como un título de Dragon Ball, no como un competidor directo de Super Mario Bros.».

Algo sucedió, ya sabemos cómo va esto de las licencias (o si no, que se lo pregunten a la propia Nintendo), pero los planes tuvieron que cambiar de un momento a otro. «Cuando se nos dijo que no podíamos seguir usando la licencia de Dragon Ball, nos vimos en la obligación de recurrir a nuestras propias ideas», comenta Hayashida al respecto, «por ejemplo, cuando era Dragon Ball, Goku usaba su Bastón Mágico para golpear, pero lo tuvimos que cambiar a un puñetazo».

En ese preciso instante en el que todo se puso patas arriba y los nipones tuvieron que cambiarlo todo para no dejar ni rastro del Saiyan en sus años mozos, nació la idea de pensar en Alex Kidd como en una mascota. Es más, nació la idea de pensar en él como el gran rival de Super Mario. Debido a eso, buscaron todas las formas posibles de diferenciarlo y, de paso, darle una personalidad propia.

El resto ya, es historia. Ni bastones, ni nubes Kinton ni kimonos rojos en Alex Kidd in Miracle World (aunque sí un mono rojo y un aspecto que recuerdan vagamente al rey mono en el que se basaba el personaje de Toriyama). ¿Cómo habrían sido las cosas de no haber sido por el problema de licencias?, quizá Master System hubiera tenido un futuro muy diferente.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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