AlfaBetaRETRO: Elvira, Mistress of the Dark – Tus terrores favoritos

Se ha perdido el arte de disfrutar de las películas de terror baratas, y por qué no decirlo, malas como ellas solas. Un arte que implica pasarlo bien con algo pensado para pasarlo mal, y sin los medios para ello. Por eso, para ir calentando y preparando el estado de ánimo adecuado, ciertos espacios estadounidenses introdujeron la figura de un presentador que hacía las veces de embajador de la película en cuestión, contando sus virtudes, de tenerlas, y en definitiva, ir ablandando a la audiencia, aunque por lo general ya sabían a lo que venían. Imagina a Garci disfrazado de Drácula presentando, por ejemplo, Slugs: muerte viscosa, y ya lo tienes. 

Elvira, personaje que interpreta la actriz Cassandra Peterson, es probablemente la más famosa e imitada de estos conductores de espacios contenedores. Parodiada en Los Simpson como Pechuguella, por motivos que son evidentes, Elvira es una conocedora de las artes místicas que se asoma a los avernos más profundos para rescatar una cinta con la que deleitar a su público, aunque luego la ponga a caldo. Su característico peinado, vestido y manerismos le llevaron a aparecer en cómics, un largometraje no mucho mejor que los que ella misma presentaba, y claro está, videojuegos.

En plural, aunque si bien uno de ellos es un arcade no muy brillante, la sustancia está en los juegos de rol en primera persona que llevó a cabo Horror Soft, la misma desarrolladora que nos trajo Waxworks y que en Elvira, Mistress of the Dark está a pleno rendimiento. Monstruos, puzzles, despanzurramientos, hechizos, todas las posibilidades de una película de terror, pero sin preocuparse del presupuesto y con interactividad. ¿Qué más se puede pedir?

Elvira dejó su casposo programa de televisión tras heredar el castillo de sus antepasados, como se vio en el largometraje que se estrenó en cines. Pero sus dotes para la brujería van a ser necesarias, no para presentar películas, sino para levantar la maldición que pesa sobre el castillo y evitar que su tatarabuela Emelda, una poderosa y diabólica bruja que yace en sus profundidades vuelva a la vida. Pero Elvira no puede moverse libremente por el castillo y necesita tu ayuda. Pero podría costarte la vida de muchas maneras horribles.

El concepto de juego de rol en 1990 era algo diferente a como es ahora. Eso sí, Horror Soft, nacida a la sombra de Adventure Soft, llevaba tiempo tomando apuntes. Y en Elvira, Mistress of the Dark, están presentes los elementos característicos del género en el momento. Pero por encima de todos ellos hay algo que brilla con luz propia, y es la fenomenal atmósfera que el juego logra transmitir. Algo para lo que la potencia de un Amiga, un Atari ST o un Commodore Amiga, venía muy bien gracias a su poderío gráfico y sonoro.

Así con una banda sonora de fondo basante desasosegante y hasta un poco machachona, nos presentamos en el castillo de Killbragant para ver de inmediato que algo no va bien. Algo no cuadra con el primer guarda que nos sale al paso, comenzando con que tener los ojos completamente en blanco, muy sano no puede ser. El caso es que el tipo en cuestión, ataviado con ropajes medievales, nos encierra de buenas a primeras y ha de ser la propia Elvira, que nos había pedido ayuda, quien nos rescate y nos ponga al día. Hay que dar con una serie de objetos para poder elaborar el conjuro y disponer de las armas con los cuales destruiremos definitivamente a Emelda antes de que recupere su poder y vuelva a la vida.

Para ello, hay que explorar a fondo el castillo desplazándonos o bien clicando sobre el propio decorado o usando los iconos para poder moverse o incluso girarse para cambiar la  orientación, pero eso sí, con cuidado, porque los enemigos acechan. Y como en Alone in the Dark, donde jamás un puñado de polígonos dando forma a un zombie verdoso había dado tanto miedo al aparecer renqueante en pantalla, los guardas de Emelda harán acto de presencia de improviso y con malas intenciones.

Ahí entra el sistema de combate del juego, que como el movimiento también dispone de dos opciones. O bien pulsar sobre la pantalla o hacer uso de los iconos de ataque y defensa según toque. Y es que los enfrentamientos alternan estas fases pudiendo encadenar varios ataques seguidos, pero si nos bloquean o fallamos, nos tocará protegernos. Además de ver aparecer heridas en los enemigos conforme los vamos trinchando, el golpe de gracia provocará que suelten un alarido digitalizado de los que hielan la sangre. 

Pero los humanos poseídos y disfrazados son, aunque vayan armados, el menor de los problemas. En el castillo hay otra clase de criaturas a las que la magia de Emelda han traído del submundo, y que representan una más que seria amenaza. De hecho, si no disponemos de los objetos y armas adecuados, ni los podemos usar a tiempo antes de que se lancen a por nosotros, estas criaturas nos obsequiarán con un desfile de muertes que culminarán con un delicioso vistazo al rostro inerte de nuestro avatar, el cual aparecerá mutilado de grotescas maneras. Lo podremos ver con los ojos sacados, la garganta desgarrada, decapitado y hasta con su cabeza flotando en un diabólico puchero. Entre otras. 

Con todos estos elementos, Elvira, Mistress of the Dark, es un juego de rol que no es complicado de manejar, algo que ha hecho que perdure bastante bien, con un apartado gráfico muy destacado para su época, y en resumen, uno de los juegos que, en aquellos tiempos en los que los ordenadores de 16 bits estaban intentando plantar cara a las consolas en el mercado doméstico, figura entre los más mítico. En buena parte por su crudeza, pero también porque consigue lo que otros RPGs más fantásticos no pudieron, cautivar a un público más amplio y pescar en las aguas del fantaterror con éxito. 

Juan Elías Fernández
 

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