AlfaBetaRETRO: Final Fight 2 – ¡Alcalde, tú eres necesario!

 

El miedo a salir de noche no tiene cabida en Metro City desde que Mike Haggar, Cody y Guy pusieron los puntos sobre las íes a la banda Mad Gear, y es que a quién se le ocurre meterse con el alcalde equivocado. Cuando la visión apocalíptica de los pandilleros impulsada por The Warriors y casi una década después por Double Dragon parecía empezar a estar pasada de moda, Capcom anotó desde tres sin tocar el aro con su arcade Final Fight, portado a multitud de sistemas con desigual suerte. Y entre ellos, brillaba con luz propia Super Nintendo, en donde el cartucho era esgrimido como uno de los principales anzuelos para que los usuarios compraran la consola.

Final Fight para Super Nintendo, sin embargo, también se quedaba algo cojo. Especialmente por la eliminación de Guy de entre los personajes jugables, algo que se subsanó con una edición en la que el ninja se incorporaba a filas… se retiraba Cody, con lo que poco se ganaba. Teniendo en cuenta que los tres personajes cubrían tres posibles combinaciones de habilidades, siendo Haggar el fuerte, Cody el equilibrado y Guy el ágil, era como si faltara un pedazo de alma del juego.

Quizá Capcom buscó una especie de compensación en 1993 con el lanzamiento, en exclusiva para el Cerebro de la Bestia, de Final Fight 2, la secuela a este primer título que, notoriamente, no procedía de los arcades, pero bien hubiera podido ser una conversión. Y curiosamente también, en esta ocasión si ofrecía tres personajes en plantilla a elegir. Repite Haggar, que no se pierde una, y se incorporan Maki y Carlos en sustitución de Guy y Cody, pero con su mismo espíritu y jugabilidad. Ahora, no obstante, la lucha contra Mad Gear no se limita a Metro City, sino que va a tener carácter internacional.

Tiempo después de que Haggar, Cody y Guy despacharan a Belger y con ello desmantelaran la banda criminal Mad Gear, el alcalde de Metro City sigue haciendo de su ciudad un lugar mejor mientras Guy se retira a seguir con su entrenamiento y Cody se toma unas merecidas vacaciones en pareja. Pero los efectivos remanentes de Mad Gear tienen muy mal perder y la toman con Rena, la prometida de Guy, y el padre de ésta, Genryusai. Haggar recibe una llamada de Maki Genryusai, hermana de Rena, en la que le pone al día del secuestro de ambos y de una pista de apunta hacia Hong Kong, donde se cita con el antiguo luchador de wrestling. A ambos se les une Carlos Miyamoto, amigo personal de Haggar que se ofrece a prestarles su ayuda. De nuevo, comienza la lucha final contra Mad Gear, esta vez a lo largo de varios países del globo.

Con más experiencia y tino en el desarrollo de juegos para Super Nintendo, Capcom demuestra que la máquina era perfectamente capaz de albergar un port de Final Fight bastante mejor que el que recibió en su día con esta secuela, que en cierto modo se puede tomar una carta de disculpa. Y es que en el juego original no solo un ninja menos, sino que tampoco figuraba el modo cooperativo que permite a dos jugadores luchar codo con codo de manera simultáneamente por las calles de la ciudad más conflictiva del mundo. No es el caso de Final Fight 2, que llena las carencias de Final Fight en la máquina de 16 bits. Pero a cambio, se inventa otras nuevas.

Jugablemente, Final Fight 2 no es muy diferente de Final Fight. Tres personajes a elegir, y de nuevo tres perfiles para encarar la partida como mejor se desee. Haggar, ya lo conocemos, regresa a la acción con su fuerza física por bandera, pero en estos años no ha aprovechado para aumentar su agilidad. Para cubrir el frente ágil pero a costa de no propinar demasiado daño, está Maki cubriendo la vacante de Guy. Y para poner el punto equilibrado, pese a suponer un overbooking de ninjas llega Carlos, un sosías de gesto torvo de Cody.

Cada uno de ellos dispone de las formas de ataque habituales, consistentes en atacar con una sucesión de golpes que culmina en un combo devastador para la energía enemiga, dos ataques aéreos con patada voladora y un golpe descendente si pulsamos el botón de ataque y la dirección abajo mientras estamos en el aire, y un especial que se activa con los botones de salto y ataque presionados simultáneamente y que se cobrará algo de nuestra salud, pero que nos servirá para quitarnos de los alrededores a los enemigos más persistentes.

En este aspecto, y al margen de las preferencias, el más vistoso vuelve a ser Haggar, que aunque no ha dado el salto a la serie hermana Street Fighter, es la verdadera cara de la franquicia Final Fight, junto sus súplex y sus martinetes demoledores. El único que puede ejecutar estas maniobras a partir de agarres, puesto que Maki y Carlos se conforman con castigar un poco a los malhechores y proyectarlos en un lanzamiento. El trío tiene a su disposición armas que pueden recoger, pero aquí es donde empiezan las sombras de este juego. Y es que ni la tonfa ni la viga de madera, las dos nuevas opciones que se ponen a disposición junto con el regreso del cuchillo, salen a cuenta salvo por su mayor alcance. Su lenta cadencia hace que al final la mejor arma sean los tres protagonistas, un arma por sí mismos.

El tour mundial, y eminentemente euroasiático de Haggar y demás, con reminiscencias de Street Fighter, no sienta tan bien como debería. Metro City, pese a su variedad de escenarios, daba una mayor sensación de cohesión. Aquí los tres héroes vagan de un país a otro sin mucho orden ni concierto siguiendo la pista del nuevo líder de Mad Gear, que resulta estar escondiéndose en Japón, la escena del crimen. Igual, invirtiendo el refrán, para esas alforjas no hacía falta tanto viaje. Tampoco lo que ha dejado la riada en Mad Gear es muy inspirado. Los enemigos, salvo por la reincorporación de las tres generaciones de Andore y de Rolento, no son especialmente memorables, incluyendo a los nuevos jefes, de los que quizá Won Won por ser el primero y el excéntrico Philippe sean la excepción más llamativa. Ni el jefe final, Retu, con pintas estilo kabuki, es la sombra de lo que era Belger.

Por eso, más bien parece un intento por parte de Capcom de demostrar que podían haber hecho un Final Fight fiel a la recreativa si hubieran esperado unos años más. Pero claro, el crono estaba en contra. Eso sí, que nadie piense que Final Fight 2 es un mal juego, en lo más mínimo. Es la experiencia Final Fight en su esplendor, aunque aún se pueda mejorar. La llegada de Street of Rage a Mega Drive sirvió para que Capcom se pusiera las pilas y buscara algo nuevo en Final Fight 3, pero esa ya es otra fechoría a la que el alcalde Haggar se enfrentará en otro momento. Todos somos contingentes, Haggar, pero tú eres necesario.

Juan Elías Fernández

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