Assassin’s Creed: Origins: La trayectoria de la saga más icónica de la década

Atención, este artículo contiene SPOILERS de la saga Assassin's Creed.

Por increíble que parezca ya han transcurrido diez años desde que Ubisoft lanzó al mercado una de las mejores ideas que hayan tenido nunca. Se trata de aquella en la que un sujeto del presente podía introducirse en una máquina llamada Animus y revivir los recuerdos de sus antepasados. A partir de ahí empezamos a conocer la eterna e incansable lucha entre los Asesinos y los Templarios, que ha llegado hasta nuestros días.

La saga, como ya sabrás, es Assassin’s Creed y nació en noviembre de 2007, cuando la mencionada compañía gala nos presentó la historia de Altaïr Ibn-La’ahad, un arrogante y tozudo Asesino que, por sus radicales métodos, es obligado a comenzar desde cero. En entonces cuando empieza a descubrir el verdadero significado de lo que implica ser un Asesino en la época de la Tierra Santa y la Tercera Cruzada. El primer Assassin’s Creed siempre fue criticado por ser algo tedioso, pero nos dejó a uno de los mejores Asesinos de todos los tiempos.

Aunque no lo parecía por aquel entonces, la historia de Altaïr no se había acabado de contar. Y, de hecho, se estaba empezando a contar la de Desmond Miles, un camarero de nuestra época arrastrado a las instalaciones de Abstergo y obligado a revivir los recuerdos de sus antepasados. Es por ello que más tarde saltamos a la Italia renacentista, donde nos topamos con un noble florentino que se ha convertido en historia viva de los videojuegos y en todo un icono.

Hablamos de Ezio Auditore de Florencia, que asistía atónito en Assassin’s Creed 2 a la ejecución de los hombres de su familia por una traición que no habían cometido. Sin saberlo, Ezio se estaba metiendo de lleno en una misión de venganza que le llevaría décadas de su vida. Décadas en la que decenas de conocidos, que él no sabía que eran Asesinos, le fueron instruyendo desde la sombra hasta convertirse en lo que fue al final.

Así llegamos hasta La Hermandad, donde Ezio ya es uno de los líderes de la Hermandad de los Asesinos en Italia y esta vez debe ir a Roma para terminar la misión que hace tiempo evitó cumplir: matar al ahora investido Papa Rodrigo Borgia. Aquí comenzamos a codearnos con otros Asesinos de menor rango que nos ayudaban en nuestras misiones, aunque la destreza del antiguamente noble florentino eran muy superiores a la de cualquier otro pupilo al que pudiera enseñar.

La historia de Ezio (y la de Altaïr, como te habíamos dicho) no había terminado. En Revelations controlábamos a un Ezio ya entrado en años que abandonaba sus tareas de mentor de la Hermandad en Italia y viajaba a Constantinopla con la esperanza de encontrar respuestas a las preguntas que se había hecho toda su vida. Lo que buscaba era la biblioteca de Masyaf, en la que Altaïr supuestamente había oculta toda la sabiduría y el conocimiento obtenido durante esos años.

De hecho, durante el transcurso de Revelations también podemos volver a ponernos en la piel de Altaïr para descubrir qué ocurrió tras los hechos del primer Assassin’s Creed y de que Ibn-La’ahad derrotara al traidor de Al-Mualim. Su romance, su vuelta a Masyaf y otros problemas que se produjeron allí. Revelations fue infravalorado, pero a nivel de carga narrativa y emocional es uno de los grandes logros de la franquicia de Ubisoft.

Durante todos esos videojuegos Desmond había ido puliendo sus habilidades como Asesino, algo que se negó a hacer cuando era pequeño y decidió fugarse a la gran ciudad para evitar su destino. Al final se lo encontró de frente. También tuvo que superar la trágica muerte de Lucy Stillman, a quien los dioses le obligaron a matar por tener implicaciones con el bando contrario, los templarios. Lo cierto es que nunca se supo escrutar las intenciones de Lucy. Con razón.

Es así como llegamos a Assassin’s Creed 3, el último videojuego de la saga en la que la historia del presente es fundamental para entender lo que hacemos en el pasado. En ella conocimos a Ratonhnhaké:ton, también conocido como Connor Kenway, un nativo americano forzado a abandonar sus tierras por el transcurso de la guerra civil en Estados Unidos, en la que toma gran parte. Sin embargo lo más interesante de la historia de Connor es su relación con Haytham Kenway, su padre. Un templario.

El prólogo controlando a Haytham es otro de los grandes momentos de la saga y descubrir que en realidad no era Asesino fue todo un shock. Los dimes y diretes, los tiras y afloja y la continua sensación de Connor de no saber por dónde le va a salir por su padre es el gran logro del videojuego, así como cerrar la historia de Desmond Miles de forma acertada. Nuestro Asesino del presente tuvo que elegir, pero era una elección fácil de hacer: sacrificó su vida para poder salvar el futuro de la humanidad y la Tierra.

Fue a partir de Assassin’s Creed IV: Black Flag cuando todo cambió para la saga. El presente se impersonalizó, dejo de ser importante, y nos centramos siempre en las historias pasadas. En Black Flag nos poníamos en la piel de Edward Kenway, un pirata de los mares del sur y, lo más importante, el padre de Haytham y el abuelo de Connor. Su historia como Asesino es difusa, como buen pirata, pero a pesar de alejarse tanto de la esencia de la saga para muchos es uno de los mejores videojuegos de la franquicia.

No tardó mucho en llegar una nueva ración de Assassin’s Creed. Con el salto definitivo a la nueva generación se optó por centrar todos los esfuerzos en una entrega llamada Unity y dejar solo para la antigua generación otra llamada Rogue. La primera de ellas fue un fracaso a nivel de rendimiento, lo que lastró a todo el producto. Arno Dorian no fue un gran Asesino, pero su historia de amor con su hermanastra templaria Élise de la Serre fue el gran punto de interés de la trama de un juego ambientado en el París de la Revolución francesa.

Rogue aprovechó muchos de los elementos que hicieron grande a Black Flag y nos presentó la historia de un Asesino cansado de los métodos drásticos de la Hermandad y que se cambió de bando. Al fin pudimos ver las cosas desde otro punto de vista gracias al templario Shay Patrick Cormac. Y llegamos hasta la que hasta ahora ha sido la última entrega canónica de la franquicia, el particular Assassin’s Creed: Syndicate.

En este videojuego controlábamos a los gemelos Jacob e Evie Frye, dos Asesinos del Londres de la época victoriana que debían liberar a su pueblo de la tiranía de un malvado templario. No estamos ante el producto más inspirado de la franquicia, pero indudablemente los personajes son para guardarlos en la memoria, especialmente el de Evie. Y así llegamos hasta Assassin’s Creed: Origins, que dará un golpe de timón a la franquicia con toques roleros y una ambientación nunca antes vista.

De la mano de Bayek y de su águila Senu nos iremos hasta el Antiguo Egipto, donde el protagonista también parece querer zanjar algún tipo de venganza. Los detalles argumentales se han guardado celosamente para no estropear la historia a ningún fan de la saga. A lo largo de los años ha habido otras entregas secundarias de la serie que nos han presentado otros muchos Asesinos, pero hoy hemos querido quedarnos con los principales para aligerar el texto y que fuera una lectura más amena.

Recuerda que Assassin’s Creed: Origins está a la vuelta de la esquina, pues se lanza en PlayStation 4 y Xbox One el próximo 27 de octubre. Mientras esperas al lanzamiento de lo que promete ser uno de los grandes videojuegos del año te invitamos a que nos dejes en la caja de comentarios cuál es tu juego favorito de la saga, tu Asesino predilecto y más querido y tus momentos más recordados de esta saga de auténtica leyenda.

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