Bienvenidos al Infierno

6074

No es nada nuevo. Las mitologías y las vertientes más místicas de las religiones han servido durante mucho tiempo para inspirar todo tipo de novelas, películas o discos. Y en la mayoría de los casos siempre rodeadas de una cierta polémica que, por lo general, no ha servido más que para crear expectativas y que se ha ido poco a poco diluyendo con el tiempo.

Pero desde hace ya bastantes décadas, el Infierno bíblico ha sido, de una manera más o menos fidedigna, un referente continuo dentro del mundo del ocio. Ya lo encontremos en discos de Rock and Roll, en cintas de terror y sobre exorcismos o, cómo no, en videojuegos. Una temática que en la actualidad va alejándose de cualquier tipo de tabú moral y sí sirviendo de inspiración a muchos creativos de todo el mundo para presentar historias contundentes y, en ocasiones, políticamente incorrectas.

El caso más claro de un videojuego de ambientación satánica o infernal es el de Doom. Un título de PC que rompió moldes allá por 1993, pero que también se llevo bastantes palos como consecuencia de su temática y considerable carga violenta. En Doom no nos enfrentábamos a enemigos más o menos convencionales, sino a demonios salidos de lo más hondo del Infierno. O al menos eso parecía. El juego, que empezaba con una base marciana y un experimento fallido, en ningún momento profundizaba en el origen de sus criaturas ni tampoco hacía referencia directa al tema de la religión. Es más, da la impresión de que en Doom disparábamos a demonios como podíamos disparar a cualquier otra cosa. No obstante, el juego sí contaba con símbolos muy característicos: cruces invertidas, sacrificios humanos, posesiones (algunos enemigos eran soldados manejados por espíritus), pentagramas, etc. Y en los últimos niveles, el territorio de Marte parecía dejar lugar a niveles en llamas que daban la impresión de estar sacados del Infierno, sí.

Todas estas características hicieron que Doom fuera un juego casi tan polémico como exitoso e, igual que anteriormente había sucedido con el mundo de la música, muchas voces moralistas extremas lo criticaran con dureza. Finalmente la sangre no llegó al río, y Doom ha logrado convertirse en una representativa serie de acción que ha influido a muchos juegos posteriores y cuya cuarta entrega ya está en desarrollo.

Pero aunque Doom sea el caso más claro de títulos influidos por una ambientación infernal, no es ni mucho menos el único. Otro ejemplo muy evidente -aunque infinitamente menos polémico- es el del juego de rol Diablo. Un RPG clásico cuya tercera parte está apunto de ver la luz y cuya estética está sin duda muy próxima a ciertas ideas satánicas. En Diablo las fuerzas del bien y del mal (ángeles y demonios) se enfrentan en una guerra ancestral entre la luz y las tinieblas. Con el Armagedón como telón de fondo, su historia presenta no sólo al Diablo como enemigo, sino también a otros demonios legendarios como Baal o Mefisto. Posiblemente, eso sí, su estilo épico y fantástico haya salvado a esta serie de sufrir un gran acoso o caer en la polémica, pese a todo.

Curiosamente, estos dos casos, Doom y Diablo, no solamente han servido para crear un estilo propio, sino que han inspirado inevitablemente juegos posteriores que han mantenido tanto su jugabilidad como su corte narrativo. O lo que es lo mismo, su carga infernal. En el caso del primero, por ejemplo, podríamos hablar de Painkiller, un shooter desarrollado por People Can Fly y que logró un considerable éxito en 2004. En Painkiller manejábamos a un héroe que, tras fallecer, iba de cabeza al Purgatorio (otro lugar religioso habitualmente frecuentado en el mundo de los videojuegos). Allí un enviado de Dios nos ordenaba encargarnos de eliminar a criaturas de Lucifer. Sorprendentemente, ni Painkiller ni otros títulos influidos por Diablo, como el clónico Requiem of Hell, despertaron, pese a sus oscuras temáticas, ningún revuelo.

En realidad, y pese a lo que aseguran algunos, los videojuegos nunca han profundizado en ningún tema religioso. O  dicho de otra manera, su desenfado les ha impedido enfocar el concepto del satanismo como algo serio o maduro. Al menos por lo general. Para encontrar un acercamiento algo más contundente habría que buscar en uno de los videojuegos cuya trama es más importante: Max Payne. La adulta obra de Remedy, pese a su carácter moderno y policiaco, nos enfrentaba durante su desarrollo a un mafioso llamado Jack Lupino, obsesionado con el Armagedón, que había convertido el garito Ragnarok en un sectario santuario de culto satánico. De hecho, este nivel de Max Payne es, incluso a día de hoy, uno de los más interesantes y recordados de todo el juego original.

Por supuesto, los demonios y otras criaturas mitológicas han servido como inspiración a multitud de juegos, algunos de ellos realmente clásicos y desenfadados, como Ghosts n’ Goblins o Castlevania, donde las figuras de diablillos han estado siempre muy presentes. En el caso de este último en concreto, hemos visto cómo a lo largo de sus infinitas entregas nos enfrentábamos a monstruos como el propio Belcebú o Súcubo, ambos asociados desde siempre a la tradición cristiana. En la última entrega de la serie, Lords of Shadow, el estudio Mercury Steam fue más allá e incluso decidió sustituir al tradicional Drácula por otro enemigo final: el propio Satán, en una épica lucha entre el orden y el caos.

De hecho, no es Lords of Shadow la primera historia que asocia al mítico rey de los vampiros, Drácula, con la figura del Diablo, ya que hasta su propio nombre viene a significar algo así como “el hijo del diablo”. Aunque el tema de los vampiros en el sector lo dejaremos para otro día…

El caso es que en tiempos modernos, concretamente en la actual generación, hemos podido ver muchos más juegos con ambientaciones infernales, incluso dejando de lado series como Devil May Cry, en la que el protagonista de la serie, Dante, era ya de por sí el descendiente de un poderoso demonio. Títulos como el divertido Shadows of the Damned, donde nuestro personaje tenía que enfrentarse a todo el Infierno para salvar a su verdadero amor.

Aunque quizás el caso más rotundo de mitología cristiana, cómo no, lo encontráramos hace unos pocos años en Dante’s Inferno, la libre adaptación de Electronic Arts y Visceral Games de la clásica obra de Dante, La Divina Comedia. Un juego en el que las referencias religiosas estaban más presentes que en ningún otro, más que nada porque todo su desarrollo se llevaba a cabo, precisamente, en los nueve anillos que según el autor italiano formaban el Infierno.

Sea como fuere, una cosa es cierta: sería casi imposible repasar todos los videojuegos que han tomado del satanismo o la ambientación infernal algunos elementos, en la mayoría de los casos en forma de enemigos o guiones épicos (otro ejemplo más podría ser el recordado Darksiders, protagonizado por los jinetes del apocalipsis). Pero lo que sí es posible es darse cuenta de cómo un tema históricamente censurado y lleno de prohibiciones ha ido influyendo cada vez más a una industria tan joven y popular como la de los videojuegos. Una clara demostración de que los tiempos cambian y de que las cosas, especialmente las más complejas, prefieren transformarse que desaparecer.

Enrique Luque de Gregorio

Publicaciones relacionadas

Cerrar