Cómo un hijo arruinó The Legend of Zelda: Breath of the Wild a su padre

Cómo un hijo arruinó The Legend of Zelda: Breath of the Wild a su padre

The Legend of Zelda: Breath of the Wild es uno de los mejores títulos actuales, así como uno de los mejores juegos protagonizados por el salvador de Hyrule. Algo que destaca sobre todo y principalmente por la gran libertad que disponemos durante nuestra aventura, que consigue evitar cualquier sistema de guiado propio del resto de juegos.

Sin embargo, como ha descubierto recientemente un padre, tal vez esta libertad de decisión, y el hecho de no contar con ningún sistema propiamente dicho más allá de nuestra propia memoria para saber por ejemplo qué santuarios hemos superado ya y cuales tenemos todavía pendientes; pueda acabar convirtiéndose en un gran problema.

Todo empezó, como narra el autor de los hechos en Kotaku, cuando su hijo de cuatro años le pidió jugar a “su juego”. Este juego no era otro que The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Y cuando su padre aceptó, en lugar de crear una nueva partida permitió a su hijo continuar desde uno de sus datos guardados, sobre todo por la dificultad que podría suponerle al pequeño hacerse con armaduras y armas de más avanzado nivel.

Sin embargo, lo que su padre no esperaba era que, no solo su hijo lograra dominar la pantalla de selección de armas, y optara por deshacerse de las mejores que tantas horas le habían llevado conseguir a su padre para sustituirlas, por ejemplo, por cucharones; sino que, además, el pequeño decidiera ir a por Bokoblins, una de las criaturas más débiles del juego, con todo su arsenal de flechas, y, lo que es peor, que usara sus más de 50 flechas de guardián para derrotar a estos enemigos.

Sin embargo, todo esto podría salvarse regresando a una de las partidas guardadas anteriormente, algo que ahora tampoco tendrá ningún remedio porque Nintendo Switch solo permite guardar hasta siete partidas distintas de The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Sin embargo, esta consola no estaba preparada para la decisión del hijo de este pobre padre, porque no contento con haberle fastidiado una partida en la que había invertido más de 140 horas, decidió ponerse a guardar cada poco tiempo una partida que ni siquiera era la más reciente. Lo que ha obligado a su padre a tener que preguntarle cuáles son los santuarios que le quedan ahora por resolver, entre otras cosas.

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