Cosas que es más difícil hacer en los videojuegos que en la vida real

Cosas que es más difícil hacer en los videojuegos que en la vida real

Los videojuegos hacen que las cosas difíciles parezcan fáciles. Cuando nos adentramos en una obra de ocio electrónico de golpe y porrazo nos convertimos en investigadores, exploradores, historiadores o soldados entrenados durante años. Hacemos cosas que en la vida real ni imaginaríamos o que resultarían extremadamente difíciles, pero, sin embargo, hay cosas que es mucho más fácil hacer en la cotidianidad de nuestro día a día.

Es precisamente por ello que hoy queremos acercarte un listado con algunas de las cosas que creemos que es más fácil hacer en la vida real que en los propios videojuegos, por increíble que parezca. A continuación te dejamos una selección de nuestras propuestas pero, como siempre, te invitamos a que nos dejes en la caja de comentarios las tuyas propias para generar debate con otros lectores interesados en participar de él.

Nadar

No sabemos qué ocurre con el agua en los videojuegos pero pocos personajes del ocio electrónico saben nadar con garantías. Algunos mueren nada más rozar el agua, mientras que otros nadan de forma ortopédica y muy antinatural. Con solo unas lecciones cuando éramos niños todos aprendimos a nadar y no vemos la dificultad de plasmarlo en los videojuegos. Cuesta encontrar un personaje con un nado acertado.

Moverse lentamente

La mayoría de jugadores no tienen paciencia y quieren llegar cuanto antes a su destino en los videojuegos. Es por ello que, por defecto, nuestro personaje suele ir al trote, pero si lo deseamos también puede esprintar. No obstante, lo que en la vida real hacemos a diario, que es caminar, es muy difícil de hacer en el ocio electrónico. Muy pocos juegos nos permiten caminar y para hacerlo debemos movernos muy, muy despacio.

Conducir de forma segura

Aunque los accidentes de coche, por desgracia, forman parte del día a día de la humanidad, lo cierto es que solemos conducir con cautela y rara vez tenemos algún percance. Sin embargo, en los videojuegos ocurre todo lo contrario. Tenemos más prisa, sabemos que no corremos peligro y la IA en ocasiones es impredecible, de modo que los atropellos, los choques frontales y los daños materiales están a la orden del día.

Acompañar a alguien

Todos hemos ido caminando por la calle junto a nuestra familia, amigos o pareja al mismo ritmo y sin ninguna complicación. Sin embargo, en los videojuegos parecen misión imposible. Si hemos de acompañar a alguien mientras nos explica una misión o la historia de un lugar tendremos un serio problema, pues nuestro personaje irá más despacio que él si vamos al menor ritmo posible, e irá más deprisa si queremos acelerar un poco.

Esquivar obstáculos

Cuántas veces nos hemos encontrado con una mesa bloqueando un pasillo y hemos tenido que dar la vuelta al mundo para poder rodearla en los videojuegos. En la vida real no nos complicaríamos tanto la vida: podríamos optar por apartarla o en caso de ser demasiado pesada podríamos pasar por encima o por debajo. Estas acciones tan sencillas no suelen contemplarse en los videojuegos y no sabemos por qué motivo.

Mantener con vida a los amigos

Lo cierto es que a no ser que trabajemos en un empleo de alto riesgo en el que debamos combatir a la delincuencia nadie en la vida real debe preocuparse por la vida de sus amigos. Pero la cuestión va mucho más allá. En los videojuegos, si nos vemos acorralados por el enemigo y tenemos por nuestra propia vida vamos a dejar a los aliados atrás. Si no son imprescindibles para la historia que se busquen la vida, las cosas como son.

Tomar decisiones

Puede parecer estúpido, pero realmente creemos que en muchas ocasiones tomar una decisión es más fácil en la vida real que en los videojuegos. A no ser que se trate de una cuestión muy peliaguda, el ocio electrónico nos suele poner en más aprietos, pues después de haber pasado decenas de horas jugando a un mismo título decidir qué final queremos ver es muy duro, sobre todo teniendo en cuenta que podemos equivocarnos y quedarnos con el malo, que nos dejaría un mal sabor de boca.

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