Cosas que los jugadores de videojuegos negamos hacer y acabamos haciendo

Cosas que los jugadores de videojuegos negamos hacer y acabamos haciendo

Aunque a todo gamer que se precie le agradaría hacer siempre gala de una conducta intachable, lo cierto es que en ocasiones no podemos evitar llevar a cabo algunas de las cosas que siempre nos gusta criticar. Por eso la mayoría de ellas es mejor realizarlas, siempre que sea posible, en la más absoluta intimidad de nuestras partidas.

A veces es difícil determinar los motivos que nos llevar a comportarnos así, pero en ocasiones necesitamos, por ejemplo, recargar el arma del protagonista incluso cuando solo hemos disparado una bala, hacer añicos todos los objetos y elementos rompibles del escenario para satisfacer nuestras ansias destructivas o, por qué no, guardar la partida de forma compulsiva incluso cuando acabamos de hacerlo.

Las razones no están claras, pero son actitudes que prácticamente cualquier usuario ha puesto en práctica en algún momento de su vida. Y si no, presta atención a todos estos comportamientos que solemos negar y en los que, sin embargo, siempre acabamos cayendo. ¿Con cuál te sientes más identificado?

Destruir hasta el último objeto

Todo jugador querría alardear de su elegancia en cualquier videojuego que se cruce en su camino, aunque en ocasiones no es posible. En lugar de resolver el puzle correspondiente y seguir avanzando, quizás acabando con algunos enemigos por el camino, una extraña fuerza nos obliga a destruir todos los objetos del escenario antes de pasar al siguiente. 

Comprobar si una caída es mortal

No hay nada más atrayente que una pendiente pronunciada o, aún mejor, un enorme precipicio. Cualquier opción es buena para probar la resistencia de nuestro protagonista. ¿Será capaz de sobrevivir a tamaño salto? Por qué conformarnos con confeccionar una hipótesis cuando podemos comprobar cuánto de cierto hay en nuestras sospechas.

Rejugar la aventura siendo el malo… o no

Los videojuegos que permiten tomar buenas o malas decisiones son muy propicios para rejugarse más adelante. Lo más probable es que, en la primera partida, cualquier gamer que se precie escoja las opciones más generosas con el prójimo, convirtiéndose así en el héroe de la aventura. Por eso resulta tan tentador volver a experimentarlo todo desde el otro lado… hasta que compruebas que, sin saber cómo, vuelves a escoger las decisiones propias del bueno de la historia.

Recargar, solo recargar

Si hay un gesto propio de los gamers ese es el de recargar el arma del protagonista, una actitud normal si queremos estar preparados para enfrentarnos a cualquier enemigo. No obstante, en muchas ocasiones llevamos esta mecánica hasta las últimas consecuencias y recargamos incluso cuando solo hemos disparado una bala. Y es que una sola bala puede, por qué no, marcar la diferencia.

Presionar los botones con la máxima fuerza

Todos los aficionados a los videojuegos sabemos que, si un ataque funciona bien pulsando un botón, aún lo hará mejor si lo presionamos con todas nuestras fuerzas. En realidad sabemos que no es así, pero el gesto de apretarlo hasta que salga por el otro lado del mando es tan necesario como satisfactorio, aunque realmente no tenga ninguna utilidad.

Acusar de tramposo a cualquier contrincante

No hay nada peor que hacer el ridículo contra el rival de turno. Puede ser un amigo sentado a nuestro lado en el sofá o un completo desconocido que nos apaliza desde la tranquilidad de su hogar. Sea como sea, probablemente esté haciendo trampas y así se lo haremos saber. ¿Cómo puede si no ganarnos con tanta facilidad y si quiera sin despeinarse.

Guardar la partida y volver a guardar

Pese a servir de anfitrión para nuestras partidas, a veces no confiamos en nuestras consolas u ordenadores. Por ese motivo, cuando leemos en pantalla que la partida se ha guardado satisfactoriamente, en lugar de apagar el equipo con total tranquilidad, en muchas ocasiones preferimos asegurarnos y volver a guardar para evitar cualquier disgusto posterior.

Omitir los diálogos

Todos los gamers somos amantes de las grandes historias, aunque en ocasiones simplemente estamos deseando iniciar la partida y jugar compulsivamente. Precisamente por eso nos estresamos cuando, en un videojuego, nos asaltan con continuos diálogos que no dejan de interrumpir la acción ¿Y si los omitimos? Más adelante no entenderemos nada, pero al menos disfrutaremos a corto plazo.

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