Crítica de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos: ¡Ya la hemos visto!

Después de conseguir llegar a la Montaña Solitaria Bilbo y los enanos en El Hobbit: La desolación de Smaug, éstos liberaron a un mal que puede asolar el mundo, puesto que el dragón Smaug se encuentra lleno de furia y se dirige a la ciudad de Lago para convertir en cenizas todo lo que encuentre a su paso. Bilbo está preocupado por la obsesión de Thorin con el oro acumulado en la Montaña Solitaria, pero más aún por su obsesión por encontrar la Piedra del Arca.

Por su parte, Gandalf debe conseguir liberarse para avisar a hombres, elfos y enanos de que un mal antiguo ha vuelto, y que sus millares de orcos parten hacia la guerra para arrebatar a Thorin y a los enanos la Montaña Solitaria, un lugar estratégico con el que expandir el mal por toda la Tierra Media. Una batalla se avecina, una que implicará a cinco ejércitos, nada menos.

Después de presenciar donde dio por finalizada la segunda parte de la trilogía Peter Jackson, era obvio que dado lo poco que quedaba por adaptar del libro, el realizador neozelandés volvería a hacer de las suyas y alargaría la trama con tal de alcanzar más de dos horas de metraje. Sin embargo, esta tercera parte prometía una aventura épica repleta de acción de principio a fin, donde lo poco que quedaba por adaptar del relato de J.R.R. Tolkien se extendiese para ofrecer un conflicto bélico sin precedentes, una batalla mastodóntica que reconciliaría al cineasta de 53 años con los fans de los libros (o simplemente de las películas) que se sintieron defraudados por la innecesaria maniobra de Jackson y Warner Bros. de alargar un libro de 300 páginas hasta convertirlo en una trilogía de ocho horas de duración (sin contar ediciones extendidas). Pero eso sólo ocurre a medias.



Esto es debido a que si bien la primera entrega, El Hobbit: Un viaje inesperado, se trataba de una adaptación bastante fiel del libro, que sólo se apoyaba puntualmente en los apéndices para poder estirar la trama y darle más trasfondo a la historia (eso sí, con algunas licencias y personajes inventados o recolocados), El Hobbit: La desolación de Smaug se alejaba de la trama plasmada por Tolkien y divagaba de forma poco apreciada por los fans, así como también recuperaba (de nuevo) personajes que ni estaban ni se les esperaba en la historia original ideada por Tolkien para su relato de El Hobbit. Finalmente, esta tercera entrega que cierra la trilogía vuelve a ser más fiel al libro, aunque de nuevo se toma múltiples licencias artísticas para cerrar la aventura de los personajes, tanto los "originales" como los añadidos.

De esta forma, Peter Jackson intenta despedirse a lo grande de la Tierra Media, donde ansía recuperar la épica y sentimentalismo que tan bien funcionó en la trilogía de El señor de los anillos en general y en El retorno del rey en particular. A pesar de su loable esfuerzo, el director encalla en su reproducción de la épica, donde debido a los inevitables recortes del metraje para la versión emitida en cines, la anunciada descomunal batalla final se ve mutilada de forma flagrante, puesto que se queda empequeñecida por los cortes realizados en el metraje; lo que deja una sensación no sólo de insatisfacción, sino que ésta podría ser la primera entrega de las seis adaptaciones realizadas por Peter Jackson que de verdad merezca una edición extendida, que no sólo dé más brío a la batalla final, sino que dé más consistencia a su incompleto final, que se queda algo cojo en última instancia.



A pesar de esto, El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos supera a lo ofrecido en La desolación de Smaug, puesto que no sólo es más entretenida, sino que aporta muchas escenas de acción de las que disfrutarán todos aquéllos a los que les entusiasmaron las dos primeras partes, pero que dejará frío a aquellos espectadores que buscaban algo más, algo diferente o, simplemente, algo más atrevido.

Por todo ello, esta entrega final es la que más acción tiene y la que menos minutos necesita para plasmar su idea de la Tierra Media, un vehículo perfecto para conectar totalmente con La comunidad del anillo; donde, de forma más o menos precisa, sabe buscarle un final a cada personaje, aunque el conjunto de esta trilogía precuela se queda muy lejos de la trilogía original, a la cual intenta alcanzar incesantemente, pero se convierte en un intento vano.

Así pues, no hay nada nuevo en el horizonte, nada que despierte a los espectadores que busquen más que una batalla campal idéntica a la ofrecida en El retorno del rey, aunque cambiando lugar y personajes, con un desarrollo de la batalla que se aleja de lo escrito por Tolkien, pero que sabe reflejar lo fundamental de su final, los momentos clave, aunque Jackson lo haga a su manera. De esta forma, La batalla de los cinco ejércitos es una cinta repleta de acción y coraje, que puede ser disfrutada por aquéllos que no se hayan leído el libro, pero también por aquéllos que aún habiéndolo saboreado la obra de Tolkien consigan evadirse y quieran disfrutar de esta adaptación libre y grandilocuente. Porque, a pesar de sus defectos, la cinta de Jackson es una cinta entretenida y disfrutable, pero no es el final apoteósico y redondo que muchos estaban esperando. 

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