Crítica de Joy: ¡Ya la hemos visto!

El viernes 8 de enero se estrena en las carteleras españolas la película Joy, la nueva película de David O. Russell, responsable de La Gran Estafa Americana y El Lado Bueno de las Cosas. La cinta cuenta con un reparto en el que destacan Jennifer Lawrence (X-Men: Días del Futuro Pasado), Robert De Niro (El Becario), Bradley Cooper (El Francotirador), Isabella Rossellini (Enemy), Diane Ladd (Just Before I Go), Édgar Ramírez (Líbranos del Mal), Virginia Madsen (Dead Rising: Watchtower), Elisabeth Röhm (Blood Father), Dascha Polanco (Orange Is the New Black), Jimmy Jean-Louis (Heroes Reborn) y Madison Wolfe (True Detective), entre otros.

La cinta está basada en la vida real de Joy Mangano (Jennifer Lawrence), una humilde trabajadora de Long Island que, a su pesar, es el principal pilar y sustento de su desestructurada familia. Sin embargo, su vida de penurias y problemas financieros podrá dar un vuelco si consigue convencer a inversores que apuesten por un invento que patenta. De esta forma, empezará una carrera que le llevará a ser uno de los rostros más reconocibles de la teletienda americana de la época.

Así arranca la nueva película de David O. Russell, que vuelve a apoyarse en sus tres intérpretes fetiches, es decir, Jennifer Lawrence, Robert De Niro y Bradley Cooper. En esta ocasión es la protagonista de Los Juegos del Hambre la que mayor protagonismo posee, así como la verdadera artífice de que prospere esta película a la que le falta el potencial y carisma que atesoró El Lado Bueno de las Cosas. 

Así, Joy se sustenta por una sobresaliente Lawrence que rescata este irregular melodrama que adolece de una falta de rigor y estructura a la hora de contar la vida de Joy, perdiéndose en flashbacks, voz en off y personajes poco definidos e intranscendentes que sólo sirven para entorpecer la labor de la joven protagonista, que sigue afianzando su posición en Hollywood.

A pesar de que Joy es de las pocas películas que puede enorgullecerse de superar el test de Bechdel, presentando personajes femeninos sólidos, especialmente el de la protagonista; David O. Russell no acierta con el tono de la película y su evolución, limitándose a sobrevivir a base del talento y actuación de Jennifer Lawrence, inmersa en su actuación más natural, sutil y carismática hasta la fecha.

La facilidad con la que la actriz logra que el espectador empatice con el personaje de Joy no sólo merece una nominación a los Globos de Oro y a los Oscars, sino que se la puede considerar sin reparos como su mejor trabajo hasta la fecha, incluso mejor que su intervención en El Lado Bueno de las Cosas, por la que ganó el Oscar a Mejor Actriz Principal en el año 2012.

Sin embargo, mientras que Jennifer Lawrence asciende y todo lo que realiza ante la cámara parece natural, resulta totalmente opuesta la intervención del resto de reparto, con unas flojas y artificiales intervenciones de Bradley Cooper, Robert de Niro e Isabella Rosellini. Mención aparte merece Édgar Ramírez, el ex-marido de Jennifer Lawrence en la película, un actor que últimamente está en todas partes pero que no consigue ser trascendente en ninguna, demostrando que tiene más talento su representante que él.

Curiosamente (y extrañamente), las nominaciones de Joy a los Premios Globos de Oro vienen de las categorías de Mejor Película y Actriz de Comedia o Musical, cuando la cinta tiene las mismas dosis de humor que Marte, de Ridley Scott, también nominada ilógicamente en dicha categoría.

En resumen, Joy es una película irregular y desestructurada que consigue su objetivo de entretener en base a aferrarse en la actuación de Jennifer Lawrence, que nos regala una de sus mejores y más naturales actuaciones de su prometedora carrera. Más allá de la protagonista, todo parece sacado de un culebrón televisivo de sobremesa.

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