Crítica El destino de Júpiter: ¡Ya la hemos visto!

Los hermanos Andy y Lana Wachowsky llevan años intentando repetir el éxito cosechado con Matrix, una cinta que cambió el cine de acción y ciencia ficción para siempre. Sin embargo, su suerte es esquiva, o tal vez es que no aciertan con el proyecto adecuado. Así pues, tras las decepcionantes Speed Racer y El atlas de las nubes, han decidido fundar su propio universo, pero terminan perdiéndose en la enfarragosa mitología que ellos mismos han creado.

En esta ocasión, cuentan cómo una limpiadora de casas llamada Jupiter Jones (que la gusta que la llamen Jupi y está interpretada por Mila Kunis) descubre que es la reencarnación de una poderosa reina, fallecida tiempo atrás y que dejó su legado a tres codiciosos hijos que ahora se pelean por la herencia. Para protegerla y evitar que la maten antes de que reclame un legado que desconoce que tiene derecho a él, es enviado a rescatarla Caine (Channing Tatum), un ex militar genéticamente modificado. Caine y su amigo Stinger (Sean Bean) deberán protegerla de los secuaces de Balem (Eddie Redmayne), que quiere matarla antes de que desvele su verdadera identidad.

Así arranca esta nueva epopeya de los Wachowski, que se aturullan en su intento de crear una nueva franquicia espacial, pero que terminan mostrando una enrevesada y tonta cinta que dedica más tiempo a desplegar sus innegables encantos artísticos que en profundizar en una trama liosa que oscurece lo que podía haber sido una refrescante historia de ciencia ficción. De esta forma, su puesta en escena en la recreación de alienígenas, planetas y naves espaciales no consigue sustentar una trama que, aunque original, hace aguas por todos los lados.

La propuesta es interesante, no cabe duda, el trasfondo que plantea y sus momentos divertidos con la burocracia espacial resultan entretenidos, así como la idea de que la Tierra no sólo no es el único planeta habitado, sino que simplemente es la propiedad de una familia milenaria que la usa como cultivo, y que está esperando a que madure para sacarla beneficio. De esta forma, la vida en la Tierra sólo es una forma de negocio, como quien tiene una granja donde cría cerdos.

De esta forma, los personajes enseñan a la protagonista que el bien más preciado del universo no es la riqueza o el poder, sino el tiempo, algo que han conseguido obtener de forma ilimitada gracias a sus adelantos científicos en el campo de la genética. Sin embargo, aunque los Wachowski aseveren que el tiempo es el bien más preciado del universo, eso no significa que sepan cómo demostrar a los espectadores que bien merece la pena gastar ese valioso tiempo viendo su película, demasiado irregular y complicada en sus dos horas.

Así pues, la cinta tiene la rara cualidad de ser un producto infantil envuelto en un aura de grandilocuencia que enturbia el espectáculo. Porque, a pesar de eso, la película tiene grandes dosis de acción, y escenas de acción muy adrenalínicas, aunque algunas acaben siendo demasiado liosas, en cuanto a planos y giros de cámara que consiguen desviar la atención del espectador. Y, para colmo, [SPOILER] no muere Sean Bean, un chasco para sus fans [SPOILER].

En resumen, la nueva cinta de los hermanos Wachowski termina siendo un paso en falso, un asombroso espectáculo visual envuelto en una trama demasiado liosa en su planteamiento final. Definitivamente, los tiempos en los que Andy y Lana sorprendieron al mundo con Matrix han pasado a mejor vida, y ni el encanto de Tatum con las escenas de acción pueden levantar por sí solo una cinta en la que el espectáculo visual no es suficiente sustento para un espectador que merecía más por gastar su valioso tiempo, el bien más preciado del universo.

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