Crítica Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina: ¡Ya la hemos visto!

Crítica Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina: ¡Ya la hemos visto!

Este 31 de marzo se estrena en las carteleras españolas el largometraje Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina, una de las películas más esperadas del año, la adaptación a la gran pantalla del anime de Masamune Shirow.

Rupert Sanders
(Blancanieves y la Leyenda del Cazador) es el encargado de llevar a las salas de cine el manganime más aplaudido de Masamune Shirow, uno de los causantes de la irrupción en masa del anime adulto en Occidente. Bajo un guión de William Wheeler, se encuentra un reparto encabezado por Scarlett Johansson (Capitán América: Civil War), Michael Pitt (Boardwalk Empire), Juliette Binoche (Godzilla), Michael Wincott (Westworld: Almas de Metal), Pilou Asbæk (Ben-Hur), Takeshi Kitano (Outrage), Joseph Naufahu (Juego de Tronos), Chin Han (Independence Day: Contraataque), Kaori Momoi (Emperador), Yutaka Izumihara (Red Billabong), Tawanda Manyimo (Slow West), Lasarus Ratuere (The Mule) y Rila Fukushima (Terra Formars).

Narra la historia de la Mayor (Scarlett Johansson), un híbrido cyborg-humano femenino único en su especie, que trabaja en operaciones especiales y dirige un grupo operativo de élite llamado Sección 9. Su misión y único objetivo en la vida es detener a los extremistas y criminales más peligrosos. Pero la Sección 9 deberá enfrentarse a un enemigo diferente, cuyo objetivo principal consiste en anular los avances de Hanka Robotic en el campo de la cibertecnología.



Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina es una cinta arriesgada, que ya desde el principio tuvo que soportar las embestidas de los haters en Internet que se quejaban de que Hollywood se atreviera a llevar a la gran pantalla la obra maestra de Masamune Shirow, para después seguir sufriendo las iras de los que la tildaban de occidentalizar una película con personajes japoneses. Si bien es cierto que la película cuenta con intérpretes asiáticos, su máximo exponente es Takeshi Kitano; el cual se limita a hablar en japonés, ya sea para iniciar una conversación a la que le responden en inglés (o en castellano en la versión doblada) o para responder en su idioma patrio cuando le preguntan en otra lengua, donde todos fingen entenderse a la perfección a pesar del choque inexplicable de idiomas.

Pero más allá de esta anécdota, no deja de ser cierto que si Hollywood pone el dinero es obvio que busque un reparto con interés internacional, y nada mejor que contar con Scarlett Johanson, una actriz de fama y talento mundial, y que aquí sabe defenderse con un papel complicado, aunque en algunas escenas parezca que se le ha olvidado andar. A ello ayuda la estética y el diseño de producción, a la altura del material original, que muestra un futuro híbrido entre el visto en Blade Runner y la saga de videojuegos Deus Ex; en el que los avances tecnológicos y cibernéticos rivalizan con el deseo humano de modernizar y evolucionar sus cuerpos.

Así pues, uno de los puntos más fuertes de la película, además de sus espectaculares efectos especiales, es saber exprimir las imágenes más icónicas de la película de anime y reproducirlas de forma fidedigna y auténtica, sin que quede forzado en la mayoría de ocasiones. También suma puntos un entorno que ayuda a disfrutar de una excelente inmersión con este peligroso futuro que diseñó Shirow y que cada día es más factible.

Sin embargo, la cinta de Rupert Sanders se desinfla cuando intenta innovar más allá del material original, añadiendo explicaciones y escenas que no eran necesarias y que no fortalecen la trama, sino que la debilitan. Así pues, los mensajes de alerta que diseminaba Shirow durante su relato acerca de los peligros de la deshumanización, y la irrupción de la inteligencia artificial, a la que parece estar condenada nuestra civilización se diluyen entre escenas de acción, que aunque espectaculares impiden que el espectador salga de la sala de cine replanteándose el destino al que parecemos abocados.

Así las cosas, Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina cumple como cinta de acción, con grandes dosis de adrenalina, efectos especiales potentes (especialmente el espectacular traje geotérmico) y una estética y puesta en escena que están a la altura del metraje original. Sin embargo, pierde en la elaboración del guión y desarrollo de la trama, donde los neófitos del material original sentirán cierta desconexión, debido a su argumento lineal y previsible; donde sin entrar en spoilers solo hay que recalcar que han cambiado el trasfondo de la historia y detonante de la acción por algo más banal y manido que el mostrado en el anime.

En resumen, Ghost in the Shell: El Alma de la Máquina se sitúa como un buen blockbuster, una excelente adaptación del anime en cuanto a la reproducción de sus planos y secuencias más icónicas, pero que se desinfla al innovar en la trama y desvincularse de las connotaciones geopolíticas y filosóficas que se recogían en el material de Masamune Shirow.

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