Crítica San Andrés: ¡Ya la hemos visto!

Este viernes 26 de junio se estrena en las carteleras españolas la película San Andrés, dirigida por Brad Peyton, el mismo que se encargó de tomar las riendas de Viaje al Centro de la Tierra 2: La Isla Misteriosa (protagonizada también por Dwayne Johnson) y también responsable de Como Perros y Gatos: La Revancha de Kitty Galore.Si crees que con esos antecedentes las expectativas no son buenas, estás en lo cierto.

Esto es debido a que Peyton y Johnson usan de base un terremoto de 9,6 en la Escala Richter para elaborar una película que sólo se edifica en los espectaculares efectos especiales, pero que tiene un guión tan sólido como los pilares de los edificios que el espectador ve derrumbarse allá donde mire. De esta forma, el flojísimo guión firmado por Carlton Cuse se fundamenta en un cúmulo de tópicos, personajes manidos y una sucesión de acontecimientos de éxtasis previsibles.

Así pues, es inevitable contemplar el enésimo padre divorciado arrepentido que daría su vida por su ex-mujer y su hija, el mejor en su trabajo y que realiza sus hazañas siempre salvado por la campana. Pero todo se permite si se nos apabulla con un sinfín de efectos especiales que destrozan las ciudades de Los Angeles y San Francisco, pero que realmente no aportan nada nuevo a otras cintas catastróficas, ya sean filmadas en la década de los 70 ó firmada por Roland Emmerich (2012, Asalto al Poder, El Día de Mañana, Godzilla e Independence Day demuestran quien es el verdadero rey del género catastrófico).

Tampoco importa la historia de amor tonta de la hija, los diálogos absurdos o la destrucción por la destrucción, siempre que ésta dé vía libre a que nuestro héroe intente cumplir su promesa por mucho que la naturaleza intente evitarlo. De esta forma, todo vale como vehículo de lucimiento de Dwayne Johnson y como vano intento de recuperar (por enésima vez) el cine catastrófico, que de poco sirve los efectos especiales de última generación si lo despojan de alma y sentido.

En resumen, San Andrés no deja de ser un producto entretenido pero evitable, digno de ser visto en el sofá de casa, tapado con una manta y propio de la programación de sobremesa comprada al peso por las cadenas de televisión. Es decir, si buscas destrucción, la encontrarás; pero si buscas algo más, te has equivocado de película. 

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