Diez desgarradores, e hilarantes, testimonios de jugadores

Los jugadores son una especie que habría que inventar si no existiera. Más que nada porque, además ser variada y pintoresca, tienen anécdotas para dar y tomar. Que tire la primera piedra quien esté libre de pecado, que seguro que todos hemos contado nuestras batallitas y además hemos disfrutado con ello. Pero pocas veces te podrán emocionar y hacerte reír historias de jugadores de videojuegos como los testimonios que tienen para ti los usuarios de uno de los foros más famosos de Internet.

Reddit ha registrado varias confesiones narradas por sus usuarios en primerísima persona, y Dorkly se ha ocupado de recopilar algunas de ellas. Varias son hilarantes, otras en cambio dan que pensar, y en todas sabrás reconocer o identificarte con algún aspecto de tu afición por los videojuegos. Lee lo que otros usuarios en el mundo cuentan (o no) a sus amistades cuando surge el tema:

Teamemb99: «A los 15 me escondía bajo la cama para que mi madre creyera que me había ido al colegio, y luego me pasaba el día jugando a Runescape».´

gitjch: «En el instituto le mentía una chica con la que salía y le dije que me iba de viaje con la familia a visitar a unos parientes durante una semana. En realidad, acababa de llegar al nivel 60 en World of Warcraft y quería una semana de raids sin interrupciones».

billbapapa: «Había un juego de Buffy Cazavampiros para Xbox. A mi esposa, entonces novia, le encantaba. Un día estaba en clase mientras yo jugaba con sus compañeros de piso, y descubrimos que si enchufas los mandos en los ports 2 y 4 controlas a los malos. No le dijimos nada, se puso a jugar y nosotros mientras hacíamos tonterías con los vampiros y los demás malos. Estaba tan metida en el juego que no se daba cuenta de que éramos nosotros los que hacían que lucharan entre ellos, se tirasen de precipicios y demás. Fue divertidísimo verla volverse loca».

Oppaisama: «De niños, mi amigo y yo jugábamos a Diablo 2. Quedábamos los viernes después del colegio y hacíamos como que nos íbamos a dormir a las 11, nos escapábamos de la cama, abríamos paquetes de chucherías y jugábamos hasta el amanecer. Esto fue antes de que tuvimos una conexión a Internet lo bastante buena como para jugar online. Yo monté el servidor y jugamos un par de semanas hasta que me cansé de no ganar bastante botín. Encontré un trainer en la red que aumentaba los drops, rareza de ítems y puntos de experiencia, fingí problemas en los servidores y lo instalé, y cuando empezamos a obtener runas y equipo que no habíamos visto nunca en el Acto 3 negué tener nada que ver. Fue divertido, pero me di cuenta de que no podíamos seguir así, así que lo desactivé minutos después. Pero se quedó como aquella vez que fuimos superafortunados con el botín del Acto 3. Mi amigo se lo dijo a todos nuestros otros amigos y tuve que jugar con ellos y mentir hasta que nos pasamos a otros juegos. Nadie dudó jamás de nosotros».

linkrules2: «Cuando tenía 5 o 6 años me compraron Pokémon Amarillo. Fuí al Bosque Verde, y mi Pikachu solo tenía 1 o 2 puntos de vida. Tenía mucho miedo de morir. Entré en batalla y le di mi Game Boy a un amigo, rogándole que ganara y que no muriera. Ganó, y me pareció asombroso. Luchó contra un Metapod».

Squirrel Fucker: «Me gusta relajarme disparando con rifle a gente [en Battlefield 2] tras un largo día. Me pone contento lo que les irrita. Luego cambio de posición y vigilo mi antiguo escondite mientras espero a que el jugador furioso venga a por mí».

JethroC: «Nunca se lo he contado a nadie, pero mientras jugaba a League of Legends, uno de mis amigos dijo que se iban a cambiar de nombre. Sabía que no duraría, porque nunca lo hacía, siempre volvían al nombre viejo. Así que me hice otra cuenta con su nombre original, y un par de semanas después se quejaron de que no podían cambarlo. Yo no dije nada».

Dejamza: «Yo era adicto a World of Warcraft. Y cuando digo adicto, quiero decir que jugaba siempre que podía. Recuerdo levantarme a las 7 un viernes y no moverme de la silla salvo para ir al baño hasta el sábado a las 3. Luego dormía 4 horas y repetía el proceso durante 5 días. Solo se interrumpió cuando tuve que ponerme a trabajar. Comía aperitivos que pudiera tomar rápidamente sin perder tiempo. Casi me olvidé de bañarme porque trabajaba media jornada y muchas veces desde casa. Cuando tenía que ir al trabajo no hacía más que quejarme de no poder jugar. Apenas tenía amigos, solo hablaba con 3 o 4 de mi grupo, sobre todo Kuga, nuestro druida, y Duubb, nuestro sacerdote. […] Con el tiempo perdí salud. Mi dieta eran chips de tortilla y pastelitos. Un día, Kuga y Duubb dijeron que iban a salir fuera de la ciudad y que no estarían, así que no me conecté ese día porque no quería jugar solo. Ni al siguiente, ni al otro, ni al otro. Y tras el tercer día me miré al espejo. Mis ojos estaban hundidos, privados de sueño, estaba sucio, tenía el pelo y la piel grasientos, y había perdido la forma física que tenía en el instituto. Me dí asco a mí mismo. Así que paré. No dije ni adiós. Me expliqué con mi grupo por Ventrilo, pero nadie se enfadó, de hecho, para mi sorpresa, me desearon lo mejor. No tenía ni idea de que se preocuparan tanto por mí. Seis años después estoy en una feliz y saludable relación, estudio una ingeniería informática y tengo un trabajo con el que ahorro para mudarme con mi novia. Aún juego a World of Warcraft, pero no tanto como antes. Si mi yo adicto me viera ahora, me diría que me he vendido, o algo así. No me podría importar menos, porque estoy mucho mejor.

scijior: «Una vez rompí un sillón reclinable porque me frustré con un juego. Para desbloquear algo en Soul Blade tenías que jugar en el nivel difícil. Y yo lo quería. Jugué una y otra vez. Y sin importar mi habilidad, coordinación y elecciones, la CPU me ganaba siempre. Inexplicablemente, lo pagué con el asiento. Y luego, lo conseguí. Y ahora, dos décadas después, lo confieso online y me siento como un gilipollas».

valiegirl: «De niña quería una Game Boy cuando salieron. Por desgracia, mi madre tenía que cuidar de dos hijos sola y no se lo podía permitir, así que, obviamente, quedé desolada. Años después, mi madre se pudo permitir una Game Boy Advance SP, y tengo que confesar que, hasta este día, ha sido una de mis posesiones más preciadas, y aún la tengo en la carcasa que me compró mi madre para evitar que se rayara. Mi marido se rió la primera vez que la vio en toda su gloria plastificada, pero me da igual. ¡Esa cosa sobrevivirá al paso del tiempo!».

 

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