Donkey Kong y Mario tienen su origen en dos famosos personajes

Donkey Kong y Mario tienen su origen en dos famosos personajes

Hablar de Donkey Kong es hablar de historia del videojuego. El gorila con corbata al que todos conocemos comenzó sus andanzas de la mano de un tipo con martillo que nació como Jumpman y que al tiempo acabaríamos llamando Mario. Ambos se enfrentaban en una máquina arcade con la que Nintendo quería comenzar a conquistar el mercado estadounidense tras una serie de fracasos que no auguraban nada bueno a la compañía.

Los de Kioto habían sabido aprovechar las boleras vacías de Japón elaborando un juego conocido como Laser Clay Shooting System. Ideado por el padre de Game Boy, Gunpei Yokoi, e impulsado por el presidente de la compañía por aquel entonces, Hiroshi Yamauchi; este concepto tardó poco en calar entre el público nipón. Su mecánica consistía en disparar a una serie de pájaros proyectados sobre una inmensa pantalla con unas armas falsas que determinaban el error o el acierto mediante unos sensores de luz (sí, de ahí la idea de Super Scope).

La por entonces juguetera se estaba adentrando en un terreno nuevo y algo pantanoso. Aplicar los conceptos de la informática al entretenimiento era un terreno casi estéril, y hacía falta mucha creatividad e ingenio para comenzar a plantarlo con algo atractivo al público. Su primera incursión fue todo un éxito. Esta pista de tiro falsa causó furor en el País del Sol Naciente, impulsando a los japoneses a desarrollar más máquinas similares con otros sistemas de juego que comenzaron a imitar las ideas vistas en los primeros videojuegos. Pero quedaba el salto más importante, colarse en Estados Unidos.

El primer intento no fue nada bien. Con Nintendo of America siendo todavía un proyecto lejano, la Gran N estrenó en E.E.U.U. una máquina con la que quería dar un paso hacia el frente en materia visual, Radar Scope. En realidad, se trataba de una especie de Invaders, un juego que había causado un boom casi febril en territorio americano, pero con unos gráficos muy mejorados, capaces de impresionar a cualquiera por la época. ¿El problema?, que fue un absoluto desastre.

Yamauchi trató de seguir adelante y conseguir algo con lo que enganchar a ese público tan nuevo y distinto al nipón, y entonces tuvo la gran idea. ¿Por qué no recurrir a un personaje famoso y hacerlo protagonista de un título novedoso? Poco tardaría en hablar con un jovencísimo y prometedor Shigeru Miyamoto para encargarle algo, el desarrollo de una recreativa protagonizada por Popeye.

La idea que tuvo el creativo fue algo que no se había visto hasta entonces. Popeye tendría que ir saltando y esquivando objetos que Brutus le arrojaba a través de unos andamios con el fin de rescatar a su eterno amor, Olivia. Como concepto, su esencia era la de un plataformas, pero aplicado al terreno de las máquinas arcade. Tenían una idea muy buena y los primeros prototipos, aunque con problemas, ya perfilaban algo más que interesante.

 

Comenzaron los litigios. A pesar de que todo parecía ir viento en popa, ligeros desacuerdos con King Features Syndicate (propietaria de los derechos de Popeye) hicieron que se rompiera cualquier atisbo de acuerdo y que Nintendo tuviera que pensar otra forma de sacar partido al concepto que estaba dando forma. Ahí entró Miyamoto y comenzó a idea algo simple, pero que fuera capaz de aprovechar esa pequeña historia que se había introducido.

Brutus pasó a ser un gorila algo tontorrón pero sin malicia, Donkey Kong; Olivia cambió por completo de nombre y estética, aunque se trató de mantener cierta similaridad con la forma del pelo, ahora era Daisy. Y el último, Popeye, pasó a ser un hombre con peto y gorra rojos y camiseta azul, un tal Jumpman. Acababa de plantarse el primer germen de uno de los mayores iconos de la industria del videojuego, y todo por un desacuerdo.

Lo más curioso es que esta historia no quedaría ahí. De hecho, a los pocos años Nintendo se vería enfrascada en más problemas judiciales con Universal City Studios al ser acusada de plagio y uso indebido de la imagen de King Kong. Sin embargo, el joven Howard Lincoln (encargado de la distribución por aquel entonces en territorio americano) movió ficha y contrató a John Kirby para ganar el primero de tantos casos en los que la Gran N se ha visto envuelta, destapando que, en el fondo, todo se trataba de un intento de estafa con el que sacar un buen montón de dólares. Tal fue la magnitud de este acontecimiento que, a los pocos años, Lincoln acabaría siendo presidente de Nintendo of America.

El juego que lo comenzó todo tenía unos orígenes muy distintos a lo que acabamos recibiendo, pero el resultado es algo que ha marcado historia y que, aun más de 30 años después, sigue siendo el centro de muchas miradas.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

Publicaciones relacionadas

Cerrar