Dos hombres y una cuenta de juego de 2.000 dólares: basado en hechos reales

Atentos, que esto lo coge un director de cine y os hace un dramón de padre y muy señor mío para esas tardes tontas de manta y chocolate. Nuestra historia comienza en China, donde el joven Wang, enganchado a un juego multijugador online cuyo título no ha trascendido, no estaba satisfecho con sus progresos. Cuando parecía que la gloria le estaba vetada supo de la posibilidad de comprar cuentas de terceros y adquirir sus personajes.

Así fue como, relata Kotaku, Wang conoció a Han, un jugador que vendía a su personaje de alto nivel y todo su equipo. Wang le compró la cuenta por unos 2.000$ y se dispuso a disfrutar de su recién adquirido campeón. Y vaya si lo hizo, Wang le sacó provecho al personaje de Han hasta el punto de dejarse otros 4.500$ en mejoras de pago y suscripciones.

Y aquí salta la tragedia. Han se lo pensó mejor dentro del plazo legal de 90 días para dar marcha atrás en la cesión de su cuenta y Wang se vió privado del acceso a esta. Arrancado de la criatura virtual que aprendió a cuidar y amar, el disgusto de Wang fue aun mayor cuando Han se negó a devolverle el dinero, menos aún a pagarle los gastos adicionales. La cosa terminó en los tribunales donde Han, pese a ser chino, se hizo el sueco declarando no ser consciente de que le vendía su cuenta a Wang, pero las transferencias bancarias descubrieron el pastel. Wang no se quedó el personaje, pero al menos Han le tiene que pagar 4.000$, que ya es algo. La verdadera víctima aquí y quien más sufre, como siempre, son los niñ… perdón, queremos decir los personajes

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