Dragon Ball FighterZ me ha convertido en peor persona de lo que ya era

Estamos viviendo un gran momento en el mundo de los videojuegos. Durante el pasado año ya llegaron grandes títulos que hacían presagiar que la industria se había asentado con la generación actual de consolas y que nos ofrecerían títulos mucho más completos y potentes en todos los sentidos. 2018 ha comenzado por los mismos derroteros, y es algo que debemos celebrar por todo lo alto. Estos primeros meses han estado cargados de juegos de lo más interesantes, aunque hay uno de ellos que ha podido con mi paciencia y me ha obligado a caer bajo en esto de los videojuegos.

Hablo de Dragon Ball FighterZ. Antes de nada quiero aclarar que me parece un videojuego soberbio y que sabe ensalzar a la perfección lo que es la esencia de la creación de Akira Toriyama. De hecho, realicé su análisis y quedé realmente satisfecho con el resultado global del videojuego. No obstante, con el paso del tiempo, he descubierto que hay cosas en esta entrega de Arc System Works que me han hecho descubrirme de manera mucho más profunda como jugador y de toparme con aspectos que no me han gustado nada.

Veréis, desde que los videojuegos implementaron el sistema de logros y trofeos, me he convertido en todo un buscador empedernido de estas hazañas. Intento completar cada título al que me enfrento para sacarle el mayor jugo posible y disfrutar de todas sus prestaciones. Pero con Dragon Ball FighterZ he llegado a mi límite. Siempre he intentado realizar esta ardua tarea dentro de la legalidad y de las normas que incluye el propio sistema, aunque esta vez he caído en la tentación y he sido absorbido por el ki de Freezer y compañía, en mayor medida que por el de Goku y su tropa.

Estoy hablando de la vertiente multijugador. Todo aquel que haya intentado conseguir (o que ya lo tenga) el trofeo de los 530.000 PC de poder en las partidas mundiales sabe la dinámica del mismo. Hay que vencer en partidas en línea para poder alcanzar ese rango de poder, permitiendo obtener un máximo de entre 4000 y 5000 PC por combate. Hasta ahí todo parece correcto, el problema viene cuando por cada derrota ese contador disminuye de manera significativa. Y puede parecer una tarea sencilla hasta alcanzar los 300.000 PC, pero de ahí en adelante no se puede saber que Daburas pasará. Aunque para mí se convirtió en todo un infierno.

Intenté por todos los medios conseguir el trofeo de manera legal, enfrentándome a rivales con diferentes tácticas, pero cuando observé que el contador descendía, bien por mi manqueza o bien por la habilidad del resto de jugadores, empecé a plantearme que tal vez me había marcado un objetivo imposible. Al menos eso pensaba hasta que descubrí que Bandai Namco no estaba penalizando los rage quit, lo que me hizo plantearme mi estrategia para alcanzar la meta. En un principio miraba la opción con recelo, pero cuando me estanqué en los 280.000 PC, comencé a repetirlo sin descanso.

Sé que es una práctica detestable, y la enorme cantidad de mensajes que tengo en mi bandeja de entrada de usuarios random lo certifica, pero era mi única ocasión de conseguir ese dichoso trofeo. El proceso fue sencillo, aunque de larga duración, porque en muchas ocasiones me topé con la horma de mi zapato, encontrándome con otros rage quitters en el camino, pero al menos merecía la pena hasta llegar al poder máximo de Freezer. Lo que no me ha merecido tanto la pena es darme cuenta de que esto me ha convertido en peor persona de lo que pensaba que era. Cuando me encontraba con un rival que me superaba en todos los aspectos, sentía una enorme satisfacción al cerrar el juego y dejarme con la miel de la victoria en los labios. E incluso se me dibujaba una sonrisa cargada de maldad en el rostro pensando en la reacción del rival o esperando su mensaje con insultos. Y así iba avanzando: golpe a golpe, verso a verso, robo a robo.

No es algo de lo que me sienta orgulloso, menos ahora que ya tengo el trofeo en mi poder. Pero la venganza es un plato que se sirve frío y aún no he podido completar Dragon Ball FighterZ en su totalidad por los 20 millones de zeni que hay que alcanzar en el juego. Posiblemente es una tarea especialmente ardua y que no logre completar, porque esto me ha hecho perder la paciencia que tanto atesoraba, pero es mi castigo por hacer trampas de una manera tan sucia para conseguir un simple logro digital. Tengo la esperanza de reinsertarme en la práctica legal, pero mientras tanto solo pido que desaparezcan este tipo de prácticas que requieran de una desorbitada habilidad (y suerte para no toparte repetidas veces con un jugador pro). Esta es mi confesión y espero mi penitencia.

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

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