El creador de Ori critica duramente desarrollos como los de Cyberpunk 2077 y No Man’s Sky

Las mentiras con tal de vender un juego son malísimas para el sector, según Thomas Mahler.

El nombre de Thomas Mahler quizá no te sea muy familiar, pero el de Ori sí. Se trata del director de Ori and the Blind Forest y Ori and the Will of the Wisps, dos metroidvania que han dado muchísimo que hablar por la comunión de mecánicas divertidas con un apartado artístico espectacular. El de Moon Studios se ha sumado a un debate sobre casos como el de Cyberpunk 2077 y las mentiras durante su desarrollo, acusando a los responsables de estas situaciones de auténticas «serpientes».

El padre de Ori carga contra CD Projekt RED, Hello Games y Molyneux

Lo ha hecho en los foros de ResetERA, apuntando primero en dirección a Peter Molyneux. El creativo francés causó un gran revuelo con las promesas de juegos como Curiosity – What’s Inside the Cube?, historia que no acabó demasiado bien. A partir de ahí, carga contra la generación actual y cuenta cómo No Man’s Sky llegó a robar varias portadas a Ori en su momento, aunque al final el juego acabó siendo un desastre rodeado de falsas promesas.

«Recuerdo a algunos periodistas de algunas publicaciones grandes contándonos que Ori casi iba a ser portada en algunas revistas que leía con frecuencia, pero finalmente eligieron No Man’s Sky porque era el ‘juego más grande'».

Mahler confiesa que se molestó bastante al ver que «todo ese hype se había construido en base a mentiras y el tío honesto que simplemente mostró su producto se llevó una patada en las pelotas porque el mentiroso fue capaz de inventar un cuento que no tenía sustancia alguna». Desde ahí, se lanza a por CD Projekt RED y Cyberpunk 2077 también, alegando finalmente que simplemente está cansado de mentirosos y de gente que no tiene reparo en decepcionar al resto. Duras palabras del creador de Ori, de quien ha creado dos de los mejores juegos que hemos visto en esta generación.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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