El día en el que Bethesda renunció a Juego de Tronos para hacer Skyrim

Decir que Juego de Tronos es, a día de hoy, todo un fenómeno de masas, es como afirmar que el césped es verde o el cielo es azul. La más que popular serie de la HBO lleva años arrasando en audiencia y tiene a medio mundo en vilo por saber cuál será el desenlace que traerá a las pantallas en 2019. Esta ficción, basada en las novelas escritas por George R.R. Martin, aunque ya con ciertas licencias, es un éxito rotundo.

Los libros en los que se apoya comenzaron a plagar las estanterías en 1996, aunque tardaron un poco en alcanzar la magnitud suficiente para convertirse en los best sellers que son a día de hoy. Fue esta versión, la original y también concluir, la que quiso dar el salto a los videojuegos hace ya un buen tiempo, y para ello decidió contar con los padres de Fallout y The Elder Scrolls, fueron directos a por Bethesda para proponerles algo muy sencillo: hacer un videojuego basado en Canción de Hielo y Fuego.

Un movimiento que tuvo que hacerse allá por el año 2008 o 2007 aproximadamente. La primera versión de Skyrim vio la luz en noviembre de 2011 y, desde entonces, se ha extendido por infinidad de plataformas con las que hemos visto estrenos incluso hace un año. Y es que sus responsables han querido maximizar los beneficios con la quinta entrega de Elder Scrolls sea como sea. Ahora, quizá entendamos un poco mejor el motivo. Fue, precisamente, Skyrim, lo que hizo que la compañía no creara el videojuego de Juego de Tronos.

El estudio, plagado de fans de Canción de Hielo y Fuego, estaba tremendamente entusiasmado por la propuesta que había recibido en su momento. No todos los días los responsables de una de tus sagas favoritas vienen a pedirte que la adaptes al sector en el que trabajas. Tal y como explicaría Todd Howard, productor ejecutivo de Bethesda, «al personal de nuestro estudio le gustaba la idea, y se acercaba a lo que estábamos haciendo».

Henchidos de entusiasmo, solo tenían un pequeño inconveniente: el desarrollo de The Elder Scrolls V: Skyrim estaba a punto de comenzar. Tener a la vista este comienzo fue algo que terció las ideas de todo el equipo, que estaba también realmente entusiasmado por poder trabajar en la creación de un mundo propio, en volver a expandir el universo que ya habían engendrado, pero dándole un toque jamás visto previamente.

«Queríamos hacer nuestro propio mundo», explicaba de nuevo Howard en unas declaraciones, «ahí es donde queríamos volcar nuestros esfuerzos. Antes de que comenzáramos a hacer Skyrim, hubo una charla con la gente de George R.R. Martin. Pensaron que era una buena fórmula, y nosotros también». El acuerdo parecía inminente, ambas partes querían y solo faltaba dar el «sí, quiero»; pero… «entonces, pensamos si era eso en lo que queríamos invertir nuestro tiempo. Aunque era tentador».

Al final, la creatividad pudo a las mentes de Bethesda, naciendo así lo que hoy conocemos como Skyrim. Rechazaron la oferta para volcarse en algo engendrado desde cero por sus propias manos y, aunque es digno de alabanza, también deja cierto resquemor por evadir algo con el éxito y el calibre de Juego de Tronos, de Canción de Hielo y Fuego.

Quizá vuelvan a retomar la idea ahora y nos sorprendan a todos. Quizá decidan sacarse esa espina que lleva tantos años clavada y aprovechar sus conocimientos y maestría para adaptar esta saga a los mandos. Quién sabe…

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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