El misterio de las monedas de oro de Shadow of the Colossus Remake ha sido resuelto

Colosal, imponente y misterioso. El espíritu de Shadow of the Colossus ha vuelto con el remake que acaba de llegar a PlayStation 4. La obra de Fumito Ueda, que embarca al jugador en una odisea para acabar con 16 gigantes, resucita más de 10 años después para traer consigo un nuevo secreto que ha puesto en pie a la comunidad de jugadores y que ha sido resuelto en un tiempo de récord.

El misterio de las monedas de oro que tenía a todos recorriendo el mapa del juego de arriba a abajo se ha solucionado. Gracias a la fundamental pista encontrada en los créditos del juego, que hacía alusión a un youtuber famoso por la profunda investigación del juego original, los usuarios han sabido que había un total de 79 de estas monedas escondidas. Ahora, el también youtuber PS4Trophies ha conseguido llevar a cabo la hazaña.

¿Qué ocurre una vez conseguidas todas? La recompensa es una nueva arma para Wander. El Templo de la Adoración esconde una cámara secreta que solo se abre cuando se reúnen estas piezas pequeñas repartidas por la Tierra Prohibida, y en su interior se encuentra la Espada de Dormin. Más poderosa que la normal, pero que merma la capacidad de regeneración de vida del protagonista.

Esta ubicación ha surgido como homenaje a Nomad, al que hace alusión la frase de los créditos. El exhaustivo fan del juego se dio cuenta de que había una pared distinta al resto en el Templo de la Adoración de la versión de PlayStation 2, y el misterio que envolvió a esta hizo que la comunidad acabara llamándola “La Puerta“. Ahora, en Shadow of the Colossus Remake, el equipo ha decidido que sea una puerta en el sentido más literal de la palabra, y que tras ella se esconda este tesoro.

¿Habrá algo más tras la Espada de Dormin? Los usuarios, intrigados, siguen haciendo sus cábalas al respecto. Comienza una nueva búsqueda de fantasmas que esperamos traiga consigo algo fructífero.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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