Final Fantasy: Sus 8 jefes más poderosos y los 7 más inútiles

Qué grandes momentos nos ha dado la saga Final Fantasy a lo largo de sus muchas entregas. Qué recuerdos de sus personajes y de los combates contra sus jefes. Recuerdos que a veces oscilan hacia lo mítico, pero otras no tanto. Es esta variedad de enfrentamientos, junto a las tramas y desarrollos de personaje, la que hace que la serie de Square Enix triunfe entre otros factores. Pero hay que admitir que a veces hay cal, y otras arena.

A lo largo de la saga han habido adversarios extremadamente poderosos que nos han brindado épicos enfrentamientos, los cuales nos han hecho estallar de júbilo ante la euforia de la victoria. Y, así mismo, ha habido enfrentamientos que a veces han rozado el sinsentido, pareciendo más un relleno que otra cosa.

Screen Rant ha decidido lanzarse al ruedo y confeccionar una lista de los 8 jefes más poderosos de la serie Final Fantasy, pero también de 7 de los más inútiles, entendiendo como inútil o bien al personaje por facilón o bien la lucha en sí por no llevar a ninguna parte. Y aclaramos esto porque ya te prevenimos que uno de los incluidos en esta segunda categoría va a levantar muchas ampollas y hacer que te lleves las manos a la cabeza. Vamos allá:

– Poderosos:

Lich (Final Fantasy): No es precisamente el más fuerte, pero te las verás con él en dos encarnaciones, a cual más poderosa.  

Gigante de Hierro (Final Fantasy III): Un enemigo incluido en el remake de Final Fantasy III y que trae consigo 200.000 puntos de vida y 4 ataques por turno.

Emperador del Infierno (Final Fantasy II): El enemigo final de la segunda entrega de la saga se cura tras cada ataque y además infringe adversos efectos en tu grupo.

Angra Mainyu (Final Fantasy X-2): Un jefe que está oculto, sellado por el bien de la humanidad, y es que su capacidad destructiva es desmesurada.

Ultimecia (Final Fantasy VIII): El último enemigo de Final Fantasy VIII es tan poderoso como cabe esperar y más, pero hay que combatir un total de 6 veces y de ellas 4 al final del juego.

Barthandelus (Final Fantasy XIII): Tres veces luchas con este enemigo a lo largo de la historia del juego, y cada vez vuelve más poderoso.

Yiazmat (Final Fantasy XII): Un monstruo opcional para el que hay que hacer un huequecito en los planes, porque derrotarlo lleva una hora de tiempo.

Virtud Absoluta / Pandemonium Warden (Final Fantasy XI): Los superjefes por definición. Square Enix proclamó en su día que los jugadores del MMO tardarían 18 horas en derrotar a Virtud Absoluta. En grupo, claro. Pandemonium Warden sigue el mismo esquema, pero al menos la desarrolladora hizo que se contuviera un poco con los jugadores.

– Inútiles:

Ardyn (Final Fantasy XV): Aunque tienes que luchar a solas con él, tampoco es que te haga sudar demasiado. Igual si tuviera una transformación…

Yu Yevon (Final Fantasy XV): De un jefe final se pueden esperar muchas cosas. Que sea vulnerable a su propio ataque principal, la verdad es que no.

Necron (Final Fantasy IX): Es una lástima que con lo buen juego que es Final Fantasy IX tenga un jefe final que no está a la altura. No porque no sea difícil, que lo es, sino porque hay otros jefes más poderosos en el mismo juego.

Muro Demoníaco (Final Fantasy IV): Dejando aparte que hay un límite de tiempo para derrotarlo, se trata de luchar contra un muro. No hay mucho más que decir…

Sephiroth (Final Fantasy VII): Aquí se la juega Screen Rant, pero hay que decir que el problema no es el personaje, ni tampoco la lucha contra él. El problema es que el combate es contra una representación suya en una zona espiritual y por necesidades del guión es imposible perder.

Tren Fantasma (Final Fantasy VI): Desde luego, no seremos nosotros quienes nos planteamos combatir frente a un tren. Pero si hablamos de un tren no muerto, ergo, al que los conjuros y objetos curativos dañan, la cosa empieza a parecer ridícula.

Mímico Gogo (Final Fantasy V): Gogo tiene el potencial para ser uno de los jefes más duros del juego por sus habilidades mímicas, y de hecho hace falta estrategia y suerte para poder con él. Lo irónico es que lo mejor contra Gogo es la resistencia pasiva: si no haces nada, se acaba yendo.

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