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Crítica Deadpool: ¡Ya la hemos visto!

Marvel, a lo largo de los años, ha creado uno de los universos más extensos y completos que se pueden ver en la ficción actual. Toda clase de superhéroes, supervillanos y personajes inimaginables se ven las caras en incontables cómics, y hace unos años, también en la cinematografía. En este aspecto, la compañía ha creado una imagen muy marcada, con películas destinadas al gran público y grandes héroes sin claroscuros muy remarcados entre el bien y el mal.

O al menos era así hasta que llegó Deadpool. Este personaje, incalificable tanto de superhéroe como de supervillano, ha dado el pistoletazo de salida al cine superheroico en este año 2016, un año muy competitivo en este aspecto. Y no ha hecho sino establecer un listón muy alto, al menos a primera vista. Como pasaremos a analizar en un momento. Como premisa, dejemos claro que no hay ninguna película de Marvel que se acerque a lo que se ha conseguido con Deadpool, veamos por qué.

La historia nos pone en la piel de Wade Wilson, un mercenario que es diagnosticado con un cáncer terminal en fases finales. La única opción viable para este histriónico personaje es someterse a una serie de experimentos que, en teoría, le curarán y le dotarán de superpoderes. El resto es historia, y el ahora rebautizado como "Deadpool" deberá buscar al responsable de dichos experimentos. Esta es la base argumental de esta película, la ópera prima de Tim Miller, y que resulta ni más ni menos que el soplo de aire fresco que tantísimo necesitaba Marvel en la gran pantalla.

De hecho, Deadpool es una gran bofetada en la cara al cine de superhéroes, pues en su discurso guarda todo un arsenal de bromas destinadas a no romper, si no desintegrar la cuarta pared, en un intento muy exitoso de divertir al espectador, que no puede hacer otra cosa que reír a carcajada limpia plano tras plano. Y es en este aspecto donde más luce esta cinta, porque nos permite olvidarnos de todas las bromas de buen gusto de Iron Man o de los discursos del Capitán América mientras vemos a un personaje bromear mientras asesina de la manera más brutal posible a sus enemigos.

Pero, en el momento en el que nos acostumbramos a las palabrotas, la música encantadoramente a destiempo, y la no tan excesiva violencia, Deadpool se convierte en su peor enemiga: una película de superhéroes. Y es que no tardaremos mucho en darnos cuenta de los tópicos que pueblan sus 106 minutos de metraje, por mucho que se introduzca una calificación para mayores de 18 años de por medio. El héroe que no quiere serlo, la chica, el malo malísimo, los secundarios (serios o cómicos), todo lo que ya hemos visto antes, lo podemos ir tachando según comienza la segunda mitad de la película, una vez termina su introducción.

Quizá se trate del típico problema en el que los guionistas ponen toda la carne en el asador desde el minuto uno, y el espectador termina tan sumamente agotado que no es capaz ni de sonreír si la siguiente broma no alcanza el nivel de la anterior, pero da la sensación de que al ver Deadpool tenemos frente a nosotros dos películas: una comedia negra de acción que destroza estupendamente el género de superhéroes desde fuera y dentro de la trama, y otra que bebe de todos sus tópicos para ofrecer un entretenimiento demasiado visto por parte de Marvel, pero que sigue manteniendo esa chispa de picante que aporta el Mercenario Bocazas.

Esto no hace de Deadpool una mala película, ni una de la que se sale asegurando que “bueno, es entretenida”, porque dentro de sus bromas de mal gusto y su chimichanga, contiene un fuerte mensaje de protesta de un universo de cómics que ha sido maltratado, particularmente en los que respecta a este personaje, como el propio Ryan Reynolds no hace más que recordarnos respecto a su presencia en X-Men Orígenes: Lobezno.

¿Eres fan de una Marvel más oscura y destinada al público adulto? No dudes en ir a ver Deadpool. ¿Esperas que toda la película se aleje por completo de los que ya hemos visto en películas como Los Vengadores o Capitán América? Te vas a decepcionar. Si sienta precedente, el visionado de esta esperadísima película por supuesto merece la pena, por las razones que sean, porque, qué demonios, es divertida a más no poder. Y recuerda tener paciencia hasta que acaben los créditos.

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