Interstellar: La paranoia temporal de Nolan

Dos años después de cerrar su aplaudida trilogía sobre El Caballero Oscuro, Christopher Nolan vuelve al cine con una historia muy interesante. Ofrece una aventura que nos proporcionará pocas respuestas y muchas preguntas que aflorarán en la mente del espectador y que avivará intensos debates entre aquellos que ya la hayan visto. Esto es debido a que Nolan no es un director sencillo, sino que nos encontramos ante un cineasta que siempre busca la grandeza y la trascendencia en cada plano, cada diálogo y en cada escena que rueda. El director británico conseguirá de nuevo reavivar el debate y separará aún más la línea entre sus defensores y sus detractores.

Esto último es debido a que Nolan no duda en excederse en el metraje, en la épica de su propuesta, en la forma de desarrollar una trama que puede resultar algo parsimoniosa en algunos tramos, pero que sin embargo coge demasiada carrerilla en su tramo final, con un desenlace algo precipitado si tenemos en cuenta las casi tres horas con las que se ha tomado la exposición de su relato más arriesgado, a las que no le faltarán comparaciones (ya sean odiosas o en su favor) con cintas especiales tan reputadas como 2001: Una Odisea del Espacio o Gravity.

Para plasmar Interstellar, Nolan no duda en recuperar intérpretes conocidos para él como Michael Caine o Anne Hathaway, pero la mayoría de la trama recae en los hombros de un Matthew McConaughey que sigue demostrando su talento, desperdiciado durante años bajo la losa de innumerables comedias románticas cortadas por el mismo patrón. Así pues, McConaughey encarna a Cooper, un expiloto que se ve obligado a mantener una granja para poder alimentar a su familia, puesto que en este futuro que nos dibuja Nolan la humanidad se ha visto vapuleada por la naturaleza, que se ha revelado contra el hombre y una serie de plagas y tormentas de arena y polvo destruyen incesantemente el alimento y la salud de las personas.

Debido a esto, la NASA trabaja en secreto en el proyecto Lazarus, una expedición que guiará los científicos más experimentados de la Tierra en la búsqueda de un nuevo hogar para la humanidad. A los mandos de la nave espacial estará Cooper, que deberá dejar a su familia para poder ofrecerles un futuro, una posibilidad de salvación, a riesgo de no poder verles nunca más. Así pues, bajo esta propuesta Nolan nos regala una aventura de ciencia-ficción que busca explorar aspectos como la gravedad, la relatividad y la ruptura entre el espacio y el tiempo, pero que también ahonda en temas más mundanos como la supervivencia y el amor, dos de los grandes motores por los que se rige la conducta del ser humano.



Así las cosas, Christopher Nolan nos presenta su proyecto más arriesgado, el cual se apoya en la notoriedad recogida por McConaughey gracias a sus intervenciones en True Detective y Dallas Buyers Club, pero también en la grandilocuencia de su propuesta, además de en ese sello Nolan que ya consigue domesticar a la crítica con su sola mención y aglomerar a los espectadores en los cines para ver la última propuesta del realizador británico de 44 años. Junto a esto, el nuevo trabajo del director de Memento se confirma como su largometraje más largo, con unos 169 minutos que superan la marca lograda con El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace y que denotan una cinta trabajada, cuidada hasta el mínimo segundo, pero que puede resultar demasiado excesiva para algunos espectadores.

A pesar de la gran cantidad de metraje (incluso después de más de un corte poco 'limpio' en el montaje), Interstellar nos ofrece una épica aventura espacial, que buceará en las paradojas espacio-temporales y que proporcionará más preguntas que respuestas, lo que propiciará no sólo un aguerrido debate entre los espectadores, sino también la necesidad imperiosa de volver a visionarla con el objetivo de descubrir todas sus capas, indagar en todos los diálogos y detalles científicos y filosóficos adheridos a una trama atrevida y muy entretenida, pero alejada del producto de consumo fácil.

Finalmente, Nolan demuestra que no necesita a superhéroes para reforzar la épica en sus escenas de acción y drama, pero también reitera sus ganas de grandilocuencia, de su inherente actitud pretenciosa de remarcar cada plano, cada diálogo y cada secuencia. Junto a esto, tenemos un final discutible con el que debatir con los amigos que ya la hayan visionado.

En definitiva, Interstellar es Nolan en estado puro, para bien o para mal, por lo que le catapultará entre sus defensores y ofrecerá las piezas suficientes para que le intenten hundir sus detractores. Pero definitivamente Nolan no engaña nadie, hace la película que quiere y marca su estilo de principio a fin, eso sí, bañada bajo la elegante banda sonora de Hans Zimmer.

Eduardo Quintana

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