Jefes de videojuegos que morían sin que les tocaras

Jefes de videojuegos que morían sin que les tocaras

Atención, este artículo contiene SPOILERS de varios videojuegos.

Los jefes de videojuegos han existido desde que el ocio electrónico diera comienzo con el fin de ofrecernos un desafío superior al que nos habían propuesto los enemigos básicos hasta ese momento en la aventura. Algunos son gigantescos, otros muy veloces y otros sencillamente son tan resistentes que debemos invertir muchos minutos en acabar con ellos. Sin embargo, otros jefes mueren sin que debamos hacer nada.

De ello es precisamente de lo que queremos hablarte hoy, pues lo que encontrarás a continuación tras este texto introductorio es una selección de jefes de videojuegos que morían sin que tuviéramos que hacer nada especial. De hecho, algunos de ellos morían en cinemáticas o alejados de la presencia del protagonista del videojuego. Sin más dilación te dejamos con nuestras propuestas y te invitamos a que nos comentes las tuyas.

Román (Uncharted: El tesoro de Drake)

El primer Uncharted ha sido olvidado por muchos, pero tenía una sorpresa de lo más interesante. Durante todo el juego se nos había presentado a Román como el gran villano, pero cuando el final se acercaba Román moría en una cinemática abriendo la estatua de El Dorado y su secuaz Navarro se convertía en el principal escollo para que Drake, Elena y Sully pudieran recuperar la estatua maldita antes de provocar el caos.

Comstock (BioShock Infinite)

El brillante BioShock Infinite nos presentó a personajes inolvidables como Elizabeth o Booker, pero también a un genial villano como Comstock. Teníamos ganas de enfrentarnos a él, pero al final todo se resolvía en una cinemática en la que DeWitt perdía los nervios y acababa ahogando al viejo en una pila bautismal. No tuvimos el honor de combatir a Comstock en una pelea justa y épica.

El Maestro (Fallout)

El cerebro detrás de todos los males del primer Fallout era conocido como El Maestro y existía una forma de derrotarle sin necesidad de combatirle. Hablando con Morfeo podíamos llegar hasta El Maestro con la oportunidad de convencerle de que su plan de infestarlo todo de supermutantes era una locura. Si lo lográbamos El Maestro acabaría autodestruyéndose a sí mismo y muriendo sin que tuviéramos que tocarle.

Konrad (Spec Ops: The Line)

El caso de Konrad es uno de los más curiosos. Walker y el equipo Delta habían aterrizado en Dubái con la intención de detener a este supuesto traidor. Nuestro protagonista llegaba al final de la aventura muy tocado por todo lo que había tenido que vivir y cargar a sus espaldas, pero al final se daba cuenta de que Konrad no era una amenaza, pues se había suicidado incluso antes de que él hubiera llegado al país.

Chris Walker (Outlast)

Aunque durante gran parte del videojuego de Red Barrels parece que Chris Walker va a ser el enemigo principal, lo cierto es que tan solo tiene un par de breves apariciones y acaba muriendo a manos del Walrider, el verdadero final boss. No debemos hacer nada, pues Walker perece ante el Walrider cuando intentaba dañarnos a nosotros. No diremos que nos dé pena, pues nos hizo pasar momentos de lo más angustiosos y terroríficos.

Fortune (Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty)

En la segunda entrega numerada de la saga Metal Gear Solid encontrábamos villanos de lo más particulares. Uno de ellos era Fortune, una extraña mujer a la que las balas no le afectaban. Finalmente se descubría que ello era gracias a un dispositivo que los Patriots le habían colocado, por lo que una vez desactivado por un Ocelot controlado por Liquid Snake un disparo en el costado le hizo desangrarse hasta morir.

Harry “Zhi” Wong (Dead Rising 3)

En la tercera entrega de Dead Rising teníamos que derrotar a siete psicópatas. Cada uno de ellos representaba un pecado capital y el que hoy tenemos entre manos es Harry “Zhi” Wong, el de la ira. En su cinemática de presentación nos contaba que su mujer le había dejado por un vendedor de neveras, de modo que el hombre se corta la cabeza a sí mismo sin que tengamos que hacer absolutamente nada para derrotarle.

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