Jefes de videojuegos que nadie quería matar

Cuando nos topamos con un jefe, con un enemigo final, nuestro instinto nos dicta que hemos de ir a por él y acabar con su vida. El juego también ayuda e incluso nos obliga, sobre todo por motivos argumentales. Pero, a veces, cada golpe que le damos nos duele más a nosotros que a él. Nos cuesta porque, simplemente, nos damos cuenta de que en realidad no queremos acabar con él.

No es algo que suela pasar, porque la dualidad bien-mal es algo que impera en la mayoría de videojuegos, pero ocurre, y cuando lo hace se nos queda completamente marcado en la memoria. Hay títulos que coquetean con esto, plantándote frente a frente con un rival que sabes que en el fondo no se merece lo que va a pasar, pero aún así tenemos que seguir porque, efectivamente, debemos avanzar para acabar con la historia.

Hoy vamos a hablaros de varios jefes de videojuegos que nadie quería matar. Enemigos que, aunque nos hicieran la vida imposible, puede que incluso lo hicieran por nuestro bien o que ni siquiera ellos quisieran pelear. A veces los desarrolladores y guionistas pueden ser muy crueles, y estos combates son la clara prueba de ello.

 

Colosos – Shadow of the Colossus

Cuando comienzas a moverte en la piel de Wander, no dudas en ir a aniquilar al primer Coloso para devolver a Mono a la vida. Acabas con él y te lanzas a por el segundo, y así sucesivamente. Sin embargo, con el paso de las horas te das cuenta de que esas criaturas están ahí, viviendo con total tranquilidad y sin realizar daño alguno y que eres tú la amenaza que está entrando a aniquilarlas. Se podría decir incluso que las estás extinguiendo.

 

Steve Burnside – Resident Evil Code: Veronica

Antes humano, ahora convertido en criatura. El combate con la mutación de Steve Burnside es uno de esos que te duele a cada paso que das. El personaje hace lo posible por ayudarte, a pesar de formar parte de un cuerpo que quiere acabar contigo. Su muerte es uno de los momentos más tristes y duros de los videojuegos.

 

The Boss – Metal Gear Solid 3: Snake Eater

Cuesta horrores, pero el combate final de Metal Gear Solid 3 es uno de los que queda para el recuerdo, y su desenlace aún más. The Boss, que aparece como una desertora y traidora a Estados Unidos, es la última en plantarte cara en el juego, con una pelea que transcurre en un campo de flores y en la que, finalmente, se te obliga a dispararle con tus propias manos para matarla. Todo lo que sucede después, si ya odiabas tener que hacer lo que habías hecho, hace que odies a todos los demás.

 

Sif, el Gran Lobo Gris – Dark Souls

Sif, el Gran Lobo Gris, se encuentra protegniendo la tumba de Artorias en el Jardín Tenebroso para que nadie siga el mismo destino que el caballero, su anterior amo. El jugador puede salvarlo en un momento determinado de la partida si juega a la expansión y, de ser así, cuando llegue el fatídico momento de luchar contra él, se activará una secuencia en la que se ve cómo lo huele y lo reconoce, gimiendo con tristeza antes de que el protagonista esté a punto de acariciarlo. Enternecedor, y cruel.

 

Jen – Prey

El caso de Jen es similar al de Steve Burnside. La joven se convierte en la única preocupación del protagonista de Prey, Tommy Tawodi, de la que es pareja. Uno de los momentos más duros del juego es ver que está dentro de una cabina y que están experimentando con ella para fusionar su cuerpo con el de un monstruo alienígena. Efectivamente, debes combatir contra ella y acabar con su vida para poder avanzar, por más que te pese.

 

Wheatley – Portal 2

En el fondo, y a pesar de que hubiera perdido la cabeza y te lo pusiera más difícil que nunca, sabías que Wheatley era un simple pardillo con delirios de grandeza. Tanto tiempo acompañándote y demostrando su ingenuidad hacían que, al final, sintieras incluso lástima por mandarlo a la Luna. Aún así, y a tantísimos kilómetros de Chell y la Tierra, seguía resultando gracioso.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
Cerrar