Just Cause: Repaso a la saga más salvaje

El año 2015 está cerca de llegar a su fin y nos está dejando una ristra de videojuegos muy a tener en cuenta que pondrán las cosas muy difíciles a quienes tengan que decidir cuál es el mejor juego de toda la temporada. Pero a falta de tan solo un mes para concluir el año, no está todo el pescado vendido, y es que Rico Rodríguez está de vuelta y aún no ha dicho la última palabra.

Así es. Puede que la gran concentración de videojuegos lanzados entre octubre y noviembre haya dejado a Just Cause 3 en un segundo plano, pero la nueva aventura de Avalanche Studios (encargada del exitoso Mad Max, lanzado este mismo año) promete lo que siempre ha ofrecido pero elevado a la máxima potencia: salvajismo, tiroteos pero, sobre todo, muchísima variedad y libertad de acción.

Esta es la premisa que define a Just Cause desde que se lanzara su primera entrega en el año 2006 para PlayStation 2, Xbox, Xbox 360 y PC. En ella nos poníamos por primera vez en la piel del carismático e inolvidable Rico Rodríguez, un agente de la CIA enviado a la ficticia isla tropical sudamericana de San Esperito, donde debíamos derrocar al malvado dictador del territorio, pues podría tener en su poder armas de destrucción masiva.

Ya en aquella primera parte Avalanche nos daba la oportunidad de hacer nuestra la tierra, sobrevolar la isla y surcar los mares. Algo que se ha mantenido como una seña de identidad de la franquicia, en la que prima por encima de todo la libertad de acción y elección. En este sentido, Just Cause siempre ha destacado por su ingente número de misiones: podemos desentendernos durante horas y horas de la trama principal y embarcarnos en cientos de tareas secundarias o simplemente podemos centrarnos en disfrutar de la exploración de los bellos parajes.

El salto de generación llegó y lo hizo con Just Cause 2, que aterrizó definitivamente en marzo de 2010 logrando unas críticas más que buenas. ¿Las razones? Las mismas que hicieron de su primera parte un éxito pero llevándolas al extremo. Nos referimos a uno de los mapas más grandes jamás vistos en un sandbox hasta el momento de su estreno. El archipiélago de Panau era el escenario elegido, nuevamente ficticio. En esta ocasión teníamos a nuestros pies un territorio de 1.000 kilómetros cuadrados para explorar a nuestro antojo. Por tierra, mar y aire, claro está.

En Just Cause 2 nuestra misión encarnando a Rico Rodríguez era viajar hasta Panau para eliminar a un agente disidente de la CIA. La secuela del título desarrollado por la sueca Avalanche también hacía gala de un gran elenco de personajes secundarios, como Razak Razman, Sri Sawan o la bella Bolo Santosi, la cual parecía sentir algo por Rico, aunque nunca se llegó a concretar. La inclusión del paracaídas fue un elemento clave en Just Cause 2, pues nos permitía lanzarnos desde vehículos aéreos o montañas y recorrer rápidamente grandes distancias. Asimismo, el gancho, otro de los nuevos ítems, era capaz de hacernos ascender metros y metros de un plumazo. Con estos dos añadidos Just Cause ganaba en dinamismo y su sensación de salvajismo y locura llegaban hasta límites insospechados.

Y, al fin, llega Just Cause 3. El regreso de Rico, ahora en la nueva generación de consolas (PlayStation 4, Xbox One y PC), promete más de lo mismo pero, nuevamente, elevando las cotas de calidad y bestialidad. Explosiones, velocidad, desenfado y mucho más nos esperan en la República de Medici, en pleno mar Mediterráneo, donde Rico deberá enfrentarse a un dictador, el general Di Ravello, como ya hiciera en la primera de las entregas de la saga.

De lo que no cabe duda es que Just Cause 3 ha conseguido diferenciarse en el copado género sandbox y los juegos de acción y aventura. Estamos acostumbrados a recorrer gigantescos mundos fielmente recreados, pero Avalanche es de los pocos estudios que nos da la posibilidad de hacerlo por tierra, mar y aire, la verdadera seña de identidad de Just Cause. Ahora podemos hacerlo, además, con una gama de vehículos que roza lo excesivo: motos, coches, camiones, helicópteros, aviones, lanchas, motos acuáticas, barcos y todo tipo de medio de movimiento que seas capaz de imaginar.

A fin de ampliar las posibilidades jugables y destructivas, Just Cause 3 tiene un añadido que promete hacer las delicias de todos los seguidores de la saga. Se trata del gancho doble, una herramienta que nos permite atrapar dos cosas diferentes y hacerlas chocar con la correspondiente explosión después. Imaginemos que hay un tipo tocándonos las narices en mitad de la calle y un helicóptero nos está machacando desde arriba. ¿Solución? Los enganchamos a los dos y hacemos reventar el pájaro sobre la cabeza del susodicho. Fácil y sencillo. Y muy divertido.

Eso es, a grandes rasgos, lo que ha definido durante su corta existencia a Just Cause. La diversión. No encontraremos aquí la profundidad argumental de la que hacen gala otras producciones, ni el poderío gráfico con el que nos deleitan otros títulos. Just Cause es explosivo y salvaje a rabiar y conseguirá entretenernos durante decenas de horas gracias a su absurdamente grande mapeado y a su ingente cantidad de misiones y tareas que cumplimentar. Eres Rico Rodríguez y tú decides qué quieres hacer y cómo lo quieres hacer. Just Cause 3 ya está aquí.

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