La canción que Metal Gear Solid robó a un compositor ruso

Cuando piensas en la saga Metal Gear Solid, además de venir automáticamente a tu cabeza la imagen de Solid Snake o de Big Boss, tus oídos empiezan a llenarse con esa melodía tan propia y característica. Si eres de los que ha jugado a toda la saga, de los que usan botes de kétchup para fingir muertes o cajas para esconderte frente a las narices de cualquiera, seguramente sabrás que en Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots, la canción insignia no apareció por ninguna parte. ¿Por qué?

La culpa, ni más ni menos, la tuvo el compositor ruso Georgy Vasilevich Sviridov, quien, si bien parece tener el nombre de un personaje sacado de la propia franquicia, está mucho más vinculado a ella de lo que jamás habría imaginado, aunque señalarlo a él solo no sería justo. Hay que mencionar a la otra parte que también tiene gran parte de culpa, por no decir toda: Tappi Iwase. Este japonés, a quien Hideo Kojima pidió que compusiera la pieza clave para su franquicia, decidió optar por el camino más fácil.

Y cuando hablamos del camino más fácil en terreno musical no hablamos de autotune, sino de plagio. Iwase, ni corto ni perezoso, decidió hacer su composición tomando prestadas ciertas licencias de una de las obras de Sviridov. No le salió nada mal, ya que el tema principal de Metal Gear Solid es algo que aún a día de hoy sigue sonando y resonando en la memoria de los fans o de los que juegan a videojuegos en general; pero para Kojima no fue plato de buen gusto toparse con la realidad en una entrevista.

Porque fue así, el padre de Metal Gear descubrió la sorpresa de su amigo Iwase gracias a unos periodistas que se animaron a hacerle escuchar una composición musical. Os podéis imaginar cómo reaccionó el creativo nipón en el momento en el que empezaron a sonar los primeros acordes de la obra rusa, o quizá no.

Una risa nerviosa, preguntas por el nombre de la composición y un vistazo a la carátula del disco mientras las notas escritas por Vasilevich Sviridov sonaban. La música engendrada en 1974 para acompañar a los versos de Metel, escritos por Pushkin tenía y tiene una similitud innegable con la canción que se convirtió en la insignia de Metal Gear Solid 2. Una realidad que salía a la luz en la previa al lanzamiento de Metal Gear Solid 4.

Hasta el momento, la canción principal de MGS apareció en varios tráilers del primer juego, además de como parte de los créditos para aquellos que lo completaran tres veces seguidas. En el segundo, además de en el material promocional, se desplegó por completo en la secuencia de introducción y se estableció como el leit motiv usado en otras tantas canciones de su banda sonora. En el tercero, aunque la banda sonora partía de otro tema principal y sus arreglos buscaban un estilo mucho más diferente, volvía a aparecer en cierta parte de la composición principal, además de en los créditos.

Pero, a partir de ahí, dejó de hacer acto de presencia. En el cuarto título principal de la franquicia, donde se esperaba el retorno triunfal de esta icónica melodía, no hubo ni rastro de ella. El motivo no es otro más que la decisión de Kojima de prescindir por completo de esta composición tras sufrir esa incómoda situación en una entrevista que os dejaremos a continuación para que veáis la escena. Terminó de confiar en el binomio Harry Gregson-Williams y Nobuko Toda para su música, deshaciendo todo rastro posible de Tappi.

Los casos de plagios musicales son algo mucho más frecuente de lo que parece, a pesar de lo escandalosos que son aquellos que ven la luz. El de Metal Gear, Tappi Iwase y Georgy Vasilevich Sviridov parece la muestra más clara del oportunismo y el intento de aprovechar algo no contemporáneo, mezclado con la mala decisión de escoger a alguien que sí fue famoso en su país de origen. Al menos sabemos que, para Death Stranding, Kojima tendrá claro que hay que revisar muy bien las canciones que suenan.

 

 

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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