La odisea de comprar una Nintendo Entertainment System en su lanzamiento en Estados Unidos

Caramba, visto con los ojos de treinta años en el futuro, es como si todo el mundo, o todo el mundo que se preciara, hubiese tenido la Nintendo Entertaintment System, nuestra querida NES, en su salón en un momento dado. Quizá no en España, pero en Estados Unidos la popularidad de la consola fue tremebunda. Por ello es increíble pensar que, realmente, en el supuesto año de lanzamiento de la máquina de Nintendo en el país de las barras y estrellas era misión de audaces hacerse con una. Y es que en lugar de estanterías repletas de flamantes NES esperando a ser compradas en las principales cadenas comerciales, había una gran nada en aquel 1985. Solo en contadas ciudades del país se podía conseguir la NES. 

La limitadísima cantidad de consolas NES que llegó a Estados Unidos como punta de lanza de ese desembarco progresivo fue consecuencia de los eventos de 1983, el año en el que se vivió el crack del videojuego. Los comerciantes no sabían si la industria de los juegos por computador estaba ya muerta y enterrada o si resurgiría de sus cenizas cual ave fénix, de modo que a ver quién era el guapo que se arriesgaba con ese producto japonés, más en un mercado tan marcadamente cerrado en lo tecnológico como es el norteamericano. Podríamos decir que las primeras NES vendidas en Estados Unidos fueron el equivalente a meter el pie en el agua para ver cómo de fría está antes de zambullirse. No en vano se les llamaba "sets de prueba".



Como curioso testimonio de esa época, los foros de Nintendo Age muestran por medio del usuario Frank Cifaldi estas imágenes con los documentos informativos que la propia Nintendo remitía a comienzos y mediados de 1986 a cualquiera que les escribiera interesándose por la consola. La compañía detallaba los primeros cartuchos que se podían encontrar para la consola (una primera hornada en la que figuraba Super Mario Bros.) y remitía a un distribuidor con servicio de envío por correo, con sedes en Chicago, Nueva York y Costa Mesa, California, en el casi certero caso de que en la ciudad de residencia del interesado no se pudiera adquirir la máquina. Ahora ya sabemos que la historia dió un buen vuelco, pero esta documentación es todo un tesoro de tiempos que cualquiera diría que no han existido…

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