La primera consola en incluir DLC pertenece a SEGA

A lo largo de la historia de la industria del videojuego, hemos sido testigos de una cantidad de avances que son prácticamente imposibles de enumerar, aunque hay varios que seguramente resuenen en nuestra cabeza a la hora de pensar en cambios. El salto del 2D al 3D, la masificación del juego online, el fenómeno battle royale del que estamos siendo testigos y partícipes actualmente o, por qué no, la inclusión de los contenidos descargables de pago, los DLC.

Todos sabemos que estos elementos fueron algo que se extendió a un ritmo vertiginoso con la llegada de la séptima generación; pero su concepción y establecimiento fue algo que surgió en el terreno de las consolas algo antes. La sexta generación fue la auténtica época en la que el concepto del DLC apareció tal y como lo conocemos, y su responsable no fue otra más que SEGA. La compañía del erizo azul, que se lanzó al terreno de los 128 bits con Dreamcast, remarcó con especial ímpetu la posibilidad de esta plataforma de conectarse a internet sin necesidad de periféricos ni añadidos. Había quienes lo habían intentado antes por otros métodos más ortodoxos, pero la consola que trajo, entre otras cosas, a Shenmue, fue la primera que se atrevió a meter la zarpa de lleno en el mundo de las tres uves dobles con un soporte nativo.

De hecho, en sus campañas publicitarias, esta conexión a internet siempre aparecía como uno de sus aspectos más destacables. ¿Y en qué se acabó traduciendo? Puede que a la consola de SEGA no le fuera demasiado bien, y que supusiera la despedida de la compañía de este sector de mercado; pero fue pionera en numerosos aspectos, y uno de ellos fue la introducción de las compras online para hacerse con contenidos descargables para sus juegos. Fue la primera videoconsola en ofrecer este soporte como algo plenamente integrado en la plataforma.

Era una idea revolucionaria y que, en los tiempos que corren, habría supuesto (de no haberse lanzado antes) un total cambio de paradigma como el que vimos cuando empezaron a aparecer estos contenidos descargables en la época de Xbox 360 y PlayStation 3. Sin embargo, la tecnología no estaba lo suficientemente perfilada como para ofrecer una experiencia de uso adecuada para el consumidor a la hora no solo de moverse por el terreno digital, sino también de realizar cualquier descarga. 

El jugador se encontraba con unos considerables límites de tamaño en cuanto a los contenidos disponibles. Si quería descargar un minijuego de disparos Rayman 2, cambiar la hora del día en Crazy Taxi 2, hacerse con trajes de Navidad o Halloween en Sonic Adventure 2 o tener personajes «chetados» en Street Fighter Alpha 3, tenía que esperar una gran cantidad de tiempo. Las conexiones de la época no eran de lo mejor y, aunque se trataban de paliar las esperas con tamaños de archivos muy pequeños, el poco espacio de almacenamiento de las tarjetas de memoria de Dreamcast tampoco ayudaba mucho.

Para los desarrolladores también era una complicación. Las novedades que querían implementar debían limitarse muchísimo para poder moverse en este ecosistema tan restringido. La solución a la que llegaron fue lanzar contenidos que tuvieran que ocupar poco, y para eso no hay nada como cambiar colores o meter, como ya hemos citado, trajes o apariencias distintas. 

Todo este cóctel de necesidades y circunstancias con Dreamcast fue lo que llevó a conformar el concepto del DLC que todos conocemos actualmente. Si la consola hubiera contado con una mayor capacidad para almacenar información y las conexiones a internet hubieran sido mejores, probablemente habríamos visto más experimentos, aunque no nos cabe duda alguna de que las ropas y las skins alternativas habrían formado parte también de los descargables.

SEGA pegó el primer golpe de efecto en un terreno que es, ahora, un estándar. Desafortunadamente, la consola que logró hacerlo no llegó a gozar de la mejor de las saludes y, aunque cuenta con juegos que han marcado historia, acabó retirándose de la carrera con menos tiempo del que debería.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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